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sábado, 13 de marzo de 2010

6-LA REVELACIÓN DEL SOL


Los mayas encontraron que la realidad se ajusta a un Orden Supremo

El profundo estudio que los mayas hicieron del Sol les permitió develar la existencia de un Orden Sagrado, un orden causal inherente a la realidad en la que existimos. Esta comprensión es su más importante legado, más aún para el hombre actual, para el que nada es sagrado, para quien lo único que existe es la materia que puede ver y tocar. Los mayas encontraron que ese orden controla el comportamiento de la naturaleza, la manera secuencial como se manifiestan las fuerzas elementales; la luz y el calor, el viento y el agua. Todos los fenómenos naturales que le dan continuidad a la vida, se ajustan a ese Orden Supremo; los eventos que determinan la manifestación del instante inmediato, los acontecimientos cíclicos a los que se acostumbra nuestra mente, aquellos que nos permiten esperar sin angustias las transformaciones dinámicas del Universo.

También los eventos súbitos generados por la naturaleza –Eventos de Destino inesperados– que cambian la vida del individuo y de la colectividad, forman parte de este Orden. Las tempestades, los tornados, los huracanes, los terremotos y las erupciones volcánicas –eventos aparentemente caóticos– también forman parte de este orden; sólo que –por su complejidad– pertenecen a una escala mayor, por lo tanto más difícil de percibir. Este Orden causal genera cambios inesperados y transformaciones en la realidad física, para potenciar cambios en la mente e impulsar la evolución del espíritu y de la consciencia del hombre.

El hombre actual –convencido de su autosuficiencia por la gran capacidad de manipulación y control que ha adquirido sobre la naturaleza– cree en cambio que la vida y la consciencia son el resultado de un accidente; que el Universo es un mecanismo sin propósito y sin destino; que sólo él –y por casualidad– tiene consciencia e inteligencia. La naturaleza es vista sólo como un recurso material; minerales para explotar, animales para comer, agua para generar electricidad o para irrigar los cultivos necesarios para sobrevivir. No son parte de una unidad fundamental, de un todo coherente y consciente que trabaja con nosotros para potenciar la evolución colectiva. Esta visión arrogante se ensombrece aún más con la concepción de que el momento actual es superior a todo momento pasado y que la naturaleza sólo existe para satisfacer nuestro egoísmo. Esta arrogancia ha empobrecido espiritualmente nuestra sociedad; nos tiene consumidos en una existencia angustiada, sin propósitos claros, y ha generado la crisis ecológica que experimentamos.

Los mayas creían que este orden invisible –que sólo puede ser visto a través de la inteligencia de la razón o con la sensibilidad de la intuición– es el sustento, la base que fundamenta nuestro libre albedrío. Existe para que experimentemos en carne propia y secuencialmente esos eventos, para que al decidir cómo actuar ante ellos, obtengamos resultados en nuestra vida. Si analizamos cuidadosamente qué tipo de resultados generan nuestras decisiones, obtenemos comprensión sobre ese mismo orden y la sabiduría necesaria para generar armonía y mantener nuestra paz interior. No creían que el hombre debía actuar como un títere, ciñéndose a un libreto escrito por un ser superior, sobre el cual no tenemos ninguna responsabilidad. El orden no presupone un determinismo rígido; existe para permitirnos manifestar libremente nuestra esencia, para dar lugar a una eterna manifestación de diversidad e individualidad. Curiosamente este pensamiento coincide con las conclusiones de la Física Cuántica, en las que aquello que va a suceder no se puede determinar exactamente, sólo podemos conocer sus probabilidades de manifestación. Las decisiones de la consciencia colectiva determinan lo que sucede en el instante siguiente, pero siempre pueden sobrevenir sorpresas en el último momento. Para los mayas esto sucede porque El Todo responde al consenso. El ser supremo que entre todos conformamos –esa portentosa inteligencia que tiene un infinito poder y una absoluta sabiduría– pliega su voluntad y tan sólo observa desde la neutralidad de su amor. Tolera y respeta nuestras decisiones y las experiencias que éstas nos producen, mientras vamos aprendiendo a ajustar nuestro albedrío a un orden que garantiza nuestra evolución y nos conduce a la felicidad.

Los astrónomos mayas utilizaron diversos instrumentos para registrar, medir, comparar, verificar y comprender los movimientos del Sol; para cuantificar la cantidad de energía que irradia, para develar el orden del cual es parte y principal generador. Un orden trascendente que esperaba ser descubierto y admirado por la inteligencia del hombre. Los suyos eran instrumentos solares que podríamos llamar de alta tecnología, pero muy sencillos e ingeniosos, gracias a los cuales lograron esa fascinante exactitud en sus calendarios. Instrumentos que eran utilizados en secreto por los Ahaw Kin Oob –sacerdotes dedicados a la astronomía y a las matemáticas– para obtener un conocimiento hermético del cual se derivaba gran parte de su poder.

EL GNOMON, UN SENCILLO INSTRUMENTO CON EL QUE ENCONTRARON LA ORIENTACIÓN DEL ESPACIO SAGRADO

El primero de sus instrumentos fue el gnomón. Se trataba de una estaca o de una vara larga cuya sombra iba formando un mandala sagrado. Un círculo con radios graduados y ajustados a los movimientos del Sol en el cielo durante todo el año. Las marcas establecidas eran usadas posteriormente para medir el transcurso del intervalo de luz de cada día y para orientar de manera muy precisa su arquitectura. Al salir el Sol, la larga vara proyectaba una sombra que cruzaba el círculo a su alrededor en un punto. Lo mismo ocurría al atardecer, momentos antes de ponerse el Sol. Al trazar una recta entre esos dos puntos sobre el círculo se obtenía un eje Este-Oeste, la proyección del arco por el cual se había movido el sol en ese día. Al repetir este ejercicio todos los días del año, confirmaron la posición de las cuatro esquinas del espacio sagrado maya: los extremos izquierdo y derecho de los solsticios; el verdadero eje Este-Oeste que se marca de manera muy precisa el día de los equinoccios, que al dibujarle una perpendicular permitía encontrar el eje Norte-Sur; y con éste, los cuatro puntos cardinales con los que orientaban sus ciudades. Puntos que las relacionaban al orden cósmico, generado por el Sol en esta escala de la realidad.

De la utilización de este sencillo instrumento derivaron el primer componente del Orden Supremo en el espacio: su sagrada orientación. La asociaron a sus 4 colores sagrados –rojo, blanco, negro y amarillo– con los que crearon una secuencia ininterrumpida para comenzar a develar las características individuales de cada día. Los mayas creían que los días eran entidades conscientes, espíritus inteligentes que influían en la mente del hombre propiciando conductas individuales y colectivas. También comprobaron su influencia sobre la naturaleza, como cambios en los vientos y en las lluvias, e incrementos o disminuciones de los vórtices ascendentes de energía telúrica en los sitios de poder sobre los cuales construyeron sus templos y pirámides. Sus 4 colores sagrados representaban muchos principios de orden que actuaban simultáneamente: los 4 puntos cardinales, las 4 esquinas de un cuadrado perfecto, la cubierta del cubo poliédrico que da forma al mundo material. También representaban a los 4 tipos de energía –que llamaron los 4 K’uh’Ul Oob–, las esencias divinas que surgen del centro del Universo: lo masculino y lo femenino, lo positivo y lo negativo. Aquellas que daban lugar a los 4 grados de libertad que puede adoptar la energía al condensarse en materia: lo caliente y su opuesto lo frío, lo húmedo y su opuesto lo seco. Los que, a su vez, dan lugar a los 4 elementos de la naturaleza: el fuego y el aire, que son principios activos; el agua y la tierra, que son principios pasivos. Los mayas usaron sus 4 colores sagrados para representar todos estos conceptos que describen la intensidad y el tipo de energía que llega al espacio del hombre.





El primer color es el Rojo, que representa al Este. El amanecer, el comienzo del día, cuando la energía que impulsa todos los procesos transformadores es creciente. La primavera. La siembra. Lo seco, el fuego y la Tierra. El segundo color es el Blanco, que representa al Norte. El mediodía, el clímax, la máxima intensidad de la energía. El verano. Las flores. Lo caliente, el aire y el fuego. El tercer color es el Negro, que representa al Oeste. El atardecer, cuando cesa la energía que impulsaba todos los procesos. Los frutos. El otoño. Lo húmedo, el aire y el agua. El cuarto color es el Amarillo, que representa al Sur. La noche. Cuando el sistema entra en receso para vitalizar la semilla del siguiente ciclo. Lo frío, el agua y la tierra. De todo lo anterior surge el glifo, imagen con la cual los mayas representaron al Sol, una flor de 4 pétalos de la que salen 4 estelas de energía en dirección a la Tierra. Las llamaron Kan Xtab Ka' An, las “cuatro cuerdas del cielo”. Irradian hacia las cuatro direcciones cardinales, dando lugar a las cuatro esquinas del espacio sagrado maya.




LAS CAVERNAS, OBSERVATORIOS CENITALES QUE UTILIZARON PARA MEDIR LA DURACIÓN DEL AÑO SOLAR

El segundo instrumento fue una tecnología heredada de los olmecas. Se trata de una caverna acondicionada como observatorio para registrar y medir el paso cíclico por el cenit del Mayab. En el Solsticio de verano, el Sol sale por el punto máximo al Noreste del horizonte terrestre. Al mediodía ocupa un punto en el cenit sobre una línea imaginaria –paralela al ecuador, 23,5º más arriba– que llamamos el Trópico de Cáncer. En ese momento sus rayos caen verticalmente sobre esa línea imaginaria. Los mayas ubicaron sus ciudades entre los 15º y los 23,5º de latitud norte, por lo que podían observar el Sol al mediodía en el cenit sobre sus cabezas, cuando las sombras que produce se encuentran bajo los objetos y los pies del observador. Aprovechando esto, en algunos lugares de México y Guatemala los mayas horadaron una estrecha chimenea desde la bóveda de una caverna hasta la superficie exterior y la forraron con bloques de piedra cortada para darle una forma hexagonal de unos 25 cms de diámetro. Buscaban controlar la entrada cenital de la luz del Sol al interior de la caverna, para medir de manera precisa el tiempo que le tomaba pasar nuevamente por el mismo punto. En la boca exterior del ducto lumínico colocaron una lámina delgada de cobre con una pequeña perforación en forma de T. La hendidura permitía que un rayo muy estrecho de la luz del Sol –cuando estuviera en posición cenital directamente sobre la chimenea– iluminara una base de piedra que colocaban en el piso de la cueva. Sobre ésta marcaban la posición exacta del rayo de luz en el paso cenital del Sol y luego –año tras año– verificaban el momento en que el rayo volvía a iluminar la marca previamente hecha sobre la piedra. En la zona tropical del planeta, el Sol realiza dos pasos cenitales cada año –uno en el primer semestre y otro en el segundo–, en fechas que varían dependiendo de la latitud del lugar donde se encuentra la caverna. Los astrónomos contaron los días transcurridos entre los tres intervalos que generaban esos dos pasos cenitales del Sol en el año, cuando el rayo volvía a ocupar la misma posición sobre la marca en la base de piedra. Así lograron averiguar que la duración exacta del año solar era de 365 y un cuarto de día, exactamente 365,242203 días. Esta información aparece registrada en Palenque, en dos fechas talladas con una diferencia de 550.420 días entre sí. Cifra que guarda la correspondencia entre los 365 días del calendario que llamaban el Haab (que significa el “ciclo de las lluvias”) y el año solar. Cada 1.507 vueltas de la rueda del Haab equivalen a 1.508 años solares. (550.420/1508 = 365 y 550.420/1507 = 365,242203). Conocían entonces el intervalo exacto de la órbita de la Tierra alrededor del Sol; pero, para facilitar sus cuentas, prefirieron usar la medida del año maya de 360 días o el Haab de 365 días cuando necesitaban más precisión.

LOS ALTARES DE LASPIRÁMIDES, OBSERVATORIOS PARA REGISTRAR LOS MOVIMIENTOS DEL SOL CON PRECISIÓN

El tercer instrumento –el más maravilloso y preciso de todos con los que los sacerdotes mayas estudiaron el Sol– fue un desarrollo del principio usado en las cavernas para registrar los pasos cenitales. Construyeron los altares de sus pirámides a manera de instrumentos ópticos para el registro horizontal y secuencial de los movimientos anuales del Sol.

Esta información proviene de investigaciones y pruebas realizadas durante más de diez años en diferentes observatorios prehispánicos, por el ingeniero mexicano Jorge Alberto Báez. Sus pruebas le permitieron verificar que tanto olmecas, como mayas y aztecas utilizaron cavernas naturales y los altares de sus pirámides como instrumentos para medir de manera muy precisa los desplazamientos del Sol. Cuando nos encontramos en Colombia con el propósito de compartir información, construimos un observatorio solar en el que he podido reproducir la manera simple pero extraordinaria como los mayas registraron sus movimientos. http://kryon.com/orbs/orbs.html



El altar dividido en dos partes una pública y otra secreta y cientifica donde registraban el Analema.


El Sol al desplazar cada día su punto de salida en el horizonte, desplazaba el rayo de luz y movía el punto en el que tocaba la pared, formando el Analema.


Los Altares de las pirámides cumplían simultáneamente dos funciones, una religiosa y una científica. Construidos a considerable altura –sobre las copas de los árboles de la selva que los rodeaba–, estaban libres de obstáculos para recibir directamente los rayos del Sol. Dividieron el altar en dos espacios, ambos cubiertos por la típica bóveda maya de piedra. El primero era un espacio abierto, desde donde el Sumo sacerdote se dirigía al pueblo y a través del cual accedían al segundo espacio, un salón cerrado al cual sólo los astrónomos encargados de su funcionamiento, el Sumo sacerdote o el Rey podían entrar. La pared que separaba los dos espacios se orientaba hacia el Este. Casi siempre tenía una figura sagrada tallada en piedra y una puerta profusamente tallada en madera y adornada con un precioso dintel, que ocultaba el propósito científico de la cámara interior. Servía además para camuflar un pequeño círculo en lo alto y en su centro que tenía una lámina de cobre con un pequeño orificio en forma de T. La perforación permitía la entrada al salón en penumbra, de un rayo muy fino de luz que iluminaba con un punto redondo la superficie de la pared trasera. Los astrónomos marcaban, todos los días a la misma hora, el punto donde el rayo de luz tocaba la superficie blanca preparada en la pared. Utilizaban una clepsidra (un sencillo reloj de agua), una vasija de barro, con un orificio en la base de un tamaño adecuado para asegurar el goteo del líquido durante un intervalo de un día hacia otra vasija receptora, que a su vez goteaba hacia una tercera vasija. Esto les permitía utilizar el mismo intervalo todos los días, garantizando que siempre se registrara el rayo de Sol en el mismo momento. Como el Sol se desplazaba todos los días frente al horizonte por la órbita de la Tierra a su alrededor, el punto de luz se desplazaba cada día un poco sobre la pared. Al registrarlo de manera sistemática durante los 365 días del año, la sucesión de puntos conformaban una gráfica con la forma del signo infinito. La ciencia actual la conoce hoy como el Analema.




El Analema es una curva cerrada que describe la posición del Sol en el cielo al registrarlo todos los días del año a la misma hora y desde el mismo lugar de observación.


Foto tomada por Tunc Tezel

Hoy se puede tomar una fotografía compuesta del Analema. Se fija sobre un trípode una cámara dirigida hacia el este y se toman fotografías a intervalos fijos –cada día o cada semana– sin mover la cámara. Se puede lograr sobreimprimiendo sobre la foto anterior o tomando fotos independientes para luego unirlas en un programa de edición fotográfica como Photoshop. La foto resultante tendrá siempre la misma forma del Nº 8 que obtenían los mayas en su gráfica. La curva del Analema que representa el movimiento infinito o continuo del Sol frente al horizonte.


Las 4 Estaciones Climáticas


El Analema develó el ciclo exacto formado por las cuatro esquinas del Sol. Los solsticios y los equinoccios que dan lugar a las 4 estaciones climáticas. También permitió encontrar exactamente los dos días del año en que el sol pasa al mediodía por el cenit –sobre la pirámide y sobre la caverna de observación– en esa latitud . Es el punto de cruce de la curva que conforma el signo de infinito.

Secuencia de 4 colores sagrados


Como resultado del registro sistemático del Sol en el Analema y su concordancia con eventos y fenómenos naturales, los mayas encontraron que el Sol varía la intensidad de su irradiación en períodos de 4 días; 2 en los que ésta se incrementa y 2 en los que decrece. Esto produce una ondulación energética que representaron con su secuencia ininterrumpida de 4 colores sagrados.


Secuencia de 18 meses de 20 días

Conformaron –con cinco de esos grupos menores de cuatro días– una secuencia mayor de 20 días que también registraron en el Analema. La concibieron de manera que cada día recibiera un número del 0 al 19, más uno de los 20 glifos solares (arquetipos o principios que influencian la mente del hombre y generan cambios en la naturaleza), los cuales añadían a la secuencia información sobre los procesos evolutivos que se podían experimentar durante esos 20 días. Fue así como crearon un nuevo patrón significativo y trascendente que contribuye a individualizar el espíritu de cada día. De la sucesión anterior surgieron los 18 glifos de los meses mayas de 20 días, otros arquetipos que a su vez le agregan información y las distintas características de un período mayor (el año maya) a cada día. Esto aporta grandes diferencias y potencialidades a esos 18 períodos por la posición que tiene el planeta en relación con el Sol en cada uno. La nueva secuencia de 18 meses contribuía con su información a determinar qué días inhibían o favorecían las distintas actividades que realizaba la comunidad, como la caza del venado, la apicultura, la siembra o el comercio.

Con el Analema también registraron las manchas solares y tormentas magnéticas más intensas. Éstas generan poderosos vientos solares que al llegar a la Tierra empujan su campo electromagnético, lo que a su vez mueve las placas tectónicas. Cuando esto pasaba, el punto donde tocaba el rayo del sol la pared del fondo se movía. Se salía del orden que llevaban los puntos anteriormente registrados. Se ha comprobado que cada 11 años en los picos de actividad de las manchas solares, aumentan los terremotos y las erupciones volcánicas. Las variaciones en el Analema facilitaban la predicción de su proximidad, lo que permitía que la comunidad se preparara. De manera similar estas manchas aumentan los infartos cardíacos y los ataques epilépticos en el hombre, por lo que había que extremar los cuidados con las personas que tuvieran esas condiciones durante esos períodos. Las cámaras horizontales de observación solar en los altares también les sirvieron para determinar de manera muy precisa cuándo sucederían los eclipses e inclusive las fases de la Luna.



LASPIRÁMIDESERAN PUNTOS FOCALES PARA OBSERVAR EL SOL Y DEVELAR CÓMO SE AJUSTA EL ESPACIO A PROPORCIONES SAGRADAS

Las pirámides que construyeron eran entonces sofisticados instrumentos científicos. Los astrónomos mayas utilizaron su Templo Máximo –la pirámide principal de sus más importantes ciudades estado– como punto focal para observar, registrar y construir a su alrededor un espacio sagrado desde el cual estudiaron el Sol. Buscaban construir un modelo mental que les permitiera comprender cómo funcionaba el Universo. Ese punto focal era el centro de varias esferas que operaban a distintas escalas. De esta manera verificaron la existencia de un orden escalar. Un patrón irregular, no simétrico, que se repetía a distintas escalas, en el que cada una de sus partes era proporcional a todas las demás y conservaba fielmente sus mismas características esenciales.

Hoy llamamos un fractal a ese tipo de orden escalar. El modelo del Universo maya estaba modelado y organizado por fractales. Ellos confirmaron la existencia de unas Proporciones Geométricas Divinas que condicionan las formas y que son constantes en múltiples escalas de la realidad. Esta repetición genera patrones similares y recurrentes a distintas escalas. Un Orden Supremo que genera un enorme espacio sagrado en cuyo interior anida todo lo que existe. En donde se conecta lo micro con lo macro, la tierra con el cielo, el hombre con El Todo. Un orden fractal que permite establecer correspondencias entre lo que está Arriba y lo que está Abajo; entre lo sutil y lo denso en la escala vertical de la realidad. Un orden espacial que también es jerárquico. Donde lo de arriba, lo sutil, determina lo de abajo, lo denso.

Sólo tres códices sobrevivieron la quema realizada por el fraile Diego de Landa en Yucatán, en la que se perdieron miles de documentos mayas. Curiosamente los tres constituyen la prueba de sus conocimientos astronómicos. El Códice Dresde, el “Kumatzim Wuj Jun” –como lo llamaban los mayas– contiene cálculos que relacionan los movimientos de la Luna, el Sol y la Tierra. Es una banda de papel pintada por las dos caras, fabricada con fibras de la corteza de la higuera. Tiene 78 secciones de 8,5 x 20,5 cms. Desplegado mide 3,5 metros de largo. Las tablas astronómicas inscritas demuestran que sabían que la Luna orbitaba la Tierra y que en ese recorrido se interponía cíclicamente entre ésta y el Sol, eclipsando sus rayos. También sabían que la Tierra eclipsaba cíclicamente la Luna llena, porque esos mismos códices relacionan eclipses solares y lunares, con ceremonias a sus divinidades y con los ciclos de lluvias. El Códice Dresde demuestra cómo se dedicaron –desde lo alto de sus pirámides– a diferenciar y a individualizar cada día del año. A determinar el tipo y la cantidad de energías que recibía la Tierra cada día, estudiando la posición de las distintas fuentes que la irradian y su relación con el planeta.

UTILIZARON EL DÍA DEL EQUINOCCIO COMO UN PUNTO DE REFERENCIA TEMPORAL PARA DEVELAR LOS CICLOS QUE DETERMINA EL ORDEN SUPREMO

De manera similar, utilizaron el día del equinoccio de primavera en el Hemisferio Norte –el día en que el intervalo de oscuridad es igual al intervalo de luz– como un punto de referencia temporal. Durante siglos, en ese mismo día, año tras año, observaron y registraron desde lo alto de sus pirámides los movimientos de los astros. Simultáneamente estudiaron la manera como sus energías afectaban las fuerzas elementales como el viento y la lluvia, generando transformaciones en toda la naturaleza, en la mente y en la vida cotidiana del hombre. Gracias a este punto de referencia temporal, lograron develar innumerables ciclos. Ciclos generados por los movimientos concatenados de las principales fuentes de energía en el cosmos. Ellos las veían como divinidades encarnadas en astros; como arquetipos; principios de orden o jerarquías universales, que ejercían su influencia ordenadora sobre las características de personalidad y sobre las vidas de los hombres. Todo esto, mientras reencarnaban en una Tierra que gira sobre su eje, que órbita al Sol y que precede hacia las constelaciones de estrellas. Ciclos energéticos e influencias de procedencia sagrada que inducen eventos repetitivos en múltiples escalas. Los Intervalos revelan que no sólo el Espacio se ajusta a una Proporción Geométrica Divina. También el Tiempo se ajusta a una Progresión Matemática Sagrada, conformando entre ambos –espacio y tiempo– un Orden Sagrado, que determina cuándo tienen lugar la sucesión de eventos que inciden en la consciencia del hombre.

Los mayas encontraron que la realidad tiene una unidad y una coherencia extraordinarias, que existen correspondencias entre los movimientos de los planetas y los eventos que les suceden a los hombres. Que los astros ejercen influencia sobre nuestros estados de ser y nuestras actitudes. Las relaciones geométricas sagradas y las progresiones matemáticas divinas generan sincronicidades entre todo lo que existe en un Universo dinámico. Conectan y correlacionan lo de arriba con lo de abajo. El Cosmos y la naturaleza, son presencias espirituales que se unen para potenciar la evolución de nuestra consciencia. Todo está interconectado, alerta y despierto, con el mismo propósito inteligente. Los sacerdotes y filósofos mayas consideraban que el propósito del Orden Supremo era garantizar un proceso eterno: la evolución de la consciencia de una infinita sucesión de entidades inocentes, que encarnamos en el Universo para aprender sobre lo que es verdad; para obtener comprensiones –a través de experiencias en carne propia– sobre el amor; la esencia divina que permite la manifestación de la diversidad. De esta manera, a través nuestro –de los miles de millones de millones de seres únicos y originales que existimos y que han existido, en miles de millones de planetas y realidades paralelas– El Todo manifiesta su enorme potencialidad y extrae comprensiones sobre su propia esencia. Verdades que atesora en su memoria –a la cual llamamos los registros Akazikos– mientras observa neutro e imparcial las creaciones que experimentamos y la manera en que libremente nos autotransformamos en seres cada vez más sabios, más humildes, más respetuosos y amorosos.

LOS 20 GLIFOS SOLARES SAGRADOS MAYAS, ARQUETIPOS QUE ILUMINAN LA REALIDAD


Cauac o Kawoq es el día de la clarividencia. Cuando se manifiestan las revelaciones.

Etznab o Tijaax es el día para evaluar con neutralidad el camino recorrido. Cuando hay
que tomar consciencia para saber lo que debemos cambiar.

Caban o Noj es el día de la sabiduría. Cuando hay que asumir el liderazgo y orientar a los demás

Cib o Ajmaak es el día para conectarse con la mente de la galaxia. Cuando hay que tener voluntad y disciplina para cambiar.

Men o Tzi’Kin es el día de la alta consciencia, de conectarse con los demás y dar gracias. Cuando hay que dedicarse a las artes.

Ix o B’alam es el día en que aparece el vidente, el hechicero, el que tiene poderes mágicos. Cuando pueden llegar eventos no deseados.

Ben o Aj es el día para explorar la naturaleza. Cuando hay que contactarse con el Cosmos y relacionarse con los niños.

Eb o Bee es el día de tomar el camino que nos conduce a nuestras metas. Cuando para respetar y tolerar, hay que dejar de juzgar.

Chuen o B’aatz’ es el día de la creatividad. Cuando hay que construir y ser solidario con los demás.

Oc o Tz’I es el día para disfrutar la vida emocional y la sexualidad. Cuando hay que valorar la lealtad y la fidelidad.

Muluc o Tooj es el día para evaluar y neutralizar el pasado. Cuando hay que aceptarlo y asumirlo para poder fluir con el Universo.

Lamat o Qanil es el día de la multiplicación. Cuando los resultados de los procesos se manifiestan como frutos en la creación.

Manik o Keej es el día de la sensibilidad. Cuando la mente se abre hacia los mundos invisibles, donde se encuentran los guías y los protectores.

Cimi o Kame’ es el día en que termina un ciclo. Cuando ocurre la transformación y llega un nuevo comienzo.

Chichan o Kaan es el día en que aparece la autonomía. La individualidad consolidada que comienza su camino evolutivo.


Ak’Bal o Aq'ab'al es el día en que el cuerpo desarrollado nace. Cuando se conecta con el espíritu a través de la primera bocanada de aire.

Ik o Iq es el día de la concepción. Cuando la corriente vital entra en la matriz y comienza a desarrollar el cuerpo.

Imix o Imox es el día en que la unidad da origen a la diversidad de espíritus. Cuando los procesos evolutivos comienzan

VERIFICARON QUE LA IRRADIACIÓN DEL SOL CAUSA EL CLIMA, LA LLUVIA Y LOS VIENTOS

Los mayas verificaron que el Sol –al ser la principal fuente de energía que recibe nuestro planeta–, además de ser la causa de todos los fenómenos naturales, el sustentador de la vida sobre la Tierra, es el generador del orden espacial y temporal, en múltiples escalas de la realidad. La radiación del Sol no es constante; por ello estudiarlo, registrar los cambios en la cantidad de energía que irradia y los efectos que estos cambios producen sobre la Tierra, no fue sólo una inquietud filosófica y religiosa para los mayas, sino una necesidad esencial para su supervivencia. Su alimentación, los cultivos que tenían, los animales que cazaban, dependían de su energía. El Señor de la luz –Kin’Ich Ahaw, como lo llamaban– es el principal generador de los ciclos que afectan a la naturaleza y a la consciencia del hombre. Su luz da forma y sustento a la vida. Las plantas la absorben y la transmutan a través de la fotosíntesis y la fijan como energía química en las sustancias de su organismo. Los animales y los hombres, a través de su proceso digestivo, las transforman en ácido carbónico y agua, liberando la misma energía absorbida por la fotosíntesis para el funcionamiento de su cuerpo.
Saber de qué manera las posiciones relativas de la Tierra, la Luna y el Sol determinan variaciones en esa energía, fue motivo de una investigación que ocupó a sus sacerdotes durante muchas generaciones. El Códice Madrid –el más largo de todos– tiene 115 secciones y desplegado mide 6,80 metros. Tiene tablas con las fechas adecuadas para las ceremonias en honor a la Luna y a Chaak, la divinidad de la lluvia. Confirma los períodos de lluvias en el año; un conocimiento esencial para la siembra y para el desarrollo adecuado de los cultivos.

Sus estudios del Sol develaron un orden que se manifiesta en los calendarios que diseñaron, los más precisos de civilización alguna sobre la Tierra. La energía que irradia el Sol hacia la Tierra –esencialmente la cantidad de luz visible y de rayos infrarrojos que calientan la superficie del planeta– es lo que determina fundamentalmente el clima de una región. Su posición geográfica define qué cantidad de esta energía puede recibir anualmente. Entre más cerca del Ecuador, más irradiación solar recibe y la zona será más cálida y tropical. En las regiones más cercanas al Ecuador –entre los 10º de latitud Norte y Sur– no hay sino dos estaciones, una seca y otra de lluvias; el rango de la energía que recibe se mantiene casi constante durante todo el año. La Tierra rota sobre un eje inclinado mientras realiza una órbita elíptica alrededor del Sol. Esto hace que el Hemisferio Norte y el Hemisferio Sur se acerquen o se alejen del Sol, por lo que la cantidad de irradiación que reciben varía. En el hemisferio que se inclina hacia el Sol, tiene lugar el verano porque recibe más luz y calor, lo que hace que haya días más largos y noches más cortas. Mientras tanto, en el otro hemisferio, que recibe menos energía, sucede el invierno; los días son más cortos y las noches más largas. La irradiación del Sol –la cantidad de energía solar recibida por la superficie de la Tierra– determina el clima, la generación de vientos en la atmósfera y de nubes en el cielo. Por lo tanto el Sol define la cantidad de lluvia que se produce. La irradiación solar evapora el agua del suelo al calentar la superficie de la Tierra, lo que a su vez calienta el aire en la atmósfera. El aire húmedo y caliente es más liviano –menos denso que el que lo rodea–, por lo cual tiende a subir. Al hacerlo, se expande, puesto que a mayor altura es menor la presión atmosférica. Al expandirse se enfría y el vapor de agua que porta se condensa en pequeñas gotas de agua o cristales de hielo, los cuales se agrupan formando nubes. Eventualmente esta condensación se vuelve muy pesada y cae a tierra como lluvia o nieve, dependiendo de la temperatura de la atmósfera. Quiere decir entonces que el ciclo de lluvias también es producido por el Sol.

A medida que el aire caliente asciende, el aire frío ocupa su lugar, lo cual genera los vientos alrededor del mundo. Los vientos son aire en movimiento ocasionado por la irradiación del Sol y por el efecto “Coriolis”, que afecta a todo lo que se mueva sobre la superficie del planeta. La rotación de la Tierra –de izquierda a derecha– empuja el viento hacia la derecha en el Hemisferio Norte y hacia la izquierda en el Hemisferio Sur. Este es el efecto que llamamos “Coriolis” por su descubridor Gaspard-Gustave Coriolis.

Para los mayas los vientos eran una muestra poderosa de la relación de Chaak –divinidad del agua y del viento– con el Sol. Chaak manifestaba la niebla, las nubes, el trueno, el relámpago, la lluvia y la tormenta. Encarnaba en los lagos, los ríos y los mares. Activado por el Sol, Chaak lloraba y de sus grandes ojos brotaba la lluvia –su Itz o esencia– en forma de lágrimas. Cuando Chaak respiraba, su aliento exhalaba el gran espíritu del viento, desde las mismas cuatro esquinas del Universo por donde aparecen los solsticios y los equinoccios. A los vientos los llamaban Ik, palabra que también significa espíritu y aliento. Había vientos benévolos, como el viento cálido del Este y el poderoso viento del Norte. También había otros malévolos, como el helado viento del oeste y el viento húmedo del Sur. En ocasiones, activado por el Sol, Chaak hacía que los vientos y las lluvias se convirtieran en tempestades capaces de causar grandes daños. También en tornados, los cuales son remolinos de viento que concentran una gran cantidad de energía en una pequeña área por un corto tiempo, lo que les da una gran capacidad de destrucción.

En las zonas mayas, muy cercanas a los trópicos, una tormenta –sobre las aguas más cálidas del océano– puede convertirse en huracán, cuando las velocidades del viento aumentan a más de 150 kph. Una vez formados, los huracanes toman energía del calor del océano y del aire húmedo que se encuentra sobre éste. Mientras un huracán se encuentre sobre aguas cálidas, continuará creciendo; y se debilitará al desplazarse tierra adentro o lejos del trópico, en donde las aguas oceánicas son más frías.

Hemos visto cómo, utilizando los más ingeniosos y precisos instrumentos científicos, los mayas develaron el Orden Supremo y los ciclos que –a través del Sol– éste genera en la realidad. Así pudieron elaborar sus profecías para estos tiempos. Porque son los cambios cíclicos del Sol –los aumentos en su irradiación– los que tienen la capacidad para crear al principio y al final del Gran Ciclo Cósmico (cada 26.000 años) un cataclismo sobre el planeta. También pueden generar en su punto intermedio –momento que estamos viviendo actualmente– innumerables Eventos de Destino: fuertes aumentos de temperatura, derretimiento de polos y glaciares, terremotos, erupciones volcánicas, supertormentas, grandes alteraciones en el régimen de lluvias, inundaciones, tornados y huracanes.


sábado, 6 de marzo de 2010

5-LA CONFIRMACION MAYA


CADA 26.000 AÑOS EL SOL AUMENTA SU IRRADIACIÓN Y PROVOCA UN CATACLISMO PLANETARIO
Los Sacerdotes Mayas del Sol –quienes fueron los científicos, astrónomos y líderes de su comunidad– registraron y estudiaron los movimientos de los astros para verificar una historia, heredada por sus antepasados olmecas, de los fundadores de su cultura. El relato afirmaba que el centro de la galaxia emitía cíclicamente pulsos de energía: al comienzo, en el punto intermedio y al final de un Gran Ciclo de 26.000 años. La energía excitaba al Sol induciéndolo a irradiar más energía hacia la Tierra. Cuando esto sucedía en el punto intermedio del ciclo, la energía, a pesar de ser elevada, no era destructiva, aunque producía vastas transformaciones en la naturaleza que afectaban a la sociedad desarrollada por el hombre Pero cada 26.000 años –al comienzo y al final del ciclo– la intensidad de la energía recibida era muy alta, lo que provocaba un cataclismo que destruía la civilización sobre la Tierra.

La historia tenía sentido para olmecas y mayas, ya que ellos creían que todos formamos parte de un organismo superior al que llamaron Hun'ab K'uh. Hun que significa primero, 'ab que significa estado o manifestación, K’uh que significa Dios. La primera manifestación física de Dios. Su mente organiza una serie de ciclos para impulsar la transformación de las entidades que –a distintas escalas– anidan en su interior. Así garantiza que su consciencia evolucione y pueda llegar a comprender que todo lo que sucede es perfecto, porque está sustentado por la neutralidad del amor. Ellos creían que en el centro de la galaxia, palpitaba regularmente el corazón del Universo –al que llamaban Hun'ab K'uh– emanando la energía que mueve a todo lo que existe. Cada 13.000 años Hun'ab K'uh emite pulsos más intensos de energía, a la cual llamaban K’uh Lel, que irradiaba hacia los sistemas solares donde existen la vida y la consciencia para inducir transformaciones y evitar que el sistema, al tornarse rígido, impidiera la manifestación de nuevas experiencias y de nueva sabiduría. Como el cataclismo era causado por el aumento de la energía irradiada por el Sol, llamaron una Era del Sol al intervalo en que una civilización podía expandirse sobre la Tierra antes que el astro rey la destruyera. La historia también contaba los eventos que experimentó la civilización anterior a la nuestra, la que nosotros llamamos la Atlántida y que ellos llamaron Kak Uleu o Tierra Roja.

ELDESARROLLODELA ATLÁNTIDA YSUDESTRUCCIÓN SE AJUSTARON AL CICLO CÓSMICO DE26.000 AÑOS

Su desarrollo se ajustó exactamente a una Era del Sol. Comenzó al iniciarse el Gran Ciclo pasado, cuando los sobrevivientes del cataclismo volcánico que destruyó a Lemuria –así se llamaba la civilización anterior a la Atlántida– llegaron a la cadena de islas Atlantes a sembrar un nuevo ciclo con la información que salvaron. A la muerte de los sobrevivientes, la ignorancia comienza a degradar la información inicial. Simultáneamente las nuevas experiencias permitieron que la nueva sociedad Atlante comenzara a acumular su propia sabiduría. 13.000 años después llegó al Sistema Solar la onda intermedia del gran ciclo, que catalizó un cambio rápido e intenso y muchos eventos difíciles que transformaron fundamentalmente su sociedad. En ese momento, la parte negativa de su cultura hizo que todo lo que no funcionaba de su sistema entrara en crisis. La colectividad tocó fondo y esto indujo una modificación del rumbo que llevaba. Surgió un nuevo orden y un progreso que consolidó un proceso de expansión que los llevó al clímax 13.000 años después. Justo en el momento en que el Sol, activado desde el centro de la galaxia, generó un rápido aumento en la temperatura del planeta. Se derritió el manto de hielo que lo cubría hace millones de años, lo que elevó en 120 metros el nivel del mar, generando el cataclismo global que destruyó a la Atlántida.

Olmecas y mayas consideraron de vital importancia transmitir esta historia a la humanidad futura. Ellos, que habían verificado que la realidad es cíclica, sabían que lo ocurrido a la Atlántida se repetiría de manera similar en esta Era del Sol. Su información nos permitiría prepararnos para la llegada de un momento de transformación, al cual llamaron “El Tiempo del No-Tiempo”, cuando la energía del nodo intermedio del Gran Ciclo llega nuevamente al Sistema Solar.

VIVIMOS“ELTIEMPODEL NO-TIEMPO”, CUANDO SECATALIZA LO NEGATIVO PARA QUE PODAMOS CORREGIRLO

Esa energía genera un Momento Evolutivo que cataliza lo negativo de nuestra sociedad: la codicia, el materialismo, los deseos de poder y control sobre los demás, la imposición de puntos de vista utilizando la ley del más fuerte. Esto puede producir conflicto y muy seguramente guerra si además se aplica una doctrina de ojo por ojo y diente por diente. Se generaría un enorme sufrimiento que nos llevaría a tocar fondo, a experimentar un acelerado proceso de cambio. Todo puede complicarse si no tomamos las decisiones correctas. Si adoptamos posiciones rígidas y no buscamos el consenso para solucionar los conflictos –única manera en que puede surgir un orden más armónico–, perderíamos el control de nuestras emociones. Reaccionaríamos violentamente y tomaríamos decisiones equivocadas–basadas en el miedo y en el odio– ante los eventos de crisis que pueden suceder. En ese caso podemos llegar a experimentar un proceso apocalíptico y destructivo que manifestaría el caos del Armagedón, la guerra final anunciada en el Apocalipsis. Tristemente, el nuevo orden sería creado por una humanidad diezmada y arrepentida por el terrible holocausto que generó la ignorancia. Sin embargo, de todas maneras el error serviría para impulsar un cambio de consciencia. Cambio que afianzarían nuestros descendientes, estremecidos de pensar que ese horror pudiera volver a repetirse. Los mayas profetizaron que experimentaremos un Momento Evolutivo que facilitará la amplificación de lo negativo para que -al enfocarnos en lo que no funciona- podamos corregirlo. La oportunidad es extraordinaria, porque amanece en la galaxia y nos ayuda la energía renovadora de la constelación de Acuario. Si tomamos las decisiones correctas aprovecharemos un momento único en 13.000 años para mejorar fundamentalmente nuestra vida y las condiciones de nuestra sociedad. Como veremos, los mayas verificaron que el ciclo existe, lo estudiaron y con las comprensiones adquiridas diseñaron los más precisos calendarios de todas las civilizaciones sobre la Tierra.

LOS MAYAS VERIFICARON LA EXISTENCIA DEL GRAN CICLO Y DISEÑARON LASUNIDADES DE MEDIDA Y LOS CALENDARIOS PARA ENTENDERLO Y DIVULGARLO

Registraron y relacionaron sus hallazgos en distintas escalas: los movimientos de los astros, las transformaciones de la naturaleza y los eventos cíclicos en la vida del hombre. Lo que nosotros llamamos el paso del tiempo. Para ello, utilizaron unidades progresivamente mayores, todas múltiplos del número 20. Los ciclos en la escala de su vida cotidiana los midieron en días, los ciclos en la escala de comunidad que dependía de las estaciones los cuantificaron en meses, las etapas en la vida del hombre las registraron en años. Midieron las Eras del Sol –las cuales determinan la duración de las civilizaciones– en miles de años y los procesos divinos que ordena Hun’ab K’uh, en millones de años.

ELDÍAMAYA, AL QUE LLAMARON“KIN”, FUELAUNIDADBASE DE SUSMEDICIONES


Relacionaron sus investigaciones con el movimiento fundamental de la vida cotidiana, el giro de la Tierra sobre su eje, que produce un período de luz y actividad, seguido de otro de oscuridad y descanso. La unidad que usaron para representarlo es la base de todas las demás. La llamaron “KIN”, que significa día. En su visión, cada “KIN” es único y distinto a los demás. A pesar de ajustarse al mismo ciclo, la cantidad, la intensidad y el tipo de energía que recibe es distinta, lo que lo individualiza y le da características propias. La Tierra y –por lo tanto– el hombre reciben una combinación de energías que cambian dinámicamente, dependiendo de la posición que ocupa el planeta en relación con las fuentes que la irradian. Como el Sol, las constelaciones zodiacales, las estrellas que se ubican sobre el polo Norte y el corazón de Hun’Ab-Kú en el centro de la galaxia. Esa combinación también es afectada por la energía que reflejan la L
una y los planetas hacia la Tierra.



LA SEGUNDA UNIDAD ES EL “WIN’AL”, EL MES MAYA, QUE ES UN CONJUNTO DE 20 DÍAS

Lo asociaron al segundo movimiento fundamental de nuestra realidad, al desplazamiento diario de la Tierra en su órbita alrededor del Sol. El que determina las estaciones, las lluvias y por ende los procesos comunitarios más importantes, como la preparación de la tierra, la siembra y la cosecha. Un conjunto de 20 días que se ajusta a su sistema matemático vigésimal. Con él midieron los avances parciales de la Tierra por su órbita alrededor del Sol, la cual dividieron en 18 “WIN’AL Oob” (Oob es el indicativo de plural). Son 18 meses exactamente iguales (18 x 20 = 360 días) que completan un año maya o “TUN”, como lo llamaban ellos. Le adicionaron cinco días de transición entre el año que termina y el que comienza, para completar los 365 días.



EL “TUN”ESELAÑOMAYADE360 DÍAS QUE LESFACILITABA LAS CUENTAS CON SU SISTEMA MATEMÁTICO VIGÉSIMAL

El “TUN” relacionaba los eventos y las etapas de la vida del hombre con órbitas de 360º alrededor del Sol. Le dieron una medida de 360 días para tener una equivalencia exacta entre cada día y cada grado que la Tierra se desplaza orbitando al Sol. Esto les simplificaba las cuentas y los cálculos astronómicos. Los cinco días de transición que llamaron los “WAY’EB” no formaban parte de la cuenta del ”TUN”. Los agregaban posteriormente –si los necesitaban– para un cómputo mayor de tiempo relacionado con el año solar, que obviamente sabían duraba 365,2422 días; cifra que dejaron tallada en Palenque. Un “TUN” equivale entonces a 0,9856 años solares. Los mayas desarrollaron sus unidades de medición para relacionar el rigor de su observación científica –la luz de su razón– con su intuición y su visión espiritual sobre un orden inherente a la realidad; un modelo supremo que crea las sincronicidades necesarias para permitir la evolución de la consciencia.

UN“KA’TUN”EQUIVALE A 20 AÑOS Y UN “BAK’TUN” A 400 AÑOS MAYAS. LOS USARON PARA MEDIR EL SISTEMA SOLAR

Las siguientes unidades eran siempre un conjunto de 20, de la unidad inmediatamente anterior multiplicada por 20. Dos de ellas fueron utilizadas para relacionar la órbita de la Tierra con las órbitas de los demás planetas. Un registro muy importante para determinar la energía que llega cada día, proveniente del Sistema Solar. Las llamaron “KA’TUN” y “BAK’TUN”. Un “KA’TUN” es un conjunto de 20 “TUN Oob” (20 años mayas de 360 días o 7.200 rotaciones diarias de la Tierra sobre su eje). Cifras cerradas y elegantes que también les facilitaban las cuentas. Si hubieran utilizado como unidad de medida el año solar, en 20 años solares la Tierra habría dado 7.248 revoluciones sobre su eje. Una cifra no tan fácil para hacer cálculos rápidos sin ayuda de computadores. Sin embargo, sabían que un “KA’TUN” equivale a 19,73 años solares. Fue una unidad muy utilizada por los “Chilam B’alam” (Sacerdotes Jaguar) en sus profecías. El “ventenio” permite recordar fácilmente los eventos significativos sucedidos en su comunidad; para tenerlos en cuenta, porque se repetirían en el futuro. Con estas unidades era más fácil encontrar e iluminar los diversos fenómenos y eventos que crean patrones de orden en la realidad.

El “BAK’TUN” es un conjunto de 20 “KA’TUN Oob”, o sea 400 años mayas de 360 días (20 x 20 = 400 ”TUN Oob¨” que equivalen a 144.000 días). Una cifra importante, como veremos más adelante, cuando estudiemos su Zodiaco. Trece de estas unidades mayores, 13 “BAK’TUN Oob” son la medida exacta del intervalo fijo que mide la Cuenta Largaregresiva, porque equivalen a 1’872.000 días o revoluciones del planeta (144.000 x 13 = 1’872.000 días ó 13 x 400 = 5.200 “TUN Oob”). Tenían que transcurrir 5.200 años mayas, desde la fundación olmeca en el año 3113 a.C., hasta la llegada del punto intermedio de transición del actual Gran Ciclo. Fecha que, en nuestro calendario gregoriano, tiene lugar el viernes 21 de diciembre del año 2012.

Diego de Landa –el sacerdote español que quemó todos los códices mayas en Yucatán– relata que cada templo del Mayab tenía un calendario circular llamado la ¨Rueda de los 13 BAK’TUN Oob¨. Ésta era utilizada por su sacerdote para actualizar la Cuenta Larga gráficamente, lo cual facilitaba que todo el pueblo la entendiera. El círculo estaba dividido en 13 sectores, cada uno de los cuales representaba un “BAK’TUN”. Cada sector estaba dividido a su vez en 20 segmentos menores de un “KA’TUN” de 20 años. Esta “Rueda” medía 1’872.000 días y cinco de ellas conformaban el Gran Ciclo de 26.000 años mayas (1’872.000 x 5 = 9.360’000.000, que es la duración total del ciclo en días que, dividido por 360, nos da 26.000 “TUN Oob”. La duración del Gran Ciclo en años mayas).

LA CORRELACIÓN DE SU CALENDARIO CON EL NUESTRO ES MUY PRECISA Y LA CONFIRMAN LOS TRÁNSITOS DE VENUS FRENTEALSOL

La correlación entre el calendario maya y el calendario occidental fue establecida al encontrarse un eclipse, registrado simultáneamente por los dos calendarios. A partir de ahí, se utilizó como punto de referencia esa fecha, para transferir cualquier otra de un calendario al otro. Es por eso que sabemos que la Cuenta Larga termina el viernes 21 de diciembre del año 2012. Fecha final que también dejaron relacionada con la cuenta que registra los tránsitos de Venus frente al Sol. Los mayas encontraron que, visto desde la Tierra, Venus pasa frente al disco del Sol dos veces cada 100 años. Lo curioso es que esas dos veces van emparejadas. Las separa un intervalo de 8 años, antes de reiniciar la cuenta de 100 años para que vuelvan a repetirse. En cada ocasión, Venus tarda unas seis horas en cruzar la circunferencia del Sol. El tránsito más reciente ocurrió el martes 8 de junio de 2004. El próximo tendrá lugar el miércoles 6 de junio de 2012. De existir algún error en la conversión de la cronología maya a nuestro sistema gregoriano, y el punto intermedio del Gran Ciclo no resultara ser en 2012, tendríamos que esperar otros cien años, que es cuando tiene lugar el siguiente transito de Venus, lo cual es poco probable.

UNA SERIE DE CINCO NÚMEROS, EN CINCO UNIDADES DISTINTAS, DESIGNAN CUALQUIER FECHA DEL GRAN CICLO

Utilizaron esas cinco unidades, el KIN, el WIN’AL, el TUN, el KA’TUN y el BAK’TUN; en series de cinco números separados por puntos, para designar una fecha dentro de la Cuenta Larga, a partir del Día Cero de su civilización (el día 0.0.0.0.0. en todas sus cinco unidades). Cero BAK’TUN, cero KA’TUN, cero TUN, cero WIN’AL y cero KIN. A partir de ahí, el número que aparecía en la primera posición, contando de arriba hacia abajo, indicaba cuántos BAK’TUN Oob habían transcurrido desde el Día Cero. La cuenta comienza con la unidad más grande, el BAK’TUN. Como el intervalo que medían solo duraba 13 Oob, este primer número sólo podía ser del 1 al 13. El segundo número utilizaba la unidad KA’TUN, lo que le agregaba a la cuenta el numero de KA’TUN Oob (de períodos de 20 años) que podían haber transcurrido adicionalmente a los BAK’TUN OOb –descritos por la primera cifra– desde el día Cero. Como el sistema era vigésimal, sólo podía ser una cifra del 1 al 20. El número en la tercera posición le agregaba cuantos TUN Oob, cuantos años habían transcurrido adicionalmente, a la cifra de BAK’TUN Oob y de KA’TUN Oob. También esta cifra sólo podía ser del 1 al 20. El número en la cuarta posición le agregaba a la cuenta los WIN’AL Oob (el número de meses transcurridos adicionalmente a lo medido en BAK’TUN Oob, KA’TUN Oob y TUN Oob, desde el Día Cero). En este caso, puesto que el año maya sólo tenía 18 meses, la cifra sólo podía ser del 1 al 18. El número en la quinta posición indica cuantos días ó KIN Oob había que agregar a la cuenta establecida por las otras unidades. También esta cifra sólo podía ser un número del 1 al 20. A esta fecha le adicionaban otras más que describían cuántas órbitas habían dado –desde el Día Cero– la Luna, Venus, Marte y Júpiter. Esto nos muestra la estrecha relación que guardaban con el cosmos, algo que nosotros perdimos totalmente. Esa notación que relaciona los planetas y los eventos astronómicos especiales, como los eclipses, es la que nos permitió decodificar su historia, sus descubrimientos y las profecías que dejaron para estos tiempos.


La mayoría de las fechas inscritas en piedra en el sistema de la Cuenta Larga pertenecen al noveno BAK’TUN –un intervalo de 400 años que ocurrió entre los años 430 d.C. y 830 d.C.–, cuando sucedió la llamada época Clásica Maya. Sin embargo, se han encontrado muchas fechas en piedra que se salen de ese período; algunas por miles de años, otras por cientos de miles de años y aun otras por millones de años. En Quirigua se encontraron dos fechas, de hace 411’683.935 años y de hace 90 millones de años. Sólo que esas medidas pertenecían a la escala divina de Hun’ab K’uh, para la que utilizaron otras unidades: el PIK’TUN, que equivalía a 20 BAK’TUN Oob, o sea 8.000 años mayas. El KALAB’TUN, una unidad que reunía 20 PIK’TUN Oob y que equivalía a 160.000 años mayas. El KIN’CHIL’TUN, que reunía 20 KALAB’TUN Oob y medía 3’200.000 años mayas. Y una última unidad, el ALAW’TUN, que agrupaba 20 KIN’CHIL’TUN Oob (equivalentes a 64 millones de años). Medida correspondiente al momento en que cayó –en Chik’Xulub, México– el cometa que generó la extinción de los dinosaurios.

Con esas unidades, investigaron y registraron los cielos y se guiaron –como los egipcios– por las estrellas. Como veremos más adelante, sus estudios del dominio de las divinidades generaron las certezas y las comprensiones para liderar su sociedad con seguridad por un camino espiritual extraordinario. Sin embargo, los mayas nunca midieron el paso de “El Tiempo”, puesto que éste es un concepto que no se puede medir. Ni siquiera tenían una palabra que significara tiempo. Lo importante para ellos eran las relaciones dinámicas. Los eventos sincrónicos entre múltiples variables que revelan puntos decisivos en el desarrollo espiritual del ser humano. Los patrones que surgen entre los movimientos de los astros, los eventos que se suceden en la naturaleza y en la vida de las personas, los movimientos y transformaciones de lo que percibían y las consecuencias que generaban. Al revelarse esos patrones de orden, los representaban como un arquetipo, una forma simbólica como los glifos que utilizaron. Así transmitían información sobre lo que podía suceder en la realidad individual y colectiva, directamente al inconsciente de su pueblo. Con los glifos también afirmaban la existencia de un Orden Supremo que impulsa la diversidad y la individualidad en el Universo.

ESTUDIARONLOSASTROSYLAS  FUENTESDELAENERGÍA QUE RECIBE LA TIERRA, PARA ENTENDER LA REALIDAD

Ellos sabían que el movimiento, que origina todos los procesos transformadores y los cambios en la realidad, es producido por la energía. Ningún proceso se puede impulsar ni se puede obtener resultado alguno sin ésta. Por eso, se dedicaron a encontrar, registrar y conocer las distintas fuentes de energía en el Universo que más inciden sobre la Tierra. A lo que más atención prestaron fue al Sol, por ser la fuente que más energía irradia hacia la Tierra. Es el Sol lo que crea la vida y la mantiene; es lo que más procesos inhibe o impulsa. También determina la mayoría de los ciclos y es causante directo del Gran Ciclo Cósmico, pues el flujo de energía procedente de Hun’Ab K’uh –al incrementar su actividad– produce todo tipo de cambios en el planeta. Por eso se dedicaron a estudiarlo, a registrar sus movimientos, a encontrar en qué períodos aumentaba su actividad y por qué. Así se volvieron expertos en el Sol, al que llamaban ”Kin’Ich Ahaw” (que significa Gran Señor que Ilumina los Días), cuya luz permite las actividades de los hombres. También lo llamaron “Yax B'alam” o Gran Jaguar –cuando se oculta por el horizonte, en el inframundo, para permitir que los hombres descansen–. El pueblo al ver a sus sacerdotes observando y registrando sus movimientos, desde al amanecer hasta el atardecer, día tras día, les llamó “Ahaw Kin Oob” o Señores del Sol. Puesto que –visto desde la Tierra– el que se mueve es el Sol. Veamos cómo estudiaron sus movimientos hasta encontrar el Gran Ciclo.
EL PUNTO PORDONDE SALE ELSOLEN EL HORIZONTE SE DESPLAZA ENTRELOSSOLSTICIOS DE VERANO E INVIERNO
Orientados hacia el Este, generaciones de sacerdotes se dedicaron a estudiar el Sol. Lo primero que encontraron fue que éste no sale todos los días al amanecer por el mismo lugar. El sitio por el que se asoma en el horizonte se desplaza, yendo y viniendo entre dos esquinas o puntos extremos invariables: el primero se localiza a la izquierda –punto que hoy llamamos Solsticio de Verano–, desde donde se desplaza hacia la derecha, día a día, de manera regular durante 183 días, hasta llegar al segundo punto extremo, que hoy llamamos Solsticio de Invierno. Desde allí se devuelve hacia la izquierda –desplazando nuevamente su salida día a día durante 182 días– hasta regresar al Solsticio de Verano, en un ciclo de 365 días que se repite indefinidamente. Seguramente, después de varios años de observación, encontraron que cada Solsticio tiene características únicas. El día del Solsticio de Verano tiene el intervalo de luz más largo y la noche más corta del año. Hoy sabemos que ese día corresponde al 21 de junio en nuestro calendario. Los mayas llamaron “Sak Xib Chaak” a la divinidad responsable de ese día y la asociaron al color blanco de la intensa energía que recibía la naturaleza para dar comienzo al verano, que es cuando las flores se convierten en frutos. Luego, la cosecha se recoge y las hojas se caen de los árboles, mientras el sol se va desplazando día a día hasta la esquina derecha del horizonte. En ese momento tiene lugar el Solsticio de Invierno –el día con el intervalo de luz más corto y la noche más larga del año–, que en nuestro calendario, sucede el 21 de diciembre. Los mayas llamaron “Kan Xib Chaak” a la divinidad responsable de ese día y la asociaron al color amarillo. El día siguiente, el Sol regresa nuevamente, día a día, hacia la esquina izquierda del horizonte.


El punto por donde sale el sol se desplaza cada día


Una pirámide para observar y otras tres de referencia


Los Solsticios y los Equinoccios estructuran las cuatro esquinas del espacio Maya, los puntos donde comienzan y terminan las cuatro estaciones. Los solsticios marcan los dos puntos extremos (2 y 4) del desplazamiento diario del Sol por el horizonte. La gráfica muestra la correspondencia entre la órbita de la Tierra alrededor del Sol y el horizonte por donde el astro se desplaza diariamente. Así podemos entender fácilmente por qué las dos esquinas (1 y 3) de los equinoccios se localizan sobre el mismo punto.


LOS EQUINOCCIOS SONDÍAS DE NEUTRALIDAD, EN LOS QUE LOS INTERVALOS DE LUZ Y OSCURIDAD SON IGUALES

Los Sacerdotes del Sol llevaban al cinto un marco cuadrado con una cruz en su centro. Al orientarlo debidamente, se valían de la sombra que proyectaba, para saber la hora del día y la estación del año por la posición del sol en ese momento. Dicho instrumento proyectaba una sombra más corta en verano que en invierno, puesto que el arco formado en el cielo por el astro, desde cuando sale al amanecer hasta cuando se oculta al anochecer, no es constante. Estudiando las sombras proyectadas por ese instrumento y una vara enterrada en el piso, encontraron otros dos días que tienen varias características armónicas extraordinarias. El primero, en el centro exacto del desplazamiento de izquierda a derecha, entre el Solsticio de Verano y el Solsticio de Invierno. El segundo, en la mitad exacta del desplazamiento de derecha a izquierda, cuando el Sol regresa al punto del Solsticio de Verano. La primera característica que los distingue es que, al mediodía, ni la vara ni las personas proyectan sombras, por encontrarse éstas exactamente bajo sus pies. La segunda característica es que estos días son los que marcan la transición entre verano y otoño, e invierno y primavera. La tercera característica es extraordinaria, porque los intervalos de luz y oscuridad de esos dos días, son exactamente iguales. Nosotros los llamamos Equinoccios, del latin aequinoctĭum, que significa "noche igual". Los mayas –como los egipcios– interpretaron que en esos días la luz y la oscuridad –el bien y el mal– se encuentran en equilibrio. Eran por lo tanto días de neutralidad que favorecen los procesos que conducen a la armonía y al consenso. Por eso, durante el período clásico, a partir del día del Equinoccio de Primavera (llamado así porque ese día en el Hemisferio Norte termina el invierno), celebraban los “WAY’EB”: los cinco días intermedios entre el año que termina y el que comienza. Durante esos días se dedicaban a examinar su consciencia, a hacer las paces con quienes hubieran tenido problemas y a decidir por consenso qué obras públicas construirían el siguiente año. La cuarta característica es que, de todo el año, sólo en esos dos días el Sol sale exactamente por el Este cardinal y se oculta exactamente por el Oeste cardinal. En los días restantes el punto se desplaza hacia el noreste o hacia el sureste. En el calendario gregoriano el Equinoccio de Primavera tiene lugar el 21 de marzo. Los mayas llamaron ”Chak Xib Chaak” a la divinidad encargada de ese día de neutralidad y la asociaron al color rojo del Sol al amanecer y del comienzo de Primavera.

El segundo día tiene lugar seis meses después y se llama el Equinoccio de Otoño, porque ese día termina el verano y comienza el otoño. En nuestro calendario esto sucede el 21 de septiembre. Los mayas llamaron ”Ek Xib Chaak” a la divinidad responsable de ese día y la asociaron al color negro. A partir de ese día, la energía disminuye su intensidad, sumergiendo lentamente en el frío al hemisferio norte del planeta. Los intervalos de luz se hacen cada vez más cortos, a medida que el sol se desplaza día a día hacia el Solsticio de Invierno en la esquina derecha del horizonte. Con esta información, los sacerdotes mayas podían localizar perfectamente las cuatro esquinas que definen el movimiento del Sol visto desde la Tierra: los dos Solsticios y los dos Equinoccios.

LOS MAYAS CONSTRUYERON SUS CIUDADES COMO “INSTRUMENTOS” PARA OBSERVAR ELCOSMOS EINVESTIGARCÓMOFUNCIONABA

En sus principales ciudades construyeron una pirámide muy alta, un Templo Máximo frente a la plaza principal, para usarlo como observatorio astronómico. Les servía para registrar durante el día los movimientos del Gran Señor Sol y por las noches los desplazamientos de los planetas y estrellas, por encima de la copa de los árboles de la selva circundante. En lo alto de la pirámide se encontraba el altar donde el sumo sacerdote realizaba sus ofrendas –para luego dirigirse al pueblo que estaba abajo en la plaza– durante las ceremonias en que festejaban su relación con el Sol y con el cosmos. Muchos de esos Templos Máximos –como en “Waxak’Tun” y “Tikal”– eran observatorios mucho más precisos por haberles construido al frente, a unos 200 metros hacia el Este contra el horizonte, otras tres pirámides más pequeñas. Una a la izquierda, para servir de referencia al Solsticio de Verano, otra en el centro para registrar el punto de salida del Sol en los dos Equinoccios y la tercera a la derecha para determinar precisamente el Solsticio de Invierno. Les colocaban largos postes sobre una especie de cresta que se elevaba encima de la cubierta del altar, los cuales les servían de referencia para registrar, año tras año, los movimientos del Sol. Siempre estudiaban cuidadosamente la ubicación de las pirámides que construían alrededor del Templo Máximo –en cualquier dirección cardinal– para usarlas como otra referencia. Esta vez para observar y registrar los movimientos de alguna brillante estrella que fuera importante para sus investigaciones. Así construyeron sus ciudades como verdaderos instrumentos para investigar el cosmos.

ELSACERDOTE DE CADA PUEBLO SINCRONIZABA LOS CALENDARIOS CON LA REALIDAD

El “Ahaw Kan” o “Señor Serpiente”, quien era el máximo guía espiritual de los mayas –el sacerdote con mayor sabiduría y por lo tanto mayor jerarquía– nombraba un sacerdote en cada comunidad a quien llamaban el Nacón del pueblo. Éste era el guía espiritual del lugar y quien dirigía las ceremonias sagradas, los bautizos, la llegada de la pubertad, los matrimonios y los ritos mortuorios. Tenía además la responsabilidad de mantener sincronizados los calendarios del pueblo con la realidad. Para ello recibía del “Ahaw Kin” –el Señor de los Días, quien llevaba la Cuenta Larga– las fechas exactas en que se celebrarían los Solsticios y los Equinoccios y –cada cuatro años– la orden de extender los “WAY’EB” por un día adicional –para compensar el 0,25 de día del año solar que mide 365,25 días–, como hacemos nosotros en los años bisiestos. Se ha afirmado que los mayas no adicionaban ese día cada 4 años, lo que implica decir que sus calendarios no permanecían sincronizados con la realidad. Lo cierto es que esto era tan importante, que cada comunidad escogía entre sus más sabios ancianos cuatro asistentes para su Nacón. Estos eran llamados ¨Chaak Oob¨ y se encargaban de relacionar la posición del Sol, en cada una de las 4 esquinas de la realidad, con sus fechas en el calendario. Cada pueblo tenía sus marcadores de referencia de la posición del Sol en las cuatro esquinas sobre el horizonte, tal y como lo hacían en lo alto de sus pirámides. De no agregar un día cada cuatro años a los festejos de los “WAY’EB”, en sólo 20 años habrían tenido un desfase de cinco días entre la realidad y sus calendarios. Los cuatro “Chaak Oob”, quienes asistían al Nacón durante las ceremonias, conformaban con él un consejo para dirimir los asuntos comunitarios durante un año. Cada uno se encargaba simbólicamente de una de las cuatro esquinas de la plaza principal de su pueblo, que representaba en el microcosmos comunitario al Espacio Sagrado maya en el Universo. Desde esas cuatro esquinas expulsaban las malas energías con sahumerios y cánticos, convirtiendo la plaza en un espacio sagrado para las ceremonias, a donde sólo se permitía la entrada a los hombres purificados por el ayuno y a las ancianas del pueblo. En ese espacio sagrado realizaban ceremonias en los días de alta energía, cuando la Tierra –por su posición en el espacio– recibía estas energías del Sol, de las constelaciones y de los reflejos de la Luna y los Planetas. También hacían ceremonias –gracias a la exactitud de sus cálculos astronómicos– los días de eclipses de Sol o de Luna. Así equilibraban las energías de eventos que, al alterar el orden y la regularidad, eran considerados de mal augurio.

LOS “WAY’EB”ERANLOS FESTEJOSMÁSIMPORTANTES DELAÑO Y COMENZABAN CON EL EQUINOCCIO DE PRIMAVERA

Las más importantes festividades –de las muchas que celebraban cada año– eran los “WAY’EB”, en los cuales festejaban los cinco días de neutralidad e introspección. Para comenzar, extinguían todos los fuegos y se tiznaban con sus cenizas, como símbolo de ayuno y purificación. Sólo comían fruta y agua. Hacían ofrendas a las divinidades, examinaban su consciencia para ponerse en paz con todo el mundo y se conectaban con sus “Way Oob”. Los mayas creían que, al nacer, todo ser humano recibía su “Kanul”, “Way” o “Nagual”. Un compañero sobrenatural con esencia animal que lo cuidaba como un ángel de la guarda desde una dimensión no física. Algo así como una prolongación energética del alma del hombre en el inframundo. Las características y la forma de ese protector eran suministradas por la divinidad del día en que nacía la persona. Cada maya hacía ofrendas a su “Way”, durante los “WAY’EB”, en agradecimiento por sus cuidados durante el año transcurrido.

Sol el día del equinoccio en el mismo meridiano por el que en la noche aparecerá la estrella heliacal.


Estrella heliacal (que se mueve en el mismo meridiano del sol) registrada en el Equinoccio del año 1, sobre la vara de referencia ubicada sobre la pirámide roja.


Estrella heliacal en el equinoccio del año 2, que se desplaza más a la izquierda de la vara de referencia.


Estrella heliacal en el equinoccio del año 3, que registra un nuevo desplazamiento hacia a la izquierda.


Tres posiciones superpuestas de la estrella. La bóveda celeste precede 1º cada 72 años. Da un giro de 360º x 72 años= en 25.920 años. Esta precesión es el origen del Gran Ciclo Cósmico de 26.000 años y está relacionada con el movimiento de las constelaciones zodiacales frente a la Tierra.


LOSMAYASCONFIRMARONLA EXISTENCIA DEL GRAN CICLO Y SU RELACIÓN CON LA PRECESION DE LAS CONSTELACIONES
El día del Equinoccio, al amanecer, comenzaban las festividades. Los “Ahaw Kin Oob” (astrónomos que registraban el cielo desde lo alto del Templo Máximo) verificaban que el Sol se asomara al Este por el horizonte –en el punto referenciado con la alta vara– exactamente sobre la pirámide roja. Una marca que les servía de referencia visual, año tras año, para confirmar que efectivamente comenzaba el día en que el intervalo de luz y el de oscuridad eran iguales. Los festejos duraban todo el día y toda la noche, mientras desde lo alto, los astrónomos continuaban su trabajo. Su estudio del ascenso por el horizonte de las estrellas principales en la bóveda celeste. Las que utilizaban, año tras año, como referencia para verificar el Gran Ciclo Cósmico. En algunos casos, en ese día del Equinoccio, la oscuridad de la noche dejaba ver, exactamente al Este, una brillante estrella heliacal. Se la llama así porque se desplaza sobre el mismo meridiano por donde más tarde sale y se eleva el Sol, ocultándola con su brillo. Lo cual quiere decir que el astro y la estrella están en conjunción. En este caso los astrónomos mayas referenciaban, tanto el Sol en el día como la estrella en la noche, con la misma vara sobre la pirámide roja. Al año siguiente –al repetir la misma ceremonia– observaban cómo el Sol conservaba su posición, mientras la estrella se desplazaba un poco más hacia la izquierda de la vara de referencia. Cuando comprobaron que –año tras año– la estrella se desplazaba cada vez más hacia la izquierda de la vara, decidieron medir ese desplazamiento construyendo otras pirámides que sirvieran de referencia visual, desde el mismo Templo Máximo hacia otras estrellas. Gracias a esto pudieron verificar que ese movimiento retrógrado les sucede a todas las estrellas. Es decir, que lo que se desplaza hacia la izquierda, de equinoccio en equinoccio, es la bóveda celeste entera. Este desplazamiento es lo que la ciencia actual llama la “Precesión de los Equinoccios”.

LA BÓVEDA CELESTE PRECEDE 1º CADA 72 AÑOS Y DA UN GIRO DE 360º FRENTE A LA TIERRA EN 26.000 AÑOS: LA MEDIDA DEL GRAN CICLO QUE GENERA LOS CATACLISMOS

Los mayas encontraron que la bóveda celeste se desplazaba de manera regular 1º cada 72 años (la Luna llena ocupa medio grado en el cielo). Lo que quiere decir que 1º (dos lunas llenas) es una distancia considerable y perceptible a simple vista, más aún si se tiene un punto de referencia fijo, como los postes de madera que colocaban los mayas sobre las pirámides. Calcularon entonces que la bóveda celeste daba un giro completo de 360º frente a la Tierra en 26.000 años. Habían localizado el origen del Gran Ciclo Cósmico en la precesión que las constelaciones realizan, al medir su desplazamiento, año tras año, en el día del Equinoccio. Hoy sabemos que la posición del Equinoccio de Primavera en relación con las estrellas retrocede 50,3 segundos de arco (0,01396º por año), lo que equivale a decir que preceden 1º cada 72 años. En 25.920 años (72 x 360º = 25.920) la posición de una estrella el día del Equinoccio da un giro completo hasta regresar al mismo punto. El movimiento precesional se hace evidente, al registrar durante varios años un punto en el horizonte por donde asciende una estrella. Los mayas encontraron un patrón repetitivo, un ciclo fundamental de la energía y de la inteligencia en el cosmos, que estaba relacionado con las estrellas.

El Universo es un todo interconectado, tiene patrones de orden que relacionan los eventos astronómicos con los sucesos humanos. Como veremos, los arquetipos astrológicos y las combinaciones de energía que llegan a la Tierra por las posiciones de los astros, determinan las sincronicidades y la secuencia de experiencias que los seres humanos debemos experimentar para garantizar la evolución de nuestra consciencia.