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sábado, 13 de marzo de 2010

6-LA REVELACIÓN DEL SOL


Los mayas encontraron que la realidad se ajusta a un Orden Supremo

El profundo estudio que los mayas hicieron del Sol les permitió develar la existencia de un Orden Sagrado, un orden causal inherente a la realidad en la que existimos. Esta comprensión es su más importante legado, más aún para el hombre actual, para el que nada es sagrado, para quien lo único que existe es la materia que puede ver y tocar. Los mayas encontraron que ese orden controla el comportamiento de la naturaleza, la manera secuencial como se manifiestan las fuerzas elementales; la luz y el calor, el viento y el agua. Todos los fenómenos naturales que le dan continuidad a la vida, se ajustan a ese Orden Supremo; los eventos que determinan la manifestación del instante inmediato, los acontecimientos cíclicos a los que se acostumbra nuestra mente, aquellos que nos permiten esperar sin angustias las transformaciones dinámicas del Universo.

También los eventos súbitos generados por la naturaleza –Eventos de Destino inesperados– que cambian la vida del individuo y de la colectividad, forman parte de este Orden. Las tempestades, los tornados, los huracanes, los terremotos y las erupciones volcánicas –eventos aparentemente caóticos– también forman parte de este orden; sólo que –por su complejidad– pertenecen a una escala mayor, por lo tanto más difícil de percibir. Este Orden causal genera cambios inesperados y transformaciones en la realidad física, para potenciar cambios en la mente e impulsar la evolución del espíritu y de la consciencia del hombre.

El hombre actual –convencido de su autosuficiencia por la gran capacidad de manipulación y control que ha adquirido sobre la naturaleza– cree en cambio que la vida y la consciencia son el resultado de un accidente; que el Universo es un mecanismo sin propósito y sin destino; que sólo él –y por casualidad– tiene consciencia e inteligencia. La naturaleza es vista sólo como un recurso material; minerales para explotar, animales para comer, agua para generar electricidad o para irrigar los cultivos necesarios para sobrevivir. No son parte de una unidad fundamental, de un todo coherente y consciente que trabaja con nosotros para potenciar la evolución colectiva. Esta visión arrogante se ensombrece aún más con la concepción de que el momento actual es superior a todo momento pasado y que la naturaleza sólo existe para satisfacer nuestro egoísmo. Esta arrogancia ha empobrecido espiritualmente nuestra sociedad; nos tiene consumidos en una existencia angustiada, sin propósitos claros, y ha generado la crisis ecológica que experimentamos.

Los mayas creían que este orden invisible –que sólo puede ser visto a través de la inteligencia de la razón o con la sensibilidad de la intuición– es el sustento, la base que fundamenta nuestro libre albedrío. Existe para que experimentemos en carne propia y secuencialmente esos eventos, para que al decidir cómo actuar ante ellos, obtengamos resultados en nuestra vida. Si analizamos cuidadosamente qué tipo de resultados generan nuestras decisiones, obtenemos comprensión sobre ese mismo orden y la sabiduría necesaria para generar armonía y mantener nuestra paz interior. No creían que el hombre debía actuar como un títere, ciñéndose a un libreto escrito por un ser superior, sobre el cual no tenemos ninguna responsabilidad. El orden no presupone un determinismo rígido; existe para permitirnos manifestar libremente nuestra esencia, para dar lugar a una eterna manifestación de diversidad e individualidad. Curiosamente este pensamiento coincide con las conclusiones de la Física Cuántica, en las que aquello que va a suceder no se puede determinar exactamente, sólo podemos conocer sus probabilidades de manifestación. Las decisiones de la consciencia colectiva determinan lo que sucede en el instante siguiente, pero siempre pueden sobrevenir sorpresas en el último momento. Para los mayas esto sucede porque El Todo responde al consenso. El ser supremo que entre todos conformamos –esa portentosa inteligencia que tiene un infinito poder y una absoluta sabiduría– pliega su voluntad y tan sólo observa desde la neutralidad de su amor. Tolera y respeta nuestras decisiones y las experiencias que éstas nos producen, mientras vamos aprendiendo a ajustar nuestro albedrío a un orden que garantiza nuestra evolución y nos conduce a la felicidad.

Los astrónomos mayas utilizaron diversos instrumentos para registrar, medir, comparar, verificar y comprender los movimientos del Sol; para cuantificar la cantidad de energía que irradia, para develar el orden del cual es parte y principal generador. Un orden trascendente que esperaba ser descubierto y admirado por la inteligencia del hombre. Los suyos eran instrumentos solares que podríamos llamar de alta tecnología, pero muy sencillos e ingeniosos, gracias a los cuales lograron esa fascinante exactitud en sus calendarios. Instrumentos que eran utilizados en secreto por los Ahaw Kin Oob –sacerdotes dedicados a la astronomía y a las matemáticas– para obtener un conocimiento hermético del cual se derivaba gran parte de su poder.

EL GNOMON, UN SENCILLO INSTRUMENTO CON EL QUE ENCONTRARON LA ORIENTACIÓN DEL ESPACIO SAGRADO

El primero de sus instrumentos fue el gnomón. Se trataba de una estaca o de una vara larga cuya sombra iba formando un mandala sagrado. Un círculo con radios graduados y ajustados a los movimientos del Sol en el cielo durante todo el año. Las marcas establecidas eran usadas posteriormente para medir el transcurso del intervalo de luz de cada día y para orientar de manera muy precisa su arquitectura. Al salir el Sol, la larga vara proyectaba una sombra que cruzaba el círculo a su alrededor en un punto. Lo mismo ocurría al atardecer, momentos antes de ponerse el Sol. Al trazar una recta entre esos dos puntos sobre el círculo se obtenía un eje Este-Oeste, la proyección del arco por el cual se había movido el sol en ese día. Al repetir este ejercicio todos los días del año, confirmaron la posición de las cuatro esquinas del espacio sagrado maya: los extremos izquierdo y derecho de los solsticios; el verdadero eje Este-Oeste que se marca de manera muy precisa el día de los equinoccios, que al dibujarle una perpendicular permitía encontrar el eje Norte-Sur; y con éste, los cuatro puntos cardinales con los que orientaban sus ciudades. Puntos que las relacionaban al orden cósmico, generado por el Sol en esta escala de la realidad.

De la utilización de este sencillo instrumento derivaron el primer componente del Orden Supremo en el espacio: su sagrada orientación. La asociaron a sus 4 colores sagrados –rojo, blanco, negro y amarillo– con los que crearon una secuencia ininterrumpida para comenzar a develar las características individuales de cada día. Los mayas creían que los días eran entidades conscientes, espíritus inteligentes que influían en la mente del hombre propiciando conductas individuales y colectivas. También comprobaron su influencia sobre la naturaleza, como cambios en los vientos y en las lluvias, e incrementos o disminuciones de los vórtices ascendentes de energía telúrica en los sitios de poder sobre los cuales construyeron sus templos y pirámides. Sus 4 colores sagrados representaban muchos principios de orden que actuaban simultáneamente: los 4 puntos cardinales, las 4 esquinas de un cuadrado perfecto, la cubierta del cubo poliédrico que da forma al mundo material. También representaban a los 4 tipos de energía –que llamaron los 4 K’uh’Ul Oob–, las esencias divinas que surgen del centro del Universo: lo masculino y lo femenino, lo positivo y lo negativo. Aquellas que daban lugar a los 4 grados de libertad que puede adoptar la energía al condensarse en materia: lo caliente y su opuesto lo frío, lo húmedo y su opuesto lo seco. Los que, a su vez, dan lugar a los 4 elementos de la naturaleza: el fuego y el aire, que son principios activos; el agua y la tierra, que son principios pasivos. Los mayas usaron sus 4 colores sagrados para representar todos estos conceptos que describen la intensidad y el tipo de energía que llega al espacio del hombre.





El primer color es el Rojo, que representa al Este. El amanecer, el comienzo del día, cuando la energía que impulsa todos los procesos transformadores es creciente. La primavera. La siembra. Lo seco, el fuego y la Tierra. El segundo color es el Blanco, que representa al Norte. El mediodía, el clímax, la máxima intensidad de la energía. El verano. Las flores. Lo caliente, el aire y el fuego. El tercer color es el Negro, que representa al Oeste. El atardecer, cuando cesa la energía que impulsaba todos los procesos. Los frutos. El otoño. Lo húmedo, el aire y el agua. El cuarto color es el Amarillo, que representa al Sur. La noche. Cuando el sistema entra en receso para vitalizar la semilla del siguiente ciclo. Lo frío, el agua y la tierra. De todo lo anterior surge el glifo, imagen con la cual los mayas representaron al Sol, una flor de 4 pétalos de la que salen 4 estelas de energía en dirección a la Tierra. Las llamaron Kan Xtab Ka' An, las “cuatro cuerdas del cielo”. Irradian hacia las cuatro direcciones cardinales, dando lugar a las cuatro esquinas del espacio sagrado maya.




LAS CAVERNAS, OBSERVATORIOS CENITALES QUE UTILIZARON PARA MEDIR LA DURACIÓN DEL AÑO SOLAR

El segundo instrumento fue una tecnología heredada de los olmecas. Se trata de una caverna acondicionada como observatorio para registrar y medir el paso cíclico por el cenit del Mayab. En el Solsticio de verano, el Sol sale por el punto máximo al Noreste del horizonte terrestre. Al mediodía ocupa un punto en el cenit sobre una línea imaginaria –paralela al ecuador, 23,5º más arriba– que llamamos el Trópico de Cáncer. En ese momento sus rayos caen verticalmente sobre esa línea imaginaria. Los mayas ubicaron sus ciudades entre los 15º y los 23,5º de latitud norte, por lo que podían observar el Sol al mediodía en el cenit sobre sus cabezas, cuando las sombras que produce se encuentran bajo los objetos y los pies del observador. Aprovechando esto, en algunos lugares de México y Guatemala los mayas horadaron una estrecha chimenea desde la bóveda de una caverna hasta la superficie exterior y la forraron con bloques de piedra cortada para darle una forma hexagonal de unos 25 cms de diámetro. Buscaban controlar la entrada cenital de la luz del Sol al interior de la caverna, para medir de manera precisa el tiempo que le tomaba pasar nuevamente por el mismo punto. En la boca exterior del ducto lumínico colocaron una lámina delgada de cobre con una pequeña perforación en forma de T. La hendidura permitía que un rayo muy estrecho de la luz del Sol –cuando estuviera en posición cenital directamente sobre la chimenea– iluminara una base de piedra que colocaban en el piso de la cueva. Sobre ésta marcaban la posición exacta del rayo de luz en el paso cenital del Sol y luego –año tras año– verificaban el momento en que el rayo volvía a iluminar la marca previamente hecha sobre la piedra. En la zona tropical del planeta, el Sol realiza dos pasos cenitales cada año –uno en el primer semestre y otro en el segundo–, en fechas que varían dependiendo de la latitud del lugar donde se encuentra la caverna. Los astrónomos contaron los días transcurridos entre los tres intervalos que generaban esos dos pasos cenitales del Sol en el año, cuando el rayo volvía a ocupar la misma posición sobre la marca en la base de piedra. Así lograron averiguar que la duración exacta del año solar era de 365 y un cuarto de día, exactamente 365,242203 días. Esta información aparece registrada en Palenque, en dos fechas talladas con una diferencia de 550.420 días entre sí. Cifra que guarda la correspondencia entre los 365 días del calendario que llamaban el Haab (que significa el “ciclo de las lluvias”) y el año solar. Cada 1.507 vueltas de la rueda del Haab equivalen a 1.508 años solares. (550.420/1508 = 365 y 550.420/1507 = 365,242203). Conocían entonces el intervalo exacto de la órbita de la Tierra alrededor del Sol; pero, para facilitar sus cuentas, prefirieron usar la medida del año maya de 360 días o el Haab de 365 días cuando necesitaban más precisión.

LOS ALTARES DE LAS PIRÁMIDES, OBSERVATORIOS PARA REGISTRAR LOS MOVIMIENTOS DEL SOL CON PRECISIÓN

El tercer instrumento –el más maravilloso y preciso de todos con los que los sacerdotes mayas estudiaron el Sol– fue un desarrollo del principio usado en las cavernas para registrar los pasos cenitales. Construyeron los altares de sus pirámides a manera de instrumentos ópticos para el registro horizontal y secuencial de los movimientos anuales del Sol.

Esta información proviene de investigaciones y pruebas realizadas durante más de diez años en diferentes observatorios prehispánicos, por el ingeniero mexicano Jorge Alberto Báez. Sus pruebas le permitieron verificar que tanto olmecas, como mayas y aztecas utilizaron cavernas naturales y los altares de sus pirámides como instrumentos para medir de manera muy precisa los desplazamientos del Sol. Cuando nos encontramos en Colombia con el propósito de compartir información, construimos un observatorio solar en el que he podido reproducir la manera simple pero extraordinaria como los mayas registraron sus movimientos. http://kryon.com/orbs/orbs.html



El altar dividido en dos partes una pública y otra secreta y cientifica donde registraban el Analema.


El Sol al desplazar cada día su punto de salida en el horizonte, desplazaba el rayo de luz y movía el punto en el que tocaba la pared, formando el Analema.


Los Altares de las pirámides cumplían simultáneamente dos funciones, una religiosa y una científica. Construidos a considerable altura –sobre las copas de los árboles de la selva que los rodeaba–, estaban libres de obstáculos para recibir directamente los rayos del Sol. Dividieron el altar en dos espacios, ambos cubiertos por la típica bóveda maya de piedra. El primero era un espacio abierto, desde donde el Sumo sacerdote se dirigía al pueblo y a través del cual accedían al segundo espacio, un salón cerrado al cual sólo los astrónomos encargados de su funcionamiento, el Sumo sacerdote o el Rey podían entrar. La pared que separaba los dos espacios se orientaba hacia el Este. Casi siempre tenía una figura sagrada tallada en piedra y una puerta profusamente tallada en madera y adornada con un precioso dintel, que ocultaba el propósito científico de la cámara interior. Servía además para camuflar un pequeño círculo en lo alto y en su centro que tenía una lámina de cobre con un pequeño orificio en forma de T. La perforación permitía la entrada al salón en penumbra, de un rayo muy fino de luz que iluminaba con un punto redondo la superficie de la pared trasera. Los astrónomos marcaban, todos los días a la misma hora, el punto donde el rayo de luz tocaba la superficie blanca preparada en la pared. Utilizaban una clepsidra (un sencillo reloj de agua), una vasija de barro, con un orificio en la base de un tamaño adecuado para asegurar el goteo del líquido durante un intervalo de un día hacia otra vasija receptora, que a su vez goteaba hacia una tercera vasija. Esto les permitía utilizar el mismo intervalo todos los días, garantizando que siempre se registrara el rayo de Sol en el mismo momento. Como el Sol se desplazaba todos los días frente al horizonte por la órbita de la Tierra a su alrededor, el punto de luz se desplazaba cada día un poco sobre la pared. Al registrarlo de manera sistemática durante los 365 días del año, la sucesión de puntos conformaban una gráfica con la forma del signo infinito. La ciencia actual la conoce hoy como el Analema.




El Analema es una curva cerrada que describe la posición del Sol en el cielo al registrarlo todos los días del año a la misma hora y desde el mismo lugar de observación.


Foto tomada por Tunc Tezel

Hoy se puede tomar una fotografía compuesta del Analema. Se fija sobre un trípode una cámara dirigida hacia el este y se toman fotografías a intervalos fijos –cada día o cada semana– sin mover la cámara. Se puede lograr sobreimprimiendo sobre la foto anterior o tomando fotos independientes para luego unirlas en un programa de edición fotográfica como Photoshop. La foto resultante tendrá siempre la misma forma del Nº 8 que obtenían los mayas en su gráfica. La curva del Analema que representa el movimiento infinito o continuo del Sol frente al horizonte.


Las 4 Estaciones Climáticas


El Analema develó el ciclo exacto formado por las cuatro esquinas del Sol. Los solsticios y los equinoccios que dan lugar a las 4 estaciones climáticas. También permitió encontrar exactamente los dos días del año en que el sol pasa al mediodía por el cenit –sobre la pirámide y sobre la caverna de observación– en esa latitud . Es el punto de cruce de la curva que conforma el signo de infinito.

Secuencia de 4 colores sagrados


Como resultado del registro sistemático del Sol en el Analema y su concordancia con eventos y fenómenos naturales, los mayas encontraron que el Sol varía la intensidad de su irradiación en períodos de 4 días; 2 en los que ésta se incrementa y 2 en los que decrece. Esto produce una ondulación energética que representaron con su secuencia ininterrumpida de 4 colores sagrados.


Secuencia de 18 meses de 20 días

Conformaron –con cinco de esos grupos menores de cuatro días– una secuencia mayor de 20 días que también registraron en el Analema. La concibieron de manera que cada día recibiera un número del 0 al 19, más uno de los 20 glifos solares (arquetipos o principios que influencian la mente del hombre y generan cambios en la naturaleza), los cuales añadían a la secuencia información sobre los procesos evolutivos que se podían experimentar durante esos 20 días. Fue así como crearon un nuevo patrón significativo y trascendente que contribuye a individualizar el espíritu de cada día. De la sucesión anterior surgieron los 18 glifos de los meses mayas de 20 días, otros arquetipos que a su vez le agregan información y las distintas características de un período mayor (el año maya) a cada día. Esto aporta grandes diferencias y potencialidades a esos 18 períodos por la posición que tiene el planeta en relación con el Sol en cada uno. La nueva secuencia de 18 meses contribuía con su información a determinar qué días inhibían o favorecían las distintas actividades que realizaba la comunidad, como la caza del venado, la apicultura, la siembra o el comercio.

Con el Analema también registraron las manchas solares y tormentas magnéticas más intensas. Éstas generan poderosos vientos solares que al llegar a la Tierra empujan su campo electromagnético, lo que a su vez mueve las placas tectónicas. Cuando esto pasaba, el punto donde tocaba el rayo del sol la pared del fondo se movía. Se salía del orden que llevaban los puntos anteriormente registrados. Se ha comprobado que cada 11 años en los picos de actividad de las manchas solares, aumentan los terremotos y las erupciones volcánicas. Las variaciones en el Analema facilitaban la predicción de su proximidad, lo que permitía que la comunidad se preparara. De manera similar estas manchas aumentan los infartos cardíacos y los ataques epilépticos en el hombre, por lo que había que extremar los cuidados con las personas que tuvieran esas condiciones durante esos períodos. Las cámaras horizontales de observación solar en los altares también les sirvieron para determinar de manera muy precisa cuándo sucederían los eclipses e inclusive las fases de la Luna.



LAS PIRÁMIDES ERAN PUNTOS FOCALES PARA OBSERVAR EL SOL Y DEVELAR CÓMO SE AJUSTA EL ESPACIO A PROPORCIONES SAGRADAS

Las pirámides que construyeron eran entonces sofisticados instrumentos científicos. Los astrónomos mayas utilizaron su Templo Máximo –la pirámide principal de sus más importantes ciudades estado– como punto focal para observar, registrar y construir a su alrededor un espacio sagrado desde el cual estudiaron el Sol. Buscaban construir un modelo mental que les permitiera comprender cómo funcionaba el Universo. Ese punto focal era el centro de varias esferas que operaban a distintas escalas. De esta manera verificaron la existencia de un orden escalar. Un patrón irregular, no simétrico, que se repetía a distintas escalas, en el que cada una de sus partes era proporcional a todas las demás y conservaba fielmente sus mismas características esenciales.

Hoy llamamos un fractal a ese tipo de orden escalar. El modelo del Universo maya estaba modelado y organizado por fractales. Ellos confirmaron la existencia de unas Proporciones Geométricas Divinas que condicionan las formas y que son constantes en múltiples escalas de la realidad. Esta repetición genera patrones similares y recurrentes a distintas escalas. Un Orden Supremo que genera un enorme espacio sagrado en cuyo interior anida todo lo que existe. En donde se conecta lo micro con lo macro, la tierra con el cielo, el hombre con El Todo. Un orden fractal que permite establecer correspondencias entre lo que está Arriba y lo que está Abajo; entre lo sutil y lo denso en la escala vertical de la realidad. Un orden espacial que también es jerárquico. Donde lo de arriba, lo sutil, determina lo de abajo, lo denso.

Sólo tres códices sobrevivieron la quema realizada por el fraile Diego de Landa en Yucatán, en la que se perdieron miles de documentos mayas. Curiosamente los tres constituyen la prueba de sus conocimientos astronómicos. El Códice Dresde, el “Kumatzim Wuj Jun” –como lo llamaban los mayas– contiene cálculos que relacionan los movimientos de la Luna, el Sol y la Tierra. Es una banda de papel pintada por las dos caras, fabricada con fibras de la corteza de la higuera. Tiene 78 secciones de 8,5 x 20,5 cms. Desplegado mide 3,5 metros de largo. Las tablas astronómicas inscritas demuestran que sabían que la Luna orbitaba la Tierra y que en ese recorrido se interponía cíclicamente entre ésta y el Sol, eclipsando sus rayos. También sabían que la Tierra eclipsaba cíclicamente la Luna llena, porque esos mismos códices relacionan eclipses solares y lunares, con ceremonias a sus divinidades y con los ciclos de lluvias. El Códice Dresde demuestra cómo se dedicaron –desde lo alto de sus pirámides– a diferenciar y a individualizar cada día del año. A determinar el tipo y la cantidad de energías que recibía la Tierra cada día, estudiando la posición de las distintas fuentes que la irradian y su relación con el planeta.

UTILIZARON EL DÍA DEL EQUINOCCIO COMO UN PUNTO DE REFERENCIA TEMPORAL PARA DEVELAR LOS CICLOS QUE DETERMINA EL ORDEN SUPREMO

De manera similar, utilizaron el día del equinoccio de primavera en el Hemisferio Norte –el día en que el intervalo de oscuridad es igual al intervalo de luz– como un punto de referencia temporal.  Durante siglos, en ese mismo día, año tras año, observaron y registraron desde lo alto de sus pirámides los movimientos de los astros. Simultáneamente estudiaron la manera como sus energías afectaban las fuerzas elementales como el viento y la lluvia, generando transformaciones en toda la naturaleza, en la mente y en la vida cotidiana del hombre. Gracias a este punto de referencia temporal, lograron develar innumerables ciclos. Ciclos generados por los movimientos concatenados de las principales fuentes de energía en el cosmos. Ellos las veían como divinidades encarnadas en astros; como arquetipos; principios de orden o jerarquías universales, que ejercían su influencia ordenadora sobre las características de personalidad y sobre las vidas de los hombres. Todo esto, mientras reencarnaban en una Tierra que gira sobre su eje, que órbita al Sol y que precede hacia las constelaciones de estrellas. Ciclos energéticos e influencias de procedencia sagrada que inducen eventos repetitivos en múltiples escalas. Los Intervalos revelan que no sólo el Espacio se ajusta a una Proporción Geométrica Divina. También el Tiempo se ajusta a una Progresión Matemática Sagrada, conformando entre ambos –espacio y tiempo– un Orden Sagrado, que determina cuándo tienen lugar la sucesión de eventos que inciden en la consciencia del hombre.

Los mayas encontraron que la realidad tiene una unidad y una coherencia extraordinarias, que existen correspondencias entre los movimientos de los planetas y los eventos que les suceden a los hombres. Que los astros ejercen influencia sobre nuestros estados de ser y nuestras actitudes. Las relaciones geométricas sagradas y las progresiones matemáticas divinas generan sincronicidades entre todo lo que existe en un Universo dinámico. Conectan y correlacionan lo de arriba con lo de abajo. El Cosmos y la naturaleza, son presencias espirituales que se unen para potenciar la evolución de nuestra consciencia. Todo está interconectado, alerta y despierto, con el mismo propósito inteligente. Los sacerdotes y filósofos mayas consideraban que el propósito del Orden Supremo era garantizar un proceso eterno: la evolución de la consciencia de una infinita sucesión de entidades inocentes, que encarnamos en el Universo para aprender sobre lo que es verdad; para obtener comprensiones –a través de experiencias en carne propia– sobre el amor; la esencia divina que permite la manifestación de la diversidad. De esta manera, a través nuestro –de los miles de millones de millones de seres únicos y originales que existimos y que han existido, en miles de millones de planetas y realidades paralelas– El Todo manifiesta su enorme potencialidad y extrae comprensiones sobre su propia esencia. Verdades que atesora en su memoria –a la cual llamamos los registros Akazikos– mientras observa neutro e imparcial las creaciones que experimentamos y la manera en que libremente nos autotransformamos en seres cada vez más sabios, más humildes, más respetuosos y amorosos.

LOS 20 GLIFOS SOLARES SAGRADOS MAYAS, ARQUETIPOS QUE ILUMINAN LA REALIDAD


Cauac o Kawoq es el día de la clarividencia. Cuando se manifiestan las revelaciones.

Etznab o Tijaax es el día para evaluar con neutralidad el camino recorrido. Cuando hay
que tomar consciencia para saber lo que debemos cambiar.

Caban o Noj es el día de la sabiduría. Cuando hay que asumir el liderazgo y orientar a los demás

Cib o Ajmaak es el día para conectarse con la mente de la galaxia. Cuando hay que tener voluntad y disciplina para cambiar.

Men o Tzi’Kin es el día de la alta consciencia, de conectarse con los demás y dar gracias. Cuando hay que dedicarse a las artes.

Ix o B’alam es el día en que aparece el vidente, el hechicero, el que tiene poderes mágicos. Cuando pueden llegar eventos no deseados.

Ben o Aj es el día para explorar la naturaleza. Cuando hay que contactarse con el Cosmos y relacionarse con los niños.

Eb o Bee es el día de tomar el camino que nos conduce a nuestras metas. Cuando para respetar y tolerar, hay que dejar de juzgar.

Chuen o B’aatz’ es el día de la creatividad. Cuando hay que construir y ser solidario con los demás.

Oc o Tz’I es el día para disfrutar la vida emocional y la sexualidad. Cuando hay que valorar la lealtad y la fidelidad.

Muluc o Tooj es el día para evaluar y neutralizar el pasado. Cuando hay que aceptarlo y asumirlo para poder fluir con el Universo.

Lamat o Qanil es el día de la multiplicación. Cuando los resultados de los procesos se manifiestan como frutos en la creación.

Manik o Keej es el día de la sensibilidad. Cuando la mente se abre hacia los mundos invisibles, donde se encuentran los guías y los protectores.

Cimi o Kame’ es el día en que termina un ciclo. Cuando ocurre la transformación y llega un nuevo comienzo.

Chichan o Kaan es el día en que aparece la autonomía. La individualidad consolidada que comienza su camino evolutivo.


Ak’Bal o Aq'ab'al es el día en que el cuerpo desarrollado nace. Cuando se conecta con el espíritu a través de la primera bocanada de aire.

Ik o Iq es el día de la concepción. Cuando la corriente vital entra en la matriz y comienza a desarrollar el cuerpo.

Imix o Imox es el día en que la unidad da origen a la diversidad de espíritus. Cuando los procesos evolutivos comienzan

VERIFICARON QUE LA IRRADIACIÓN DEL SOL CAUSA EL CLIMA, LA LLUVIA Y LOS VIENTOS

Los mayas verificaron que el Sol –al ser la principal fuente de energía que recibe nuestro planeta–, además de ser la causa de todos los fenómenos naturales, el sustentador de la vida sobre la Tierra, es el generador del orden espacial y temporal, en múltiples escalas de la realidad. La radiación del Sol no es constante; por ello estudiarlo, registrar los cambios en la cantidad de energía que irradia y los efectos que estos cambios producen sobre la Tierra, no fue sólo una inquietud filosófica y religiosa para los mayas, sino una necesidad esencial para su supervivencia. Su alimentación, los cultivos que tenían, los animales que cazaban, dependían de su energía. El Señor de la luz –Kin’Ich Ahaw, como lo llamaban– es el principal generador de los ciclos que afectan a la naturaleza y a la consciencia del hombre. Su luz da forma y sustento a la vida. Las plantas la absorben y la transmutan a través de la fotosíntesis y la fijan como energía química en las sustancias de su organismo. Los animales y los hombres, a través de su proceso digestivo, las transforman en ácido carbónico y agua, liberando la misma energía absorbida por la fotosíntesis para el funcionamiento de su cuerpo.
Saber de qué manera las posiciones relativas de la Tierra, la Luna y el Sol determinan variaciones en esa energía, fue motivo de una investigación que ocupó a sus sacerdotes durante muchas generaciones. El Códice Madrid –el más largo de todos– tiene 115 secciones y desplegado mide 6,80 metros. Tiene tablas con las fechas adecuadas para las ceremonias en honor a la Luna y a Chaak, la divinidad de la lluvia. Confirma los períodos de lluvias en el año; un conocimiento esencial para la siembra y para el desarrollo adecuado de los cultivos.

Sus estudios del Sol develaron un orden que se manifiesta en los calendarios que diseñaron, los más precisos de civilización alguna sobre la Tierra. La energía que irradia el Sol hacia la Tierra –esencialmente la cantidad de luz visible y de rayos infrarrojos que calientan la superficie del planeta– es lo que determina fundamentalmente el clima de una región. Su posición geográfica define qué cantidad de esta energía puede recibir anualmente. Entre más cerca del Ecuador, más irradiación solar recibe y la zona será más cálida y tropical. En las regiones más cercanas al Ecuador –entre los 10º de latitud Norte y Sur– no hay sino dos estaciones, una seca y otra de lluvias; el rango de la energía que recibe se mantiene casi constante durante todo el año. La Tierra rota sobre un eje inclinado mientras realiza una órbita elíptica alrededor del Sol. Esto hace que el Hemisferio Norte y el Hemisferio Sur se acerquen o se alejen del Sol, por lo que la cantidad de irradiación que reciben varía. En el hemisferio que se inclina hacia el Sol, tiene lugar el verano porque recibe más luz y calor, lo que hace que haya días más largos y noches más cortas. Mientras tanto, en el otro hemisferio, que recibe menos energía, sucede el invierno; los días son más cortos y las noches más largas. La irradiación del Sol –la cantidad de energía solar recibida por la superficie de la Tierra– determina el clima, la generación de vientos en la atmósfera y de nubes en el cielo. Por lo tanto el Sol define la cantidad de lluvia que se produce. La irradiación solar evapora el agua del suelo al calentar la superficie de la Tierra, lo que a su vez calienta el aire en la atmósfera. El aire húmedo y caliente es más liviano –menos denso que el que lo rodea–, por lo cual tiende a subir. Al hacerlo, se expande, puesto que a mayor altura es menor la presión atmosférica. Al expandirse se enfría y el vapor de agua que porta se condensa en pequeñas gotas de agua o cristales de hielo, los cuales se agrupan formando nubes. Eventualmente esta condensación se vuelve muy pesada y cae a tierra como lluvia o nieve, dependiendo de la temperatura de la atmósfera. Quiere decir entonces que el ciclo de lluvias también es producido por el Sol.

A medida que el aire caliente asciende, el aire frío ocupa su lugar, lo cual genera los vientos alrededor del mundo. Los vientos son aire en movimiento ocasionado por la irradiación del Sol y por el efecto “Coriolis”, que afecta a todo lo que se mueva sobre la superficie del planeta. La rotación de la Tierra –de izquierda a derecha– empuja el viento hacia la derecha en el Hemisferio Norte y hacia la izquierda en el Hemisferio Sur. Este es el efecto que llamamos “Coriolis” por su descubridor Gaspard-Gustave Coriolis.

Para los mayas los vientos eran una muestra poderosa de la relación de Chaak –divinidad del agua y del viento– con el Sol. Chaak manifestaba la niebla, las nubes, el trueno, el relámpago, la lluvia y la tormenta. Encarnaba en los lagos, los ríos y los mares. Activado por el Sol, Chaak lloraba y de sus grandes ojos brotaba la lluvia –su Itz o esencia– en forma de lágrimas. Cuando Chaak respiraba, su aliento exhalaba el gran espíritu del viento, desde las mismas cuatro esquinas del Universo por donde aparecen los solsticios y los equinoccios. A los vientos los llamaban Ik, palabra que también significa espíritu y aliento. Había vientos benévolos, como el viento cálido del Este y el poderoso viento del Norte. También había otros malévolos, como el helado viento del oeste y el viento húmedo del Sur. En ocasiones, activado por el Sol, Chaak hacía que los vientos y las lluvias se convirtieran en tempestades capaces de causar grandes daños. También en tornados, los cuales son remolinos de viento que concentran una gran cantidad de energía en una pequeña área por un corto tiempo, lo que les da una gran capacidad de destrucción.

En las zonas mayas, muy cercanas a los trópicos, una tormenta –sobre las aguas más cálidas del océano– puede convertirse en huracán, cuando las velocidades del viento aumentan a más de 150 kph. Una vez formados, los huracanes toman energía del calor del océano y del aire húmedo que se encuentra sobre éste. Mientras un huracán se encuentre sobre aguas cálidas, continuará creciendo; y se debilitará al desplazarse tierra adentro o lejos del trópico, en donde las aguas oceánicas son más frías.

Hemos visto cómo, utilizando los más ingeniosos y precisos instrumentos científicos, los mayas develaron el Orden Supremo y los ciclos que –a través del Sol– éste genera en la realidad. Así pudieron elaborar sus profecías para estos tiempos. Porque son los cambios cíclicos del Sol –los aumentos en su irradiación– los que tienen la capacidad para crear al principio y al final del Gran Ciclo Cósmico (cada 26.000 años) un cataclismo sobre el planeta. También pueden generar en su punto intermedio –momento que estamos viviendo actualmente– innumerables Eventos de Destino: fuertes aumentos de temperatura, derretimiento de polos y glaciares, terremotos, erupciones volcánicas, supertormentas, grandes alteraciones en el régimen de lluvias, inundaciones, tornados y huracanes.


sábado, 13 de febrero de 2010

2-EL TIEMPO DEL NO-TIEMPO


LLEGÓ EL TIEMPO DE LA NEUTRALIDAD.

Para evaluar lo que hemos construido, corregir los errores cometidos y decidir el rumbo para los siguientes 13.000 años del Gran Ciclo Cósmico.

El Sistema Solar se encuentra en el punto intermedio del Gran Ciclo Cósmico de 26.000 años. El corto período de intensa transformación que los mayas llamaron “El Tiempo del No-Tiempo”. Un ”Momento Evolutivo” que, como veremos, tiene unas características especiales para generar estados de neutralidad en los seres humanos. Sólo la neutralidad nos permite evaluar con imparcialidad lo que hemos construido en nuestras vidas y en la manera como hemos organizado nuestra sociedad. Es así como podemos corregir los errores cometidos a nivel individual y colectivo, encontrar falsas creencias que fundamentan las decisiones equivocadas que nos producen los estados mentales negativos, el conflicto y el sufrimiento que nos impiden alcanzar la paz interior y la felicidad. Este proceso, que de acuerdo con los mayas forma parte de un Plan Superior que ordena la realidad, busca generar cambios de estado en el interior de los hombres. Cuando muchos individuos cambian, se produce una transformación de la mente colectiva que genera profundas modificaciones en la sociedad. Esto permite que surja un orden más armónico, equilibrado y solidario.

“El Tiempo del No-Tiempo” es el punto de transición del Gran Ciclo Cósmico. Sucede para que definamos deliberadamente el rumbo de la humanidad en los siguientes 13.000 años. Sin embargo, no es fácil que el hombre haga una evaluación de su vida. El ritmo de los tiempos, las preocupaciones habituales de la ”lucha por sobrevivir” y el materialismo reinante hacen que el ojo de nuestra mente permanezca enfocado hacia el exterior. Más difícil aún es lograr que dejemos de engañarnos a nosotros mismos o que tengamos la claridad suficiente para hacer una evaluación imparcial de lo que hemos vivido.


Parte esencial de “El Tiempo del No-Tiempo” son los Eventos de Destino


Es por esto que en “El Tiempo del No-Tiempo” ocurren muchos Eventos de Destino. Situaciones difíciles e inesperadas que alteran profundamente el orden existente en nuestras vidas. Eventos que conducen a que nos saturemos de sufrimiento, que acercan la muerte a nuestras vidas. Sólo algo tan conmovedor como la presencia cercana de la muerte -así sea través de las noticias en los medios de comunicación- nos induce a hacer un alto en el camino. También nos detiene y nos hace reflexionar un Evento de Destino personal que rebosa la copa de nuestro sufrimiento, nos hace tocar fondo y decidir que, pase lo que pase, ya no queremos sufrir más.

Los Eventos de Destino potencian una evaluación imparcial de nuestra vida

Es en ese momento especial cuando hacemos un análisis imparcial de nuestra vida para encontrar las causas de nuestro sufrimiento. Vemos claramente los errores cometidos, identificamos nuestras falsas creencias, las decisiones y las conductas equivocadas que trajeronoscuridad a nuestra vida. Es en ese Momento Evolutivo cuando vemos claramente lo que es verdad, la manera como debemos actuar para mantener nuestra vida en armonía. La flexibilidad, la tolerancia, la humildad, la incondicionalidad, el respeto y la neutralidad que son las cualidades esenciales del amor.

Nuestra consciencia entra en crisis, se descartan las falsas creencias que logramos identificar y nos comprometemos con nosotros mismosa corregir nuestra conducta y a resolver lo que no funciona en nuestra vida. Es de esta manera como se produce la evolución de nuestra consciencia y el proceso de perfeccionamiento de todos los seres humanos.

Los Eventos de Destino son generados por la naturaleza o por lo que no funciona en nuestra vida.

En “El Tiempo del No-Tiempo” el Sol, activado por un pulso de energía emanado desde el centro de la galaxia, impulsa fuertes cambios en la naturaleza que generan todo tipo de Eventos de Destino sobre la Tierra. En este capítulo examinaremos cómo y por qué en estos tiempos una cascada de situaciones han intensificado los terremotos, los tsunamis, los huracanes, las pandemias y los cambios climáticos extremos. Situaciones que no suceden por casualidad, son catalizadores de cambio. Simultáneamente a lo que produce la naturaleza, se amplifica lo negativo que hay en nuestras vidas y aquello que no funciona en nuestra sociedad. Se resalta lo que produce conflicto, terrorismo, guerra, desequilibrio social, insatisfacción religiosa y desorden económico para que nos enfoquemos en corregirlo.

Otras variables también catalizan el cambio: Mucha gente, total libertad, gran interacción, alta energía, torrentes de información y de nuevas tecnologías.

El Momento Evolutivo tiene otras características adicionales para que el cambio sea rápido e intenso. Hay muchísima gente en este momento sobre la Tierra, con un nivel de libertad sin precedentes en los pasados 13.000 años. Esto hace que la interacción sea muy intensa, que todo el mundo pueda probar rápidamente, al relacionarse con los demás, los resultados que producen sus falsas creencias. Vivimos en una Babel de egos, donde todos creemos tener la razón.

La información y las innovaciones tecnológicas están cambiando nuestra mente

Otros dos factores adicionales de esta mezcla explosiva de “El Tiempo del No-Tiempo” son la tecnología y la información. Un aumento sin precedentes de información sin velos, ni censuras, a la que todos podemos acceder inmediatamente, nos está generando nuevas prioridades. También está cambiando nuestra manera de pensar y de percibir la realidad y generando la aparición de nuevos valores en conflicto con los establecidos, lo que a su vez contribuye a cambiar el orden existente.

Por otro lado, las redes sociales por internet, los celulares inteligentes y los computadores han facilitado las comunicaciones, uniendo a los seres humanos. Esta interconexión trasciende los límites entre los países, lo que ha ampliado y acelerado los trabajos transnacionales en equipo, permitiendo la aparición de grupos de personas alrededor del mundo con intereses comunes que comparten sus conocimientos. Está apareciendo un cerebro global con una memoria común que está transformando el planeta en una sola aldea. El experimento de la Unión Europea con su moneda, sus leyes comunes y la desaparición de las fronteras entre los países que la conforman, se está convirtiendo en un ejemplo que se busca replicar en distintas partes. Esto está generando cambios geopolíticos y gran tensión en instituciones que propenden al nacionalismo y la separación.
La tecnología ha ampliado el rango de nuestra percepción. Telescopios y estaciones de observación en el espacio, por un lado; y poderosos microscopios, aceleradores de partículas y escáners supersensibles, por el otro, han ampliado las fronteras de nuestro conocimiento. La teoría de la relatividad ha permitido que comencemos a considerar que el tiempo y el espacio dependen de nuestra consciencia. La física cuántica está causando una revolución aún mayor, al hacernos ver que la realidad entera depende de nuestra mente, que la materia es el resultado del pensamiento.

La suma de estos factores potencia el que la sociedad identifique y elimine muchas falsas creencias comunes a la mayoría de los hombres, que nos generan caos, conflicto y sufrimiento. Estamos viviendo un momento perfecto para transformar nuestra sociedad, para cambiar el orden existente y generar otro más armónico. Un Nuevo Orden que fundamente una Era Dorada que perdure por 13.000 años.


Experimentamos un corto período de intenso cambio, generado por un aumento en la radiación del Sol, que está afectando a todos los planetas del Sistema Solar.
Vivimos en una galaxia espiral a la cual llamamos la Vía Láctea. Los mayas la veían como un sistema de astros ordenados jerárquicamente que se mueven en giros concatenados, mientras orbitan alrededor de su centro, donde creían se encontraba el palpitante corazón de Hun’ab-K’uh. Así llamaban al vasto organismo, a la manifestación de vida infinita, que contiene todo lo que existe. El grandioso ser vivo que nosotros llamamos Universo.

La ciencia actual afirma que en el centro de la galaxia se encuentra el 5% de la masa de todas las estrellas que ésta contiene. Se trata de una esfera un millón de veces más grande que nuestro Sol y tres millones de veces más densa, por lo que tiene una enorme fuerza gravitacional que aglutina a su alrededor y mantiene en movimiento a millones de estrellas. Se la llama Sagittarius A* y se encuentra a 26.000 años luz de distancia de nuestro Sol, que da un giro a su alrededor en 260’000.000 de años, a una velocidad aproximada de 260 km por segundo. Lo cual significa que cualquier acontecimiento que observemos en ese lugar, realmente ocurrió hace 26.000 años. Desde que nuestro Sol nació, hace 4,57 billones de años, ha orbitado el centro de la galaxia 26 veces. La ciencia aún no tiene información suficiente para saber con precisión qué sucede en el centro de la galaxia. Tan solo se ha confirmado que Sagittarius A* emana un flujo constante ondas de radio de muy baja frecuencia vibratoria y que pulsa periódicamente ondas de alta energía.

El centro de la galaxia pulsa periódicamente ondas de alta energía que afectan al Sol e impulsan nubes de polvo cósmico hacia el Sistema Solar.

En muestras de hielo extraídas en la Antártida y en los anillos de árboles milenarios se han encontrado indicios que nos confirman que el centro de la galaxia ha pulsado periódicamente ondas de alta energía (rayos gamma, rayos ultravioleta y rayos Xx). Potentes portadores de energía que inducen a nuestro Sol a aumentar su actividad y su radiación hacia la Tierra. Estas ondas de alta energía también empujan hacia el Sistema Solar el polvo cósmico que se encuentra en el espacio interestelar. Se han fotografiado nubes de gas y polvo cósmico a distintas distancias radiales del centro de la galaxia. Esto también confirma las emisiones periódicas de alta energía que han impulsado ese gas y ese polvo cósmico hacia la Tierra.

La sonda Ulysses de la Agencia Espacial Europea, que orbita al Sol, detectó que la cantidad de partículas de polvo cósmico que llegan al Sistema Solar provenientes del espacio exterior se triplicó. Las sondas satelitales Voyager I y II también le permitieron a la Nasa confirmar que una gran nube de polvo cósmico que parece provenir del centro de la galaxia está llegando al Sistema Solar. En el capítulo sobre la Atlántida veremos que eso mismo, pero mucho más intenso, sucedió hace 13.000 años y causó el derretimiento del manto de hielo que en ese momento cubría el planeta, generando el Diluvio Universal.

Datos de varios satélites confirman que desde 1992 todos los planetas del Sistema Solar comenzaron a experimentar un notable aumento en su temperatura.

En la reciente Cumbre Climática de Copenhague muchos científicos concordaron en que el incremento general de temperatura en la Tierra se debe primordialmente a un aumento en la intensidad de radiación del Sol.

Todo el Sistema Solar se está calentando. Datos enviados por la sonda Odyssey a la Nasa confirman un considerable aumento en la temperatura global de Marte, que ha ocasionado que los glaciares en sus polos hayan disminuido en un 40%. El doctor Habibullo Abdussamatov, del Observatorio Astronómico Pulkovo en San Petersburgo, director de la Agencia Espacial Rusa, también lo confirma. Explica que el calentamiento está ocurriendo en todos los Planetas del Sistema Solar y lo atribuye al aumento de irradiación del Sol. Afirma incluso que es este fenómeno la principal causa del aumento de temperatura en la Tierra.

Datos del satélite Venus Express de la Agencia Espacial Europea también corroboran que en Venus están ocurriendo cambios de clima globales. Nubes de óxido nítrico luminiscentes generadas por el incremento de su temperatura, han aumentado el brillo del planeta.

Investigadores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) revelaron que la temperatura global de Tritón, la luna más grande de Neptuno, también ha aumentado. Imágenes del telescopio espacial Hubble confirman que el nitrógeno en su superficie se está descongelando y convirtiéndose en gas, lo que ha densificado su atmósfera.

Plutón, el que fuera el noveno, el más pequeño y el más alejado de todos los planetas, ha duplicado su presión atmosférica en 14 años, lo que es una indicación de que su temperatura también ha aumentado de manera similar. Imágenes del Hubble también muestran que el nitrógeno congelado en su superficie, al igual que en Tritón, se está transformando en gas.

Investigadores de la Universidad de California, en Berkeley, confirmaron que la temperatura en Júpiter se ha elevado 12 grados centígrados. Este cambio ha desatado gigantescas tormentas que, a partir de 1998, han comenzado a generar una nueva y gigantesca mancha roja en la atmósfera del planeta.

El Sol tiene el poder para generar Eventos de Destino a escala planetaria, con la capacidad inclusive de destruir la vida sobre la Tierra

Los mayas llamaron Kin’ich Ahaw a nuestro Sol, al que veían como una entidad viva, cabeza de un sistema jerárquico conectado a la totalidad del universo. Creían que aumentaba su actividad, en respuesta a las ondas de energía sutil provenientes de la mente de Hun’ab K’uh en el centro del universo y al flujo periódico de alta energía que irradia su corazón en el centro de la galaxia. Según ellos, son estos pulsos periódicos los que constituyen lo que llamamos el Gran Ciclo Cósmico.

Realmente es bien poco lo que conocemos sobre el Sol. La ciencia registra su actividad hace muy poco tiempo. Basamos la norma de su comportamiento en mediciones de apenas 253 años en la vida de un astro de 4,5 billones de años. Nuestro Sol es una gigantesca esfera de gas hirviente con una temperatura de 6.000 grados centígrados en su superficie, que tiene el 99,8% de la masa de todo el Sistema Solar. Su núcleo permanece a una temperatura de 1,5 millones de grados centígrados. Funciona como un “horno” que mantiene una reacción termonuclear continua que fusiona núcleos de hidrógeno, para producir elementos más pesados, el primero de los cuales es el helio.

El Sol es un horno termonuclear que irradia energía electromagnética y rayos cósmicos.
 
Esta fusión termonuclear libera energía a través de dos formas de radiación: un flujo continuo de fotones y un flujo continuo de rayos cósmicos solares. Los fotones son partículas, que cargan en su interior ondas de energía electromagnética que oscila en una amplia gama de frecuencias vibratorias: El 50% es luz infrarroja, lacual sentimos como calor. El 40% es luz visible. El 2% son rayos gamma y rayos X, que oscilan a la frecuencia más alta, por lo que tienen la mayor energía. El 6% es luz ultravioleta y el 2% restante son ondas de radio. La atmósfera, que actúa como un escudo protector equivalente a una capa de concreto de 3 metros de espesor, bloquea la mayor parte de esa radiación fotónica; todos los rayos X y los rayos gamma, casi toda la luz ultravioleta y una parte de la luz visible y de la luz infrarroja. Mientras que casi todos los fotones que llevan ondas de radio llegan a la superficie de la Tierra.

El nivel de la irradiación del Sol no es constante. Aumenta y disminuye periódicamente en ciclos de once años debido a la aparición de manchas solares.

Sobre la brillante superficie del Sol aparecen y desaparecen manchas oscuras irregulares. Son oscuras porque tienen menor temperatura que el área que las rodea. Alrededor de estas manchas también se aprecian vórtices similares a los de los huracanes, que a veces producen explosiones violentas. Estallidos de plasma de hidrogeno y de helio hirviente, que emiten una enorme cantidad de energía, rayos gamma, rayos X, rayos ultravioleta, y rayos cósmicos. Éstos pueden llegar en 15 minutos a la magnetosfera, que es elcampo magnético protector de laTierra, agitándolo y produciendo lo que se conoce como tormentas magnéticas.

Se han registrado 23 ciclos de actividad de 11 años, desde cuando éstos comenzaron a medirse en 1610. Hoy estamos comenzando el ciclo 24, que alcanzará su punto máximo de manchas solares en el año 2012. Los Ciclos Solares 21 a 23, entre 1980 y 2008, han sido de los que más manchas solares y más intensas tormentas magnéticas han tenido en 253 años de registros. La cantidad de manchas y de explosiones solares se ha triplicado. De 30 manchas en promedio por año que había entre 1600 y 1900, se pasó a 60 entre 1900 y 1944. Promedio que ahora está en 90 manchas por año. El 4 de noviembre de 2003 ocurrió la explosión solar más grande jamás registrada, la gigante mancha solar 486, que produjo un bloqueo de 11 minutos en todas las radiocomunicaciones del planeta. La explosión saturó los detectores de rayos X a bordo de los satélites GOES.

El Sol también ha tenido un incremento de puntos brillantes llamados fáculas, regiones mucho más luminosas que aumentan sensiblemente su radiación


Las fáculas (del latin faculae = luces pequeñas) son regiones de puntos muy intensos, varias veces más brillantes que las áreas que las rodean, porque tienen mayor temperatura y frecuencia vibratoria. Las fáculas, que pueden llegar a ocupar hasta el 30% del disco solar, han incrementado sensiblemente la radiación del Sol. La reacción termonuclear, además de la radiación electromagnética contenida en los fotones, también irradia partículas de hidrógeno y de helio que portan una carga eléctrica positiva, o una carga eléctrica negativa, que llamamos rayos cósmicos solares. A este flujo continuo de rayos cósmicos solares lo llamamos viento solar. Es un potente conductor de energía, por lo que puede causar daño a los satélites y a los astronautas en órbita.

El viento solar casi nunca llega a la superficie de la Tierra porque choca con átomos de nitrógeno y oxígeno, que se encuentran en la ionosfera, que es como la piel de la atmósfera y la que recibe directamente la energía del Sol. Al chocar, el viento solar transmite su carga de energía a la ionosfera, que almacena una enorme carga eléctrica. Esto genera una diferencia de potencial entre ésta y la corteza terrestre. Normalmente el equilibrio se restablece con los rayos y centellas de las tormentas eléctricas, que transfieren esta energía a la corteza terrestre.

Otra evidencia del aumento en la irradiación del Sol es que la ionosfera se está sobrecargando eléctricamente.

Las tormentas eléctricas alrededor del planeta han aumentado. De 100 rayos por segundo q ue caían antes de 1992, a 1.000 rayos por segundo que caen hoy día. Este fenómeno impulsa además a los electrones en la atmósfera a oscilar en una frecuencia extremadamente baja, conocida como la Frecuencia de Resonancia Schumann. Parecía una constante porque durante los últimos 2.000 años ésta había oscilado invariablemente a 8 ciclos por segundo. De hecho, era tan constante que tanto rusos como norteamericanos la utilizaban para transmitir mensajes a sus submarinos nucleares, sin que éstos tuvieran que salir a la superficie para recibirlos, con el riesgo de ser detectados.

A partir de 1992, la frecuencia residente en nuestra atmósfera comenzó a elevarse

Sin embargo, a partir de 1992, coincidiendo con el aumento en la irradiación del Sol, su frecuencia de oscilación comenzó a elevarse, pasando de los 8 ciclos por segundo a 12,9 ciclos por segundo hoy. Se espera que se estabilice alrededor del año 2012 en 13 ciclos por segundo. Número que forma parte de la Progresión Matemática Sagrada conocida como Fibonacci que, como veremos, es la que está ordenando y sincronizando todos los cambios del Gran Ciclo Cósmico. Esto quiere decir que la energía en la atmósfera, que es nuestro campo vital, ha incrementado su frecuencia. Y, entre más energía tiene un campo, mayor capacidad para almacenar información posee.

El aumento de la energía en la atmósfera nos ayuda a ser más receptivos, alertas y conscientes

Debemos también considerar que, dependiendo de nuestro estado mental, las neuronas de nuestro cerebro pulsan entre 0 y 90 ciclos por segundo, en el mismo campo vital donde la frecuencia residente aumentó a 13 ciclos por segundo. Esto nos ayuda a ser más receptivos, alertas y conscientes. Las energías del universo nos están facilitando la claridad mental. Además, este aumento de la energía y de la frecuencia vibratoria en la Tierra dificulta los estados mentales de baja frecuencia vibratoria. La vergüenza, la culpa, la apatía, la pena, el odio y el miedo no logran mantener su existencia en medio de la alta energía que comienza a circundarlos. Las mentes habituadas a estos estados mentales negativos atraen los Eventos de Destino, que los impulsan a cambiar para elevar su frecuencia vibratoria y su energía vital.
El aumento en la irradiación del Sol ha causado un incremento en la temperatura media de la Tierra

Según el Goddard Institute for Space Studies, la temperatura media de la Tierra, que había permanecido sin mayores variaciones durante los últimos 2.000 años, comenzó a elevarse rápidamente partir de 1987 sincrónicamente con el aumento en la irradiación del Sol, hasta aumentar en aproximadamente 0,8ºC.

Los polos y los glaciares se están derritiendo rápidamente

Un aumento de temperatura lo suficientemente severo como para que la capa de hielo del Polo Norte se esté derritiendo rápidamente y grandes bloques de hielo del Polo Sur se hayan desprendido. En todo el planeta los glaciares se derriten. El Himalaya, de donde deriva su agua potable la tercera parte de la población mundial, se derrite. Esta misma situación se repite alrededor del planeta, amenazando el agua potable de millones de personas. El volumen de agua de todo este deshielo está alterando la salinidad y la temperatura de los océanos, generando un cambio de clima global.

La actividad sísmica se ha incrementado en un 400% desde 1973

El aumento en las manchas y explosiones solares en los picos de actividad del Sol cada 11 años, irradia olas de energía que golpean y desplazan el campo magnético, la ionosfera y la atmósfera del planeta. Estos ondas tensionan las placas tectónicas, lo que ha producido un incremento de un 400% en los terremotos desde
1973.


La actividad volcánica se ha incrementado en un 500% desde 1875

Los movimientos de las placas tectónicas también tensionan el magma hirviente bajo la corteza terrestre. Esto ha generado entre 1875 y 1990 un aumento del 500% en las explosiones volcánicas.

Los cambios de temperatura también han aumentado la intensidad de los huracanes y los tornados.



En 2005 se registraron los más intensos de la historia. El huracán Katrina en septiembre fue el sexto más fuerte
de los registros históricos (902 mb-240 Km/hora). El huracán Rita, también en septiembre, fue el cuarto mas fuerte (897 mb. 240 Km/hora) y el huracán Wilma, en octubre, que fue el más fuerte de la historia. (882 mb.240 Km/hora)

El aumento de temperatura incrementa la virulencia de los virus

Estudios científicos han encontrado que los virus y bacterias tienen gran sensibilidad a los aumentos de temperatura, en muchos casos aumentan su virulencia y se producen transferencias de los organismos animales al sistema humano, para los cuales no ha construido defensas. Una vez en el organismo humano, se propagan rápidamente a todas partes del mundo a través de viajes y de sistemas de transporte. Hay una gran probabilidad de manifestación de epidemias globales. El Ebola, la gripe aviar y nuevos virus amenazan a la humanidad entera. Un ejemplo de ello se experimentó c
on el Virus AH1N1, que migró de los cerdos a los humanos. Además, la población más expuesta nuevamente es la que tiene bajos niveles de energía vital, por permanecer en pensamiento negativo y depresión, su estado hace que todo tipo de depredadores los ataquen.

El Sol y las fuerzas del universo no son los únicos factores de cambio. También las falsas creencias, que determinan decisiones equivocadas, son generadoras de Eventos de Destino

Según los mayas, en “El Tiempo del No-Tiempo” entramos al Gran Salón de los Espejos. Para que, al examinarnos a nosotros mismos, al evaluar imparcialmente lo que hemos construido, cambiemos lo que no funciona. Para que erradiquemos las falsas creencias que fundamentan decisiones que sólo nos producen sufrimiento. Para que podamos generar un Nuevo Orden, una época dorada en que todos los hombres nos integremos a los eventos del Cosmos como una sola conciencia.

“El Tiempo del No-Tiempo” sucede para que desechemos nuestras falsas creencias

Es nuestro pensamiento el que atrae hacia nosotros una realidad de sufrimiento o de armonía y son nuestras creencias las que determinan nuestra manera de pensar. Muchas de ellas son falsas porque que nos llenan de sentimientos negativos, nos hacen pensar que somos víctimas inocentes. Al sentirnos víctimas, perdemos nuestra confianza y nuestro poder y se los entregamos a nuestro victimario. Nos resignamos a una vida desdichada cuando, para transformar nuestra realidad, sólo necesitamos identificar y suprimir esas creencias falsas que nos impiden alcanzar la felicidad. Necesitamos dejar de creernos víctimas de los demás, del orden social existente o de Dios. Tampoco existe la mala suerte, porque todos tenemos el poder para atraer la abundancia y la dicha a nuestra vida. Es el momento preciso para desechar los sentimientos negativos que nos mantienen sumidos en la depresión y en la desesperanza. Para limpiarnos de vergüenzas, culpas, tristezas, odios y miedos que nos impiden vivir un presente pleno de bienestar.


Las falsas creencias sobre la felicidad son la fuente más importante de desequilibrio, conflicto y sufrimiento en nuestra sociedad

Nos hemos convencido de que la felicidad se encuentra afuera, que nuestra paz interior depende de lo que sucede en el mundo exterior. Que para ser felices necesitamos tener poder y control sobre los demás, acumular dinero y coleccionar posesiones materiales. Llegamos a creer que nuestra felicidad está en controlar a los demás, en decidir cómo deben vivir nuestros seres queridos y en imponerles nuestro punto de vista cuando no están de acuerdo. Somos felices mientras ellos vivan como nosotros queremos, mientras todo se ajuste a nuestro punto de vista sobre la realidad. También creemos que la felicidad está en tener acceso a experiencias que nos producen placer o satisfacción de los sentidos, en la posesión de objetos, información o dinero. Nuestra sociedad se volvió materialista, nuestra vida se convirtió en un negocio, le pusimos precio a todo y acabamos convencidos de que todo se puede comprar. Convertimos la acumulación de dinero en una meta, evaluamos a los hombres por su riqueza. Transformamos el dinero en el único medio para ser felices, para subir o bajar en la escala de los placeres, las satisfacciones, las comodidades y las clases sociales. No importan los medios que se tengan que utilizar para conseguirlo. Estas falsas creencias despertaron una codicia generalizada.

Una minoría cada vez más pequeña, vive cada vez mejor, y una mayoría cada vez más grande, vive cada vez peor

Permitimos que el dinero dividiera y separara a nuestra sociedad en clases muy desequilibradas. El 50% del dinero del mundo y casi todos los recursos naturales están en manos del 2% de la población. Las industrias de esa minoría contaminan la naturaleza, que es de todos, con sus desechos. Emplean una enorme población con salarios que apenas permiten sobrevivir. El 25% de la población del planeta, 2.000 millones de personas, sobrevive con menos de cuatro mil pesos al día, mientras ven con envidia por televisión la calidad de vida que tienen los ricos y famosos. Todo esto genera sufrimiento y una enorme carga negativa en el pensamiento colectivo, la mayoría permanece en la rabia o en el odio, en la inseguridad o en el miedo, en la desesperanza o en la resignación.

Nueva información nos conduce a la duda y a revaluar nuestras creencias.

Un torrente de información nos ha permitido repensar y encontrar los puntos débiles en muchas de las historias que nos contaron. Comenzamos a comprender que los conceptos y pensamientos que mantenemos en la mente son los que manifiestan nuestra realidad. Si son mezquinos, dogmáticos y pesimistas, así será nuestra vida. Ya no queremos creer en un Dios colérico, cruel y distante que, por un error al que llamamos pecado, nos impone un castigo eterno, totalmente desproporcionad
o con la falta cometida. Un Dios que se dice misericordioso, pero que nos puede mantener indefinidamente en un infierno de sufrimiento, sin compadecerse nunca de nosotros. Dudamos que el sacrificio y el sufrimiento nos hagan especiales y dignos de su gracia, o que debamos colocar la felicidad de los demás antes que la nuestra. Estamos descubriendo cuál es el verdadero significado de conciencia: La comprensión que hemos acumulado sobre la esencia del amor. No una voz represiva, que nos critica constantemente, que nos dice cómo debemos actuar, haciendo siempre lo que los demás quieren que hagamos, para ser “buenos”.


Estamos descubriendo que la realidad que hemos construido no es sustentable, que está basada en muchas falsas creencias que nos generan sufrimiento. Es el tiempo para identificarlas, suprimirlas y corregir nuestra conducta. Si hacemos esto masivamente, con seguridad transformaremos nuestra manera de relacionarnos con Dios, con la sociedad y con el trabajo. Experimentamos una crisis planetaria. Nuestra estructura social se está volviendo obsoleta. El orden al que estamos habituados se está desestabilizando. Las instituciones tradicionales se resisten al cambio, convirtiéndose en organizaciones caducas, que al no estar sincronizadas con el presente, tenderán a desaparecer.


Nada sucede por casualidad y todo lo que sucede es perfecto


Comenzamos a comprender que lo que paa en la realidad es el resultado del cons
enso colectivo. Que atraemos a nuestra vida las personas y las circunstancias que necesitamos para aprender. Esto es lo que llamamos sincronicidades, que son relaciones y eventos establecidos y enlazados por la consciencia colectiva para que todos los involucrados aprendamos. “El Tiempo del No-Tiempo” está haciendo que las semillas de lo sagrado germinen en nuestro interior, para dar lugar a una Nueva Era. Una era donde predomine lo espiritual sobre lo material, un futuro que no resulte de nuestros miedos, sino de nuestros ideales y aspiraciones más altas. De la unión entre la energía, la información, la conciencia superior y la alta tecnología. Realmente vivimos un momento de cambio rápido e intenso. La profecía maya sobre la llegada de un ”Momento Evolutivo” sin precedentes en 13.000 años de historia, está resultando cierta.

Volver los ojos al pasado, compartir el conocimiento y la sabiduría acumulados de los que demostraron tenerlos, nos permite entender mejor nuestro presente. Es la información de sabiduría la que nos puede ayudar en este proceso y nunca antes habíamos tenido tanta libertad para expresarla, ni tantos medios para divulgarla. No es casualidad que eso esté sucediendo en este “Tiempo del No-Tiempo”, porque todo lo que sucede es perfecto para potenciar nuestra consciencia a dar un gran salto evolutivo.

El mensaje maya contiene información sobre el orden del Universo. Para entenderlo y validarlo necesitamos devolvernos al comienzo de este Gran Ciclo Cósmico. Al momento en que el Diluvio Universal puso punto final a la pasada civilización atlante.