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viernes, 2 de septiembre de 2011

Hun’ab-K’uh, El corazón de la Vía Láctea y el número 26

Vivimos en una galaxia espiral a la cual llamamos la Vía Láctea. Los mayas la veían como un sistema de astros ordenados jerárquicamente que se mueven en giros concatenados, mientras orbitan alrededor de su centro, donde creían se encontraba el palpitante corazón de Hun’ab-K’uh. Así llamaban al vasto organismo, a la manifestación de vida infinita, que contiene todo lo que existe. El grandioso ser vivo que nosotros llamamos Universo.


La ciencia actual afirma que en el centro de la galaxia se encuentra el 5% de la masa de todas las estrellas que ésta contiene. Se trata de una esfera un millón de veces más grande que nuestro Sol y tres millones de veces más densa, por lo que tiene una enorme fuerza gravitacional que aglutina a su alrededor y mantiene en movimiento a millones de estrellas.


Actualmente se la llama Sagitario A* y se encuentra a 26.000 años luz de distancia de nuestro Sol, que da un giro a su alrededor en 260’000.000 de años, a una velocidad aproximada de 260 km por segundo. Lo cual significa que cualquier acontecimiento que observemos en ese lugar, realmente ocurrió hace 26.000 años. Desde que nuestro Sol nació, hace 4,57 billones de años, ha orbitado el centro de la galaxia 26 veces. 26=2x13 es un número que fue utilizado por los mayas en el Tzol-Kin -260 Kin Oob en 20 semanas mayas de 13 días, en 7 niveles- como fractal del orden que estructura los ciclos del universo. 26.000 años dura el Gran Ciclo Cósmico que medían con el Tzol-Kin para determinar la llegada del año 2012, el punto centro de ese intervalo, 13.000 años después del diluvio universal.


La ciencia aún no tiene información suficiente para saber con precisión qué sucede en el centro de la galaxia. Tan solo se ha confirmado que Sagitario A* emana un flujo constante ondas de radio de muy baja frecuencia vibratoria y que pulsa periódicamente ondas de alta energía.

sábado, 6 de marzo de 2010

5-LA CONFIRMACION MAYA


CADA 26.000 AÑOS EL SOL AUMENTA SU IRRADIACIÓN Y PROVOCA UN CATACLISMO PLANETARIO
Los Sacerdotes Mayas del Sol –quienes fueron los científicos, astrónomos y líderes de su comunidad– registraron y estudiaron los movimientos de los astros para verificar una historia, heredada por sus antepasados olmecas, de los fundadores de su cultura. El relato afirmaba que el centro de la galaxia emitía cíclicamente pulsos de energía: al comienzo, en el punto intermedio y al final de un Gran Ciclo de 26.000 años. La energía excitaba al Sol induciéndolo a irradiar más energía hacia la Tierra. Cuando esto sucedía en el punto intermedio del ciclo, la energía, a pesar de ser elevada, no era destructiva, aunque producía vastas transformaciones en la naturaleza que afectaban a la sociedad desarrollada por el hombre Pero cada 26.000 años –al comienzo y al final del ciclo– la intensidad de la energía recibida era muy alta, lo que provocaba un cataclismo que destruía la civilización sobre la Tierra.

La historia tenía sentido para olmecas y mayas, ya que ellos creían que todos formamos parte de un organismo superior al que llamaron Hun'ab K'uh. Hun que significa primero, 'ab que significa estado o manifestación, K’uh que significa Dios. La primera manifestación física de Dios. Su mente organiza una serie de ciclos para impulsar la transformación de las entidades que –a distintas escalas– anidan en su interior. Así garantiza que su consciencia evolucione y pueda llegar a comprender que todo lo que sucede es perfecto, porque está sustentado por la neutralidad del amor. Ellos creían que en el centro de la galaxia, palpitaba regularmente el corazón del Universo –al que llamaban Hun'ab K'uh– emanando la energía que mueve a todo lo que existe. Cada 13.000 años Hun'ab K'uh emite pulsos más intensos de energía, a la cual llamaban K’uh Lel, que irradiaba hacia los sistemas solares donde existen la vida y la consciencia para inducir transformaciones y evitar que el sistema, al tornarse rígido, impidiera la manifestación de nuevas experiencias y de nueva sabiduría. Como el cataclismo era causado por el aumento de la energía irradiada por el Sol, llamaron una Era del Sol al intervalo en que una civilización podía expandirse sobre la Tierra antes que el astro rey la destruyera. La historia también contaba los eventos que experimentó la civilización anterior a la nuestra, la que nosotros llamamos la Atlántida y que ellos llamaron Kak Uleu o Tierra Roja.

ELDESARROLLODELA ATLÁNTIDA YSUDESTRUCCIÓN SE AJUSTARON AL CICLO CÓSMICO DE26.000 AÑOS

Su desarrollo se ajustó exactamente a una Era del Sol. Comenzó al iniciarse el Gran Ciclo pasado, cuando los sobrevivientes del cataclismo volcánico que destruyó a Lemuria –así se llamaba la civilización anterior a la Atlántida– llegaron a la cadena de islas Atlantes a sembrar un nuevo ciclo con la información que salvaron. A la muerte de los sobrevivientes, la ignorancia comienza a degradar la información inicial. Simultáneamente las nuevas experiencias permitieron que la nueva sociedad Atlante comenzara a acumular su propia sabiduría. 13.000 años después llegó al Sistema Solar la onda intermedia del gran ciclo, que catalizó un cambio rápido e intenso y muchos eventos difíciles que transformaron fundamentalmente su sociedad. En ese momento, la parte negativa de su cultura hizo que todo lo que no funcionaba de su sistema entrara en crisis. La colectividad tocó fondo y esto indujo una modificación del rumbo que llevaba. Surgió un nuevo orden y un progreso que consolidó un proceso de expansión que los llevó al clímax 13.000 años después. Justo en el momento en que el Sol, activado desde el centro de la galaxia, generó un rápido aumento en la temperatura del planeta. Se derritió el manto de hielo que lo cubría hace millones de años, lo que elevó en 120 metros el nivel del mar, generando el cataclismo global que destruyó a la Atlántida.

Olmecas y mayas consideraron de vital importancia transmitir esta historia a la humanidad futura. Ellos, que habían verificado que la realidad es cíclica, sabían que lo ocurrido a la Atlántida se repetiría de manera similar en esta Era del Sol. Su información nos permitiría prepararnos para la llegada de un momento de transformación, al cual llamaron “El Tiempo del No-Tiempo”, cuando la energía del nodo intermedio del Gran Ciclo llega nuevamente al Sistema Solar.

VIVIMOS“ELTIEMPODEL NO-TIEMPO”, CUANDO SECATALIZA LO NEGATIVO PARA QUE PODAMOS CORREGIRLO

Esa energía genera un Momento Evolutivo que cataliza lo negativo de nuestra sociedad: la codicia, el materialismo, los deseos de poder y control sobre los demás, la imposición de puntos de vista utilizando la ley del más fuerte. Esto puede producir conflicto y muy seguramente guerra si además se aplica una doctrina de ojo por ojo y diente por diente. Se generaría un enorme sufrimiento que nos llevaría a tocar fondo, a experimentar un acelerado proceso de cambio. Todo puede complicarse si no tomamos las decisiones correctas. Si adoptamos posiciones rígidas y no buscamos el consenso para solucionar los conflictos –única manera en que puede surgir un orden más armónico–, perderíamos el control de nuestras emociones. Reaccionaríamos violentamente y tomaríamos decisiones equivocadas–basadas en el miedo y en el odio– ante los eventos de crisis que pueden suceder. En ese caso podemos llegar a experimentar un proceso apocalíptico y destructivo que manifestaría el caos del Armagedón, la guerra final anunciada en el Apocalipsis. Tristemente, el nuevo orden sería creado por una humanidad diezmada y arrepentida por el terrible holocausto que generó la ignorancia. Sin embargo, de todas maneras el error serviría para impulsar un cambio de consciencia. Cambio que afianzarían nuestros descendientes, estremecidos de pensar que ese horror pudiera volver a repetirse. Los mayas profetizaron que experimentaremos un Momento Evolutivo que facilitará la amplificación de lo negativo para que -al enfocarnos en lo que no funciona- podamos corregirlo. La oportunidad es extraordinaria, porque amanece en la galaxia y nos ayuda la energía renovadora de la constelación de Acuario. Si tomamos las decisiones correctas aprovecharemos un momento único en 13.000 años para mejorar fundamentalmente nuestra vida y las condiciones de nuestra sociedad. Como veremos, los mayas verificaron que el ciclo existe, lo estudiaron y con las comprensiones adquiridas diseñaron los más precisos calendarios de todas las civilizaciones sobre la Tierra.

LOS MAYAS VERIFICARON LA EXISTENCIA DEL GRAN CICLO Y DISEÑARON LASUNIDADES DE MEDIDA Y LOS CALENDARIOS PARA ENTENDERLO Y DIVULGARLO

Registraron y relacionaron sus hallazgos en distintas escalas: los movimientos de los astros, las transformaciones de la naturaleza y los eventos cíclicos en la vida del hombre. Lo que nosotros llamamos el paso del tiempo. Para ello, utilizaron unidades progresivamente mayores, todas múltiplos del número 20. Los ciclos en la escala de su vida cotidiana los midieron en días, los ciclos en la escala de comunidad que dependía de las estaciones los cuantificaron en meses, las etapas en la vida del hombre las registraron en años. Midieron las Eras del Sol –las cuales determinan la duración de las civilizaciones– en miles de años y los procesos divinos que ordena Hun’ab K’uh, en millones de años.

ELDÍAMAYA, AL QUE LLAMARON“KIN”, FUELAUNIDADBASE DE SUSMEDICIONES


Relacionaron sus investigaciones con el movimiento fundamental de la vida cotidiana, el giro de la Tierra sobre su eje, que produce un período de luz y actividad, seguido de otro de oscuridad y descanso. La unidad que usaron para representarlo es la base de todas las demás. La llamaron “KIN”, que significa día. En su visión, cada “KIN” es único y distinto a los demás. A pesar de ajustarse al mismo ciclo, la cantidad, la intensidad y el tipo de energía que recibe es distinta, lo que lo individualiza y le da características propias. La Tierra y –por lo tanto– el hombre reciben una combinación de energías que cambian dinámicamente, dependiendo de la posición que ocupa el planeta en relación con las fuentes que la irradian. Como el Sol, las constelaciones zodiacales, las estrellas que se ubican sobre el polo Norte y el corazón de Hun’Ab-Kú en el centro de la galaxia. Esa combinación también es afectada por la energía que reflejan la L
una y los planetas hacia la Tierra.



LA SEGUNDA UNIDAD ES EL “WIN’AL”, EL MES MAYA, QUE ES UN CONJUNTO DE 20 DÍAS

Lo asociaron al segundo movimiento fundamental de nuestra realidad, al desplazamiento diario de la Tierra en su órbita alrededor del Sol. El que determina las estaciones, las lluvias y por ende los procesos comunitarios más importantes, como la preparación de la tierra, la siembra y la cosecha. Un conjunto de 20 días que se ajusta a su sistema matemático vigésimal. Con él midieron los avances parciales de la Tierra por su órbita alrededor del Sol, la cual dividieron en 18 “WIN’AL Oob” (Oob es el indicativo de plural). Son 18 meses exactamente iguales (18 x 20 = 360 días) que completan un año maya o “TUN”, como lo llamaban ellos. Le adicionaron cinco días de transición entre el año que termina y el que comienza, para completar los 365 días.



EL “TUN”ESELAÑOMAYADE360 DÍAS QUE LESFACILITABA LAS CUENTAS CON SU SISTEMA MATEMÁTICO VIGÉSIMAL

El “TUN” relacionaba los eventos y las etapas de la vida del hombre con órbitas de 360º alrededor del Sol. Le dieron una medida de 360 días para tener una equivalencia exacta entre cada día y cada grado que la Tierra se desplaza orbitando al Sol. Esto les simplificaba las cuentas y los cálculos astronómicos. Los cinco días de transición que llamaron los “WAY’EB” no formaban parte de la cuenta del ”TUN”. Los agregaban posteriormente –si los necesitaban– para un cómputo mayor de tiempo relacionado con el año solar, que obviamente sabían duraba 365,2422 días; cifra que dejaron tallada en Palenque. Un “TUN” equivale entonces a 0,9856 años solares. Los mayas desarrollaron sus unidades de medición para relacionar el rigor de su observación científica –la luz de su razón– con su intuición y su visión espiritual sobre un orden inherente a la realidad; un modelo supremo que crea las sincronicidades necesarias para permitir la evolución de la consciencia.

UN“KA’TUN”EQUIVALE A 20 AÑOS Y UN “BAK’TUN” A 400 AÑOS MAYAS. LOS USARON PARA MEDIR EL SISTEMA SOLAR

Las siguientes unidades eran siempre un conjunto de 20, de la unidad inmediatamente anterior multiplicada por 20. Dos de ellas fueron utilizadas para relacionar la órbita de la Tierra con las órbitas de los demás planetas. Un registro muy importante para determinar la energía que llega cada día, proveniente del Sistema Solar. Las llamaron “KA’TUN” y “BAK’TUN”. Un “KA’TUN” es un conjunto de 20 “TUN Oob” (20 años mayas de 360 días o 7.200 rotaciones diarias de la Tierra sobre su eje). Cifras cerradas y elegantes que también les facilitaban las cuentas. Si hubieran utilizado como unidad de medida el año solar, en 20 años solares la Tierra habría dado 7.248 revoluciones sobre su eje. Una cifra no tan fácil para hacer cálculos rápidos sin ayuda de computadores. Sin embargo, sabían que un “KA’TUN” equivale a 19,73 años solares. Fue una unidad muy utilizada por los “Chilam B’alam” (Sacerdotes Jaguar) en sus profecías. El “ventenio” permite recordar fácilmente los eventos significativos sucedidos en su comunidad; para tenerlos en cuenta, porque se repetirían en el futuro. Con estas unidades era más fácil encontrar e iluminar los diversos fenómenos y eventos que crean patrones de orden en la realidad.

El “BAK’TUN” es un conjunto de 20 “KA’TUN Oob”, o sea 400 años mayas de 360 días (20 x 20 = 400 ”TUN Oob¨” que equivalen a 144.000 días). Una cifra importante, como veremos más adelante, cuando estudiemos su Zodiaco. Trece de estas unidades mayores, 13 “BAK’TUN Oob” son la medida exacta del intervalo fijo que mide la Cuenta Largaregresiva, porque equivalen a 1’872.000 días o revoluciones del planeta (144.000 x 13 = 1’872.000 días ó 13 x 400 = 5.200 “TUN Oob”). Tenían que transcurrir 5.200 años mayas, desde la fundación olmeca en el año 3113 a.C., hasta la llegada del punto intermedio de transición del actual Gran Ciclo. Fecha que, en nuestro calendario gregoriano, tiene lugar el viernes 21 de diciembre del año 2012.

Diego de Landa –el sacerdote español que quemó todos los códices mayas en Yucatán– relata que cada templo del Mayab tenía un calendario circular llamado la ¨Rueda de los 13 BAK’TUN Oob¨. Ésta era utilizada por su sacerdote para actualizar la Cuenta Larga gráficamente, lo cual facilitaba que todo el pueblo la entendiera. El círculo estaba dividido en 13 sectores, cada uno de los cuales representaba un “BAK’TUN”. Cada sector estaba dividido a su vez en 20 segmentos menores de un “KA’TUN” de 20 años. Esta “Rueda” medía 1’872.000 días y cinco de ellas conformaban el Gran Ciclo de 26.000 años mayas (1’872.000 x 5 = 9.360’000.000, que es la duración total del ciclo en días que, dividido por 360, nos da 26.000 “TUN Oob”. La duración del Gran Ciclo en años mayas).

LA CORRELACIÓN DE SU CALENDARIO CON EL NUESTRO ES MUY PRECISA Y LA CONFIRMAN LOS TRÁNSITOS DE VENUS FRENTEALSOL

La correlación entre el calendario maya y el calendario occidental fue establecida al encontrarse un eclipse, registrado simultáneamente por los dos calendarios. A partir de ahí, se utilizó como punto de referencia esa fecha, para transferir cualquier otra de un calendario al otro. Es por eso que sabemos que la Cuenta Larga termina el viernes 21 de diciembre del año 2012. Fecha final que también dejaron relacionada con la cuenta que registra los tránsitos de Venus frente al Sol. Los mayas encontraron que, visto desde la Tierra, Venus pasa frente al disco del Sol dos veces cada 100 años. Lo curioso es que esas dos veces van emparejadas. Las separa un intervalo de 8 años, antes de reiniciar la cuenta de 100 años para que vuelvan a repetirse. En cada ocasión, Venus tarda unas seis horas en cruzar la circunferencia del Sol. El tránsito más reciente ocurrió el martes 8 de junio de 2004. El próximo tendrá lugar el miércoles 6 de junio de 2012. De existir algún error en la conversión de la cronología maya a nuestro sistema gregoriano, y el punto intermedio del Gran Ciclo no resultara ser en 2012, tendríamos que esperar otros cien años, que es cuando tiene lugar el siguiente transito de Venus, lo cual es poco probable.

UNA SERIE DE CINCO NÚMEROS, EN CINCO UNIDADES DISTINTAS, DESIGNAN CUALQUIER FECHA DEL GRAN CICLO

Utilizaron esas cinco unidades, el KIN, el WIN’AL, el TUN, el KA’TUN y el BAK’TUN; en series de cinco números separados por puntos, para designar una fecha dentro de la Cuenta Larga, a partir del Día Cero de su civilización (el día 0.0.0.0.0. en todas sus cinco unidades). Cero BAK’TUN, cero KA’TUN, cero TUN, cero WIN’AL y cero KIN. A partir de ahí, el número que aparecía en la primera posición, contando de arriba hacia abajo, indicaba cuántos BAK’TUN Oob habían transcurrido desde el Día Cero. La cuenta comienza con la unidad más grande, el BAK’TUN. Como el intervalo que medían solo duraba 13 Oob, este primer número sólo podía ser del 1 al 13. El segundo número utilizaba la unidad KA’TUN, lo que le agregaba a la cuenta el numero de KA’TUN Oob (de períodos de 20 años) que podían haber transcurrido adicionalmente a los BAK’TUN OOb –descritos por la primera cifra– desde el día Cero. Como el sistema era vigésimal, sólo podía ser una cifra del 1 al 20. El número en la tercera posición le agregaba cuantos TUN Oob, cuantos años habían transcurrido adicionalmente, a la cifra de BAK’TUN Oob y de KA’TUN Oob. También esta cifra sólo podía ser del 1 al 20. El número en la cuarta posición le agregaba a la cuenta los WIN’AL Oob (el número de meses transcurridos adicionalmente a lo medido en BAK’TUN Oob, KA’TUN Oob y TUN Oob, desde el Día Cero). En este caso, puesto que el año maya sólo tenía 18 meses, la cifra sólo podía ser del 1 al 18. El número en la quinta posición indica cuantos días ó KIN Oob había que agregar a la cuenta establecida por las otras unidades. También esta cifra sólo podía ser un número del 1 al 20. A esta fecha le adicionaban otras más que describían cuántas órbitas habían dado –desde el Día Cero– la Luna, Venus, Marte y Júpiter. Esto nos muestra la estrecha relación que guardaban con el cosmos, algo que nosotros perdimos totalmente. Esa notación que relaciona los planetas y los eventos astronómicos especiales, como los eclipses, es la que nos permitió decodificar su historia, sus descubrimientos y las profecías que dejaron para estos tiempos.


La mayoría de las fechas inscritas en piedra en el sistema de la Cuenta Larga pertenecen al noveno BAK’TUN –un intervalo de 400 años que ocurrió entre los años 430 d.C. y 830 d.C.–, cuando sucedió la llamada época Clásica Maya. Sin embargo, se han encontrado muchas fechas en piedra que se salen de ese período; algunas por miles de años, otras por cientos de miles de años y aun otras por millones de años. En Quirigua se encontraron dos fechas, de hace 411’683.935 años y de hace 90 millones de años. Sólo que esas medidas pertenecían a la escala divina de Hun’ab K’uh, para la que utilizaron otras unidades: el PIK’TUN, que equivalía a 20 BAK’TUN Oob, o sea 8.000 años mayas. El KALAB’TUN, una unidad que reunía 20 PIK’TUN Oob y que equivalía a 160.000 años mayas. El KIN’CHIL’TUN, que reunía 20 KALAB’TUN Oob y medía 3’200.000 años mayas. Y una última unidad, el ALAW’TUN, que agrupaba 20 KIN’CHIL’TUN Oob (equivalentes a 64 millones de años). Medida correspondiente al momento en que cayó –en Chik’Xulub, México– el cometa que generó la extinción de los dinosaurios.

Con esas unidades, investigaron y registraron los cielos y se guiaron –como los egipcios– por las estrellas. Como veremos más adelante, sus estudios del dominio de las divinidades generaron las certezas y las comprensiones para liderar su sociedad con seguridad por un camino espiritual extraordinario. Sin embargo, los mayas nunca midieron el paso de “El Tiempo”, puesto que éste es un concepto que no se puede medir. Ni siquiera tenían una palabra que significara tiempo. Lo importante para ellos eran las relaciones dinámicas. Los eventos sincrónicos entre múltiples variables que revelan puntos decisivos en el desarrollo espiritual del ser humano. Los patrones que surgen entre los movimientos de los astros, los eventos que se suceden en la naturaleza y en la vida de las personas, los movimientos y transformaciones de lo que percibían y las consecuencias que generaban. Al revelarse esos patrones de orden, los representaban como un arquetipo, una forma simbólica como los glifos que utilizaron. Así transmitían información sobre lo que podía suceder en la realidad individual y colectiva, directamente al inconsciente de su pueblo. Con los glifos también afirmaban la existencia de un Orden Supremo que impulsa la diversidad y la individualidad en el Universo.

ESTUDIARONLOSASTROSYLAS  FUENTESDELAENERGÍA QUE RECIBE LA TIERRA, PARA ENTENDER LA REALIDAD

Ellos sabían que el movimiento, que origina todos los procesos transformadores y los cambios en la realidad, es producido por la energía. Ningún proceso se puede impulsar ni se puede obtener resultado alguno sin ésta. Por eso, se dedicaron a encontrar, registrar y conocer las distintas fuentes de energía en el Universo que más inciden sobre la Tierra. A lo que más atención prestaron fue al Sol, por ser la fuente que más energía irradia hacia la Tierra. Es el Sol lo que crea la vida y la mantiene; es lo que más procesos inhibe o impulsa. También determina la mayoría de los ciclos y es causante directo del Gran Ciclo Cósmico, pues el flujo de energía procedente de Hun’Ab K’uh –al incrementar su actividad– produce todo tipo de cambios en el planeta. Por eso se dedicaron a estudiarlo, a registrar sus movimientos, a encontrar en qué períodos aumentaba su actividad y por qué. Así se volvieron expertos en el Sol, al que llamaban ”Kin’Ich Ahaw” (que significa Gran Señor que Ilumina los Días), cuya luz permite las actividades de los hombres. También lo llamaron “Yax B'alam” o Gran Jaguar –cuando se oculta por el horizonte, en el inframundo, para permitir que los hombres descansen–. El pueblo al ver a sus sacerdotes observando y registrando sus movimientos, desde al amanecer hasta el atardecer, día tras día, les llamó “Ahaw Kin Oob” o Señores del Sol. Puesto que –visto desde la Tierra– el que se mueve es el Sol. Veamos cómo estudiaron sus movimientos hasta encontrar el Gran Ciclo.
EL PUNTO PORDONDE SALE ELSOLEN EL HORIZONTE SE DESPLAZA ENTRELOSSOLSTICIOS DE VERANO E INVIERNO
Orientados hacia el Este, generaciones de sacerdotes se dedicaron a estudiar el Sol. Lo primero que encontraron fue que éste no sale todos los días al amanecer por el mismo lugar. El sitio por el que se asoma en el horizonte se desplaza, yendo y viniendo entre dos esquinas o puntos extremos invariables: el primero se localiza a la izquierda –punto que hoy llamamos Solsticio de Verano–, desde donde se desplaza hacia la derecha, día a día, de manera regular durante 183 días, hasta llegar al segundo punto extremo, que hoy llamamos Solsticio de Invierno. Desde allí se devuelve hacia la izquierda –desplazando nuevamente su salida día a día durante 182 días– hasta regresar al Solsticio de Verano, en un ciclo de 365 días que se repite indefinidamente. Seguramente, después de varios años de observación, encontraron que cada Solsticio tiene características únicas. El día del Solsticio de Verano tiene el intervalo de luz más largo y la noche más corta del año. Hoy sabemos que ese día corresponde al 21 de junio en nuestro calendario. Los mayas llamaron “Sak Xib Chaak” a la divinidad responsable de ese día y la asociaron al color blanco de la intensa energía que recibía la naturaleza para dar comienzo al verano, que es cuando las flores se convierten en frutos. Luego, la cosecha se recoge y las hojas se caen de los árboles, mientras el sol se va desplazando día a día hasta la esquina derecha del horizonte. En ese momento tiene lugar el Solsticio de Invierno –el día con el intervalo de luz más corto y la noche más larga del año–, que en nuestro calendario, sucede el 21 de diciembre. Los mayas llamaron “Kan Xib Chaak” a la divinidad responsable de ese día y la asociaron al color amarillo. El día siguiente, el Sol regresa nuevamente, día a día, hacia la esquina izquierda del horizonte.


El punto por donde sale el sol se desplaza cada día


Una pirámide para observar y otras tres de referencia


Los Solsticios y los Equinoccios estructuran las cuatro esquinas del espacio Maya, los puntos donde comienzan y terminan las cuatro estaciones. Los solsticios marcan los dos puntos extremos (2 y 4) del desplazamiento diario del Sol por el horizonte. La gráfica muestra la correspondencia entre la órbita de la Tierra alrededor del Sol y el horizonte por donde el astro se desplaza diariamente. Así podemos entender fácilmente por qué las dos esquinas (1 y 3) de los equinoccios se localizan sobre el mismo punto.


LOS EQUINOCCIOS SONDÍAS DE NEUTRALIDAD, EN LOS QUE LOS INTERVALOS DE LUZ Y OSCURIDAD SON IGUALES

Los Sacerdotes del Sol llevaban al cinto un marco cuadrado con una cruz en su centro. Al orientarlo debidamente, se valían de la sombra que proyectaba, para saber la hora del día y la estación del año por la posición del sol en ese momento. Dicho instrumento proyectaba una sombra más corta en verano que en invierno, puesto que el arco formado en el cielo por el astro, desde cuando sale al amanecer hasta cuando se oculta al anochecer, no es constante. Estudiando las sombras proyectadas por ese instrumento y una vara enterrada en el piso, encontraron otros dos días que tienen varias características armónicas extraordinarias. El primero, en el centro exacto del desplazamiento de izquierda a derecha, entre el Solsticio de Verano y el Solsticio de Invierno. El segundo, en la mitad exacta del desplazamiento de derecha a izquierda, cuando el Sol regresa al punto del Solsticio de Verano. La primera característica que los distingue es que, al mediodía, ni la vara ni las personas proyectan sombras, por encontrarse éstas exactamente bajo sus pies. La segunda característica es que estos días son los que marcan la transición entre verano y otoño, e invierno y primavera. La tercera característica es extraordinaria, porque los intervalos de luz y oscuridad de esos dos días, son exactamente iguales. Nosotros los llamamos Equinoccios, del latin aequinoctĭum, que significa "noche igual". Los mayas –como los egipcios– interpretaron que en esos días la luz y la oscuridad –el bien y el mal– se encuentran en equilibrio. Eran por lo tanto días de neutralidad que favorecen los procesos que conducen a la armonía y al consenso. Por eso, durante el período clásico, a partir del día del Equinoccio de Primavera (llamado así porque ese día en el Hemisferio Norte termina el invierno), celebraban los “WAY’EB”: los cinco días intermedios entre el año que termina y el que comienza. Durante esos días se dedicaban a examinar su consciencia, a hacer las paces con quienes hubieran tenido problemas y a decidir por consenso qué obras públicas construirían el siguiente año. La cuarta característica es que, de todo el año, sólo en esos dos días el Sol sale exactamente por el Este cardinal y se oculta exactamente por el Oeste cardinal. En los días restantes el punto se desplaza hacia el noreste o hacia el sureste. En el calendario gregoriano el Equinoccio de Primavera tiene lugar el 21 de marzo. Los mayas llamaron ”Chak Xib Chaak” a la divinidad encargada de ese día de neutralidad y la asociaron al color rojo del Sol al amanecer y del comienzo de Primavera.

El segundo día tiene lugar seis meses después y se llama el Equinoccio de Otoño, porque ese día termina el verano y comienza el otoño. En nuestro calendario esto sucede el 21 de septiembre. Los mayas llamaron ”Ek Xib Chaak” a la divinidad responsable de ese día y la asociaron al color negro. A partir de ese día, la energía disminuye su intensidad, sumergiendo lentamente en el frío al hemisferio norte del planeta. Los intervalos de luz se hacen cada vez más cortos, a medida que el sol se desplaza día a día hacia el Solsticio de Invierno en la esquina derecha del horizonte. Con esta información, los sacerdotes mayas podían localizar perfectamente las cuatro esquinas que definen el movimiento del Sol visto desde la Tierra: los dos Solsticios y los dos Equinoccios.

LOS MAYAS CONSTRUYERON SUS CIUDADES COMO “INSTRUMENTOS” PARA OBSERVAR ELCOSMOS EINVESTIGARCÓMOFUNCIONABA

En sus principales ciudades construyeron una pirámide muy alta, un Templo Máximo frente a la plaza principal, para usarlo como observatorio astronómico. Les servía para registrar durante el día los movimientos del Gran Señor Sol y por las noches los desplazamientos de los planetas y estrellas, por encima de la copa de los árboles de la selva circundante. En lo alto de la pirámide se encontraba el altar donde el sumo sacerdote realizaba sus ofrendas –para luego dirigirse al pueblo que estaba abajo en la plaza– durante las ceremonias en que festejaban su relación con el Sol y con el cosmos. Muchos de esos Templos Máximos –como en “Waxak’Tun” y “Tikal”– eran observatorios mucho más precisos por haberles construido al frente, a unos 200 metros hacia el Este contra el horizonte, otras tres pirámides más pequeñas. Una a la izquierda, para servir de referencia al Solsticio de Verano, otra en el centro para registrar el punto de salida del Sol en los dos Equinoccios y la tercera a la derecha para determinar precisamente el Solsticio de Invierno. Les colocaban largos postes sobre una especie de cresta que se elevaba encima de la cubierta del altar, los cuales les servían de referencia para registrar, año tras año, los movimientos del Sol. Siempre estudiaban cuidadosamente la ubicación de las pirámides que construían alrededor del Templo Máximo –en cualquier dirección cardinal– para usarlas como otra referencia. Esta vez para observar y registrar los movimientos de alguna brillante estrella que fuera importante para sus investigaciones. Así construyeron sus ciudades como verdaderos instrumentos para investigar el cosmos.

ELSACERDOTE DE CADA PUEBLO SINCRONIZABA LOS CALENDARIOS CON LA REALIDAD

El “Ahaw Kan” o “Señor Serpiente”, quien era el máximo guía espiritual de los mayas –el sacerdote con mayor sabiduría y por lo tanto mayor jerarquía– nombraba un sacerdote en cada comunidad a quien llamaban el Nacón del pueblo. Éste era el guía espiritual del lugar y quien dirigía las ceremonias sagradas, los bautizos, la llegada de la pubertad, los matrimonios y los ritos mortuorios. Tenía además la responsabilidad de mantener sincronizados los calendarios del pueblo con la realidad. Para ello recibía del “Ahaw Kin” –el Señor de los Días, quien llevaba la Cuenta Larga– las fechas exactas en que se celebrarían los Solsticios y los Equinoccios y –cada cuatro años– la orden de extender los “WAY’EB” por un día adicional –para compensar el 0,25 de día del año solar que mide 365,25 días–, como hacemos nosotros en los años bisiestos. Se ha afirmado que los mayas no adicionaban ese día cada 4 años, lo que implica decir que sus calendarios no permanecían sincronizados con la realidad. Lo cierto es que esto era tan importante, que cada comunidad escogía entre sus más sabios ancianos cuatro asistentes para su Nacón. Estos eran llamados ¨Chaak Oob¨ y se encargaban de relacionar la posición del Sol, en cada una de las 4 esquinas de la realidad, con sus fechas en el calendario. Cada pueblo tenía sus marcadores de referencia de la posición del Sol en las cuatro esquinas sobre el horizonte, tal y como lo hacían en lo alto de sus pirámides. De no agregar un día cada cuatro años a los festejos de los “WAY’EB”, en sólo 20 años habrían tenido un desfase de cinco días entre la realidad y sus calendarios. Los cuatro “Chaak Oob”, quienes asistían al Nacón durante las ceremonias, conformaban con él un consejo para dirimir los asuntos comunitarios durante un año. Cada uno se encargaba simbólicamente de una de las cuatro esquinas de la plaza principal de su pueblo, que representaba en el microcosmos comunitario al Espacio Sagrado maya en el Universo. Desde esas cuatro esquinas expulsaban las malas energías con sahumerios y cánticos, convirtiendo la plaza en un espacio sagrado para las ceremonias, a donde sólo se permitía la entrada a los hombres purificados por el ayuno y a las ancianas del pueblo. En ese espacio sagrado realizaban ceremonias en los días de alta energía, cuando la Tierra –por su posición en el espacio– recibía estas energías del Sol, de las constelaciones y de los reflejos de la Luna y los Planetas. También hacían ceremonias –gracias a la exactitud de sus cálculos astronómicos– los días de eclipses de Sol o de Luna. Así equilibraban las energías de eventos que, al alterar el orden y la regularidad, eran considerados de mal augurio.

LOS “WAY’EB”ERANLOS FESTEJOSMÁSIMPORTANTES DELAÑO Y COMENZABAN CON EL EQUINOCCIO DE PRIMAVERA

Las más importantes festividades –de las muchas que celebraban cada año– eran los “WAY’EB”, en los cuales festejaban los cinco días de neutralidad e introspección. Para comenzar, extinguían todos los fuegos y se tiznaban con sus cenizas, como símbolo de ayuno y purificación. Sólo comían fruta y agua. Hacían ofrendas a las divinidades, examinaban su consciencia para ponerse en paz con todo el mundo y se conectaban con sus “Way Oob”. Los mayas creían que, al nacer, todo ser humano recibía su “Kanul”, “Way” o “Nagual”. Un compañero sobrenatural con esencia animal que lo cuidaba como un ángel de la guarda desde una dimensión no física. Algo así como una prolongación energética del alma del hombre en el inframundo. Las características y la forma de ese protector eran suministradas por la divinidad del día en que nacía la persona. Cada maya hacía ofrendas a su “Way”, durante los “WAY’EB”, en agradecimiento por sus cuidados durante el año transcurrido.

Sol el día del equinoccio en el mismo meridiano por el que en la noche aparecerá la estrella heliacal.


Estrella heliacal (que se mueve en el mismo meridiano del sol) registrada en el Equinoccio del año 1, sobre la vara de referencia ubicada sobre la pirámide roja.


Estrella heliacal en el equinoccio del año 2, que se desplaza más a la izquierda de la vara de referencia.


Estrella heliacal en el equinoccio del año 3, que registra un nuevo desplazamiento hacia a la izquierda.


Tres posiciones superpuestas de la estrella. La bóveda celeste precede 1º cada 72 años. Da un giro de 360º x 72 años= en 25.920 años. Esta precesión es el origen del Gran Ciclo Cósmico de 26.000 años y está relacionada con el movimiento de las constelaciones zodiacales frente a la Tierra.


LOSMAYASCONFIRMARONLA EXISTENCIA DEL GRAN CICLO Y SU RELACIÓN CON LA PRECESION DE LAS CONSTELACIONES
El día del Equinoccio, al amanecer, comenzaban las festividades. Los “Ahaw Kin Oob” (astrónomos que registraban el cielo desde lo alto del Templo Máximo) verificaban que el Sol se asomara al Este por el horizonte –en el punto referenciado con la alta vara– exactamente sobre la pirámide roja. Una marca que les servía de referencia visual, año tras año, para confirmar que efectivamente comenzaba el día en que el intervalo de luz y el de oscuridad eran iguales. Los festejos duraban todo el día y toda la noche, mientras desde lo alto, los astrónomos continuaban su trabajo. Su estudio del ascenso por el horizonte de las estrellas principales en la bóveda celeste. Las que utilizaban, año tras año, como referencia para verificar el Gran Ciclo Cósmico. En algunos casos, en ese día del Equinoccio, la oscuridad de la noche dejaba ver, exactamente al Este, una brillante estrella heliacal. Se la llama así porque se desplaza sobre el mismo meridiano por donde más tarde sale y se eleva el Sol, ocultándola con su brillo. Lo cual quiere decir que el astro y la estrella están en conjunción. En este caso los astrónomos mayas referenciaban, tanto el Sol en el día como la estrella en la noche, con la misma vara sobre la pirámide roja. Al año siguiente –al repetir la misma ceremonia– observaban cómo el Sol conservaba su posición, mientras la estrella se desplazaba un poco más hacia la izquierda de la vara de referencia. Cuando comprobaron que –año tras año– la estrella se desplazaba cada vez más hacia la izquierda de la vara, decidieron medir ese desplazamiento construyendo otras pirámides que sirvieran de referencia visual, desde el mismo Templo Máximo hacia otras estrellas. Gracias a esto pudieron verificar que ese movimiento retrógrado les sucede a todas las estrellas. Es decir, que lo que se desplaza hacia la izquierda, de equinoccio en equinoccio, es la bóveda celeste entera. Este desplazamiento es lo que la ciencia actual llama la “Precesión de los Equinoccios”.

LA BÓVEDA CELESTE PRECEDE 1º CADA 72 AÑOS Y DA UN GIRO DE 360º FRENTE A LA TIERRA EN 26.000 AÑOS: LA MEDIDA DEL GRAN CICLO QUE GENERA LOS CATACLISMOS

Los mayas encontraron que la bóveda celeste se desplazaba de manera regular 1º cada 72 años (la Luna llena ocupa medio grado en el cielo). Lo que quiere decir que 1º (dos lunas llenas) es una distancia considerable y perceptible a simple vista, más aún si se tiene un punto de referencia fijo, como los postes de madera que colocaban los mayas sobre las pirámides. Calcularon entonces que la bóveda celeste daba un giro completo de 360º frente a la Tierra en 26.000 años. Habían localizado el origen del Gran Ciclo Cósmico en la precesión que las constelaciones realizan, al medir su desplazamiento, año tras año, en el día del Equinoccio. Hoy sabemos que la posición del Equinoccio de Primavera en relación con las estrellas retrocede 50,3 segundos de arco (0,01396º por año), lo que equivale a decir que preceden 1º cada 72 años. En 25.920 años (72 x 360º = 25.920) la posición de una estrella el día del Equinoccio da un giro completo hasta regresar al mismo punto. El movimiento precesional se hace evidente, al registrar durante varios años un punto en el horizonte por donde asciende una estrella. Los mayas encontraron un patrón repetitivo, un ciclo fundamental de la energía y de la inteligencia en el cosmos, que estaba relacionado con las estrellas.

El Universo es un todo interconectado, tiene patrones de orden que relacionan los eventos astronómicos con los sucesos humanos. Como veremos, los arquetipos astrológicos y las combinaciones de energía que llegan a la Tierra por las posiciones de los astros, determinan las sincronicidades y la secuencia de experiencias que los seres humanos debemos experimentar para garantizar la evolución de nuestra consciencia.

viernes, 19 de febrero de 2010

3-EL LEGADO ATLANTE



La información mas antigua sobre el Gran Ciclo Cósmico proviene de la Atlántida

Hace 13.000 años, el Sol, activado por un pulso del Centro de la Galaxia, irradió una cantidad inusual de energía hacia la Tierra, provocando el Diluvio Universal. Un evento registrado en los libros sagrados de prácticamente todas las culturas antiguas. Como ya hemos visto, existen evidencias científicas que relacionan este acontecimiento con el Gran Ciclo Cósmico.

Registros del Génesis Sumerio con una lista de sus reyes en tabletas cuneiformes, que datan del año 4468 a.C., son evidencia histórica que confirma la existencia de la Atlántida y que el Diluvio Universal que la destruyó, sucedió aproximadamente en el año 10.928 a.C. En aquel entonces, brillaba frente al horizonte terrestre la constelación de Leo. Era que los Sumerios establecen como la del nuevo comienzo. Los egipcios, también ubican el Zep Tepi, como le decían al nuevo tiempo, en esa misma Era.

Otra de las más antiguas referencias al Gran Ciclo Cósmico y al Diluvio Universal aparece en el código del rey babilonio Hammurabi. Su texto afirma que el rey podía leer las palabras talladas en piedra de los días anteriores al diluvio. Esto confirma la existencia de la Atlántida e indica que en ese entonces ya existían escribas y escritura.


En sus diálogos, “Timeo y Critias”, Platón nos describe a la Atlántida y habla del Gran Ciclo Cósmico que originó su destrucción. Su relato dice que en el año 600 a.C., Solón un gobernante griego, recibió información directamente en Egipto, sobre antiquísimos registros que se remontaban hasta la Atlántida, la “civilización madre” de esa cultura. Cuenta que existe un Gran Ciclo Cósmico que ha provocado varias veces la destrucción de la humanidad. Una de ellas por fuego y la última vez por agua, cuando un diluvio hundió bajo las aguas a la cadena de islas donde se encontraba la Atlántida. De acuerdo con Solón, esto sucedió unos 9.000 años antes de su tiempo, mas allá del mediterráneo, después de las columnas de Hércules, como llamaban los antiguos al estrecho de Gibraltar. Es decir, en el Océano de los Atlantes.


La Atlántida se alzaba en la confluencia de 3 placas tectónicas: La que soporta al continente de Suramérica, la que soporta a África y la placa de Norteamérica, único lugar bajo el mar que en los últimos 13.000 años ha sufrido grandes cambios. Esa ubicación fue el principal motivo para que desapareciera completamente cuando esas placas chocaron entre sí, generando enormes terremotos y erupciones volcánicas en todo el planeta. En 1877 la gran síquica Helena Blavatsky predijo que las islas se encontraban sepultadas en una grieta que existía en el fondo del Océano Atlántico. La grieta, que fue localizada a principios del siglo pasado y que hoy llamamos la fractura de Atlantis, pasa exactamente por el punto de confluencia de las 3 placas tectónicas. Lugar donde existe la más alta probabilidad en el planeta, para que la cadena de islas se hundiera bajo las aguas. En el año 2001 produje con Caracol Televisión una serie de 5 programas llamados ¨La Conexión Atlante¨ que amplían este tema. Los interesados pueden ver extractos en:

www.youtube.com/user/fernandomalkunrojas#p/u/1/GoT1CsoD-Fg


Megalitos prueban que la Atlántida sí existió.

La Atlántida se ha considerado como una leyenda derivada de la descripción que hizo Platón, sin embargo existen pruebas incontrovertibles de su existencia, que gracias a su tamaño sobrevivieron al diluvio. Se trata de unas gigantescas piedras llamadas megalitos que se encuentran en dos lugares: En Baalbek, Líbano y bajo la plataforma que soportaba el templo de los judíos en Jerusalén. Son los bloques de piedra cortada mas grandes y pesados del mundo: Los tres de Baalbek son llamadas los trilitones. Cada uno pesa alrededor de mil doscientas toneladas y mide aproximadamente 25 metros de largo, 12 metros de ancho y 5 metros de alto. Hoy no tenemos la tecnología para moverlas. Lo más pesado que se puede levantar con una grúa, es el transportador espacial Discovery que solo pesa 150 toneladas, aproximadamente una décima parte del peso de los trilitones. Los tres bloques fueron movidos 3 km, desde el lugar donde fueron tallados donde aún se encuentra un bloque cortado que nunca fue utilizado, hasta el sitio donde fueron elevados a 25 metros de altura sobre una base de piedra. Allí fueron ensamblados entre sí con tanta precisión que no cabe la carta de una baraja entre sus juntas.


Varias civilizaciones, asombradas por su tamaño, las convirtieron en objeto de reverencia y, sobre la plataforma que conforman, construyeron una sucesión de templos. El más antiguo fue sumerio, dedicado a Anú. Luego, los asirios construyeron un templo dedicado a Baal. Posteriormente, los persas dedicaron uno a Mitra; los griegos a Helios y, por ultimo, los romanos construyeron allí el mas grandioso templo de todo el imperio. Una de las maravillas del mundo antiguo, dedicado a Júpiter con un gran Omphalos, la piedra de su oráculo, que fue visitada por casi todos sus emperadores. En Jerusalén hay otros dos megalitos Atlantes, que forman parte de los cimientos del muro de los lamentos y de la enorme plataforma que sostuvo al templo de los judíos; cada uno pesa 800 toneladas. La ciudad santa se fundó en ese sitio tan difícil, seguramente para reverenciar esas enormes piedras Atlantes.


Evidencias geológicas, astronómicas, físicas, históricas, climáticas y biológicas confirman que hace aproximadamente 13.000 años terminó la última glaciación. En ese momento el eje de la tierra se orientaba hacia la estrella Vega de la constelación de Lira que brillaba sobre el Polo Norte, exactamente donde hoy se encuentra Polaris. Esto ocurrió cuando el manto de hielo que había cubierto el planeta, durante el enorme intervalo de 2,5 millones de años de la Era Glacial del Pleistoceno, se derritió. El hielo que cubría la superficie de los continentes retenía un gran volumen de agua que mantenía el nivel de los mares unos 120 metros por debajo de su nivel actual. Tan solo en el Ecuador del planeta había una zona tropical más cálida y libre de hielo. Allí, en la mitad del Océano Atlántico, existía en aquel entonces una cadena de islas en donde floreció el núcleo central de la avanzada civilización Atlante. El hielo, al derretirse, produjo gran cantidad de vapor de agua que alteró el clima y generó el gran diluvio planetario. El volumen de agua del deshielo elevó el nivel del mar, lo que ocasionó el gran cataclismo.

Hace 13.000 años, el centro de la galaxia emitió una Superonda de energía que aumentó la irradiación del Sol, lo que provocó el Diluvio Universal.

Dos hipótesis que se complementan entre sí explican por qué aumentó tan rápidamente la temperatura en la Tierra, como para derretir el manto de hielo que la cubría desde hacía 2,5 millones de años y dar lugar al Diluvio Universal. La primera de las hipótesis que resuelve el misterio es de Paul LaViolette, Ph. D., autor de varios libros entre ellos, ¨Genesis of the Cosmos¨, ¨Subquantum Kinetics¨ y ¨Earth Under Fire¨, quien descubrió evidencias de que el centro de la galaxia palpita o emana periódicamente un flujo de alta energía, en dos intensidades: Una, muy fuerte e intensa, cada 26.000 años. La otra, mucho más débil, exactamente en la mitad de ese intervalo, es decir a los 13.000 años. Las emisiones de energía se ajustan por lo tanto, a los intervalos del Gran Ciclo Cósmico.

La irradiación que el autor llama Superonda, es emitida por el centro de la galaxia, que se encuentra a 26.000 años luz de distancia del Sistema Solar. Está conformada por una amplia gama radiación electromagnética, principalmente de rayos Gamma, rayos-X y luz ultravioleta. Además, de rayos cósmicos galácticos que son partículas que portan en su interior protones y electrones. En menor cantidad irradia luz infrarroja, ondas de radio y luz visible.

La Superonda empuja polvo cósmico con partículas metálicas reflectivas hacia el Sistema Solar.

Cuando la Súper onda es muy intensa empuja, en su camino hacia el Sistema Solar, grandes cantidades de polvo cósmico interestelar, rico en partículas metálicas de iridio. Por su origen extraterrestre, el iridio es un elemento muy raro en nuestro planeta. Éste nos llega, mezclado con polvo cósmico, en cometas y asteroides que impactan la Tierra. Hace 13.000 años, cuando la súper onda llegó a nuestro Sistema Solar, esas partículas metálicas de iridio que son reflectivas, actuaron como un espejo que devolvió los rayos solares que se dirigían hacia el espacio exterior, de vuelta hacia el Sol. Ésto produjo un incremento en la generación de fáculas (puntos brillantes), manchas (puntos oscuros) y explosiones de plasma que aumentaron la irradiación del Sol. Esta inusual aumento de energía elevó la temperatura del planeta, lo que inició el derretimiento del manto de hielo que lo cubría. El clima cambió abruptamente, el agua evaporada generó una fuerte e incesante lluvia, se elevó el nivel del mar y comenzaron a inundarse las ciudades costeras de la civilización Atlante.
Las partículas de iridio actuaron como un espejo que concentró energía en el Sol, lo que incrementó su actividad.

El descubrimiento se produjo al encontrarse una altísima concentración de berilio-10 y de polvo cósmico con iridio, preservados en una muestra extraída en Vostok, Antártida, de una capa de hielo que estuvo expuesta al aire libre hace 13.000 años. El isótopo de berilio-10, que es uno de los metales más livianos, solose produce cuando rayos cósmicos de alta energía chocan con átomos de nitrógeno y de oxígeno en la atmósfera. La inusual concentración de polvo cósmico con partículas de berilio-10 y de iridio, permitió deducir que solo una Superonda de energía pudo haber traído el iridio del espacio exterior y generado el berilio-10 en la atmósfera.

Este descubrimiento despertó el interés por estudiar muestras de hielo de los últimos 145.000 años, para saber si este fenómeno se había repetido en el pasado. Y se amplió la investigación a las variaciones de temperatura del aire en ese mismo período, que quedan registradas en los núcleos de hidrogeno pesado preservados en el hielo. Esto permitió descubrir una correlación muy cercana de ascensos y descensos de temperatura en el planeta, con concentraciones de isótopos de berilio-10 y de partículas de iridio, en intervalos aproximados de 26.000, 52.000, 78.000, 104,000 y 121.000 años. Es decir, los mismos intervalos determinados por el Gran Ciclo Cósmico y la Precesión de los Equinoccios.

De otro lado, el Telescopio Espacial Hubble, ha permitido comprobar que este fenomeno también ocurre en otras galaxias que, además de tener núcleos masivos similares al que tiene el centro de nuestra Galaxia, emiten flujos similares a los de la hipótesis de La Violette. Alternan emisiones de alta energía con largos períodos de inactividad.

En 1993, la sonda interestelar Ulises de la Nasa detectó nubes de polvo cósmico moviéndose en dirección a la tierra. Esto parece indicar que, el fenómeno que ocasionó el aumento de temperatura que provocó el Diluvio, se puede estar repitiendo ahora con menor intensidad, porque la temperatura solo a aumentado cerca de 1º en los últimos 20 años. Como vimos, la onda irradiada en la mitad del Gran Ciclo es menos intensa. A su vez, en1996 el Amor radar, Advanced Meteor Orbit Radar en Nueva Zelanda también detectó un fuerte flujo de partículas procedentes del centro de la galaxia.

¨Falsos amaneceres¨ en el hemisferio norte tambien confirman que está llegando polvo cósmico con iridio a la Tierra. Muy temprano en la madrugada sus reflejos iluminan la oscuridad, como si estuviera saliendo el Sol.

La explosión de los restos de una supernova en la atmósfera aceleró el cataclismo.

LaViolette también afirma en su estudio que la energía periódica de la Superonda, hace explotar estrellas inestables que se encuentran al final de su vida útil, convirtiéndolas en supernovas. Esta afirmación nos lleva a la segunda hipótesis, a la posibilidad de que un evento sincrónico acelerara súbitamente lo que sucedía en ese momento, acelerando el cataclismo que destruyó casi toda la población sobre la Tierra. Es probable que, el aumento en la temperatura que derretía el manto de hielo, se volviera cataclísmico con la llegada de restos irradiados por una supernova que explotó en la atmósfera del planeta. De acuerdo con el geólogo Allen West y el oceanógrafo Jim Kenneth, científicos de la Universidad de California, y con el químico nuclear Richard Firestone, del Lawrence Berkeley National Laboratory, hay pruebas concluyentes de que hace 13.000 años un cometa explotó en la atmósfera de la Tierra.

Restos de una supernova explotaron en la atmósfera acelerando el cataclismo.

Este cometa sería parte de los restos de una supernova (una estrella enana blanca) que explotó al término de su vida útil hace aproximadamente 39.000 años. De unos 4 kms de ancho, habría explotado sobre el cielo entre Canadá y Norteamérica, cerca de la región de los grandes lagos. El bólido celeste, no era sólido como el que cayó hace 65 millones de años sobre Chicxulub, México, generando la extinción de los dinosaurios. Habría sido una masa poco consolidada de rocas, hielo y otros materiales de baja densidad, que estalló al entrar en la atmósfera. La explosión generó una bola de fuego que vaporizó lo que se encontraba en un área de unos 300 kms de radio y un huracán de viento ardiente encendió la vegetación del continente entero. Simultáneamente esparció, sobre gran parte del hemisferio norte, una gran cantidad de polvo cósmico y partículas de iridio que luego fueron detectadas por este cuerpo de científicos en muestras del suelo de diferentes lugares de Norteamérica, Canadá y en el hielo de Groenlandia

La explosión terminó de desestabilizar la capa de hielo Polar Ártico que ya se estaba derritiendo, provocando un masivo desprendimiento que al caer súbitamente al mar, causó un gigantesco tsunami que arrasó todos los continentes. Debido a la violenta y poderosa explosión, las capas tectónicas que conforman la corteza terrestre chocaron las unas con las otras generando erupciones volcánicas y terremotos en todas partes. Los dos volcanes de la Atlántida explotaron, la tierra se abrió y una ola tan alta como una montaña de 900 metros arrasó con su capital Poseidonis. Al explotar la masa del cometa, el polvo cósmico que éste traía se esparció oscureciendo el cielo, produciendo un efecto invernadero que impidió que el calor escapara. Esto elevó aún más la temperatura, terminando de derretir el manto de hielo que había cubierto al planeta durante millones de años. Las versiones sumerias, egipcias, y del génesis nos dicen que llovió día y noche durante 40 días. Un gigantesco volumen de agua se precipitó sobre los océanos, elevando el nivel del mar en 120 metros y sumergiendo gran parte de los continentes bajo las aguas. Los restos de la Atlántida desaparecieron en el fondo del mar.

Platón también cuenta la historia del cometa.

Curiosamente, Platón relata la misma historia en los diálogos en que describe a la Atlántida. En su relato, Faetón, un cometa hijo de Helios, el Sol, que trataba de mantener los caballos del carruaje de fuego de su padre por el sendero de la eclíptica, muere estrellado contra la Tierra, quemando casi todo lo que había. Esto parecía parte de una fábula pero hoy descubrimos que realmente describe los movimientos del cometa que generó la explosión de fuego sobre la tierra, lo que desencadenó el cataclismo y el Diluvio Universal.

No quedan rastros de la cadena de islas Atlantes.

El cataclismo cambió fundamentalmente la superficie de la Tierra. Enormes cantidades de barro, arena y tierra se acumularon sobre valles y montañas, lo que hizo surgir una nueva topografía, nuevos lagos y una nueva línea costera. La isla de la Atlántida, que se encontraba sobre los bordes de tres placas tectónicas que chocaron entre sí, se fracturo deshaciendose y se hundió a través de la fractura de Atlantis en el magma hirviente de la tierra. Sin embargo, el cambio más grande en el planeta, fue la desaparición del manto de hielo que cubría los continentes. Ésto elevó la temperatura media del mar permitiendo que hoy disfrutemos de un período cálido entre las glaciaciones que habitualmente han cubierto el planeta.

Hace 13.000 años, los Sacerdotes de la Escuela de Misterios de Naacal en la Atlántida disponían de información recopilada durante miles de años. Calendarios que les permitieron calcular con anticipación que el final del Gran Ciclo se aproximaba. Cuando se dieron cuenta que la temperatura aumentaba drasticamente y que el nivel del mar se estaba elevando, alertaron a su pueblo del peligro potencial que esto representaba para una Isla como la Atlántida. Ellos temían, que estas alteraciones coincidiendo con el final del Gran Ciclo Cósmico, podrían amplificarse peligrosamente. Por lo tanto, prepararon barcos especiales, sellados por todos los lados para soportar los embates de las aguas, mientras veían como su pueblo, deleitado con un clima más benigno y dedicado a las satisfacciones materiales y al hedonismo, no escuchaba sus advertencias. Antes del momento final, y decididos a sobrevivir para sembrar una nueva civilización después del cataclismo que veían venir, salieron de la Atlántida hacia el Este. En ese momento, los vapores del deshielo generaron una lluvia constante y el nivel del mar comenzó a elevarse rápidamente. Las lluvias se convirtieron en un Diluvio Planetario y es probable que en ese momento los restos de la Supernova, una estrella al final de su vida útil que había explotado mucho tiempo atrás, llegaran a la Tierra. Los restos explotaron al entrar en contacto con la atmósfera sobre los grandes lagos de lo que hoy es Canada, provocando choques entre las placas tectónicas y el hundimiento de la civilización Atlante bajo las aguas. El progreso de la humanidad se detuvo súbitamente, dando comienzo a un período de 13.000 años de oscuridad. La historia nos ha demostrado que las civilizaciones se elevan, caen y antes de surgir una nueva, sobreviene un período de oscuridad y de regresión intelectual, en el que la ignorancia deforma o destruye gran parte de los logros alcanzados.

Sacerdotes Atlantes sobreviven el Diluvio con la semilla de nuestra civilización.

El caos separó los barcos de los pocos que sobrevivieron el cataclismo que destruyó a la Civilización Atlante. Sin embargo, y a pesar del caos que separo los barcos de los pocos Atlantes que lograron ponerse a salvo, al menos dos grupos lograron sobrevivir. A pesar de no haber previsto la explosión del cometa y el súbito cataclismo que desencadenó, un valioso tesoro de la civilización Atlante representado en la semilla de su conocimiento bien pudo ser preservado para la posteridad. Cuando el temporal amainó llegaron a lugares separados por miles de kilómetros en la Mesopotamia Sumeria y en el valle del río Nilo en Egipto. Llevaban con ellos mucha información. Un modelo científico de la realidad resultado de la observación, registro y análisis de la naturaleza, de los movimientos de los astros y del comportamiento del hombre durante miles de años.

Gracias a ese legado, 75 generaciones después, pudieron surgir totalmente maduras las civilizaciones Sumeria y Egipcia, que fueron las raíces paralelas de las que se derivaron todas las culturas posteriores. Los Olmecas, la ¨cultura madre¨ de los Mayas, recibió esa información de la rama Egipcia miles de años después. Descripciones del diluvio, de la gran inundación que produjo y de unos pocos sobrevivientes que sembraron nuevamente la civilización sobre la tierra¨, se registran en los libros sagrados de todas las culturas antiguas. El arquetipo del Noé bíblico aparece en el sumerio Ziuzudra, el egipcio Nnu, el babilonio Atrahasis, el akkadiano Uptnashtim, el caldeo Xisuthrus y el zoroastriano Yima.

Es posible que unos mil sacerdotes y sacerdotisas de la Escuela de Misterios de Naacal de la Atlántida, llegaron a un largo oasis, a una franja de tierra fértil que bordeaba un caudaloso río protegida por un vasto desierto. La llamaron Kemet, que significa tierra negra, territorio que tiempo después sería conocido como Egipto. Un lugar con unas condiciones excepcionales para gestar una nueva civilización, dedicada al perfeccionamiento espiritual. Desde allí, concibieron un plan, que tomaría miles de años en ejecutarse, para repoblar la tierra y elevar la consciencia de sus descendientes. Plan que también contemplaba la manera de transmitir a sus descendientes la información verificada en carne propia sobre el Gran Ciclo Cósmico. Ellos sabían que un nuevo período de 26.000 años comenzaba para la humanidad. Que dentro de 13.000 años volvería a repetirse el Momento Evolutivo de intenso cambio que la civilización Atlante había experimentado en la mitad exacta del Gran Ciclo que acababa de finalizar.



GRAN CICLO CÓSMICO ZODIACAL Y CIRCUMPOLAR DE 26.000 AÑOS.

Ese es el tiempo en que el eje polar de la tierra da un giro completo de 360º ajustado a la forma de un cono virtual, lo que va cambiando su orientación hacia las 6 Constelaciones Circumpolares, las que brillan sobre el Polo Norte. Ese movimiento permite que 6 distintas estrellas se alternen para situarse cada 4.320 años sobre el Polo, hoy brilla allí, Polaris de la constelación de la Osa Menor. Simultáneamente las constelaciones zodiacales también se desplazan frente al horizonte terrestre. El Zodíaco que los egipcios heredaron de los Atlantes tenía 12 constelaciones, mientras que los Mayas diseñaron uno propio dividiendo las estrellas de la bóveda celeste en 13 constelaciones. Este desplazamiento es llamado la ¨Precesión de los Equinoccios¨ por la ciencia actual y es la base del Gran Ciclo Cósmico. La Tierra ocupa el punto rojo en el centro de la gráfica, bajo las constelaciones circumpolares.

En la Esfinge y en el Zodíaco están las claves Atlantes que nos revelan las fechas del intervalo en que opera el Gran Ciclo.

Inmediatamente después del Diluvio, los Sacerdotes Atlantes decidieron tallar un megalito de piedra con la forma de una Esfinge. Serviría como clave, de manera que al descifrar su enigma, tuviéramos acceso a su antigua información de Sabiduría. De esta manera el conocimiento sobre el orden del universo quedaba protegido de la ignorancia que sabían sobrevendría con el paso del tiempo. La dejaron como una señal de tamaño planetario para que lograra sobrevivir el paso de los siglos, con las claves del intervalo en que se manifiesta el Gran Ciclo Cósmico.

Relacionaron esas claves con el reloj mas preciso que conocían: El desplazamiento del día de los Equinoccios, que cambia la posición de la tierra frente a las Constelaciones del Zodíaco. Un mapa de las estrellas que habían construido a lo largo de miles de años, uno de los conocimientos más extraordinarios que su civilización había reunido sobre el orden del universo. En su Plan se encargarían de dejar ese mapa bien claro, como un legado a sus descendientes.

Hoy sabemos que, una a una, las 12 constelaciones de estrellas en la bóveda celeste se pueden apreciar, al pasar frente al horizonte terrestre, mientras dan un giro de 360º que tarda 26.000 años. El movimiento que la ciencia actual llama la ¨ Precesión de los Equinoccios¨, el cual veremos en detalle más adelante. Los sacerdotes atlantes sabían que ese movimiento corresponde a los intervalos que regulan la emisión de energía, desde el centro de la galaxia. El Eje entre dos de esas constelaciones, Leo y Acuario, divide el Zodiaco y la bóveda celeste y marca los momentos en que el centro de la Galaxia irradia la Superonda que incrementa la actividad del Sol. El primero de esos momentos sucedió al finalizar el Gran Ciclo pasado cuando la civilización Atlante se hundió bajo las aguas y el segundo lo estamos experimentando nosotros ahora. Leo marca el punto inicial de cada Gran Ciclo y 26.000 años después de haber dado un giro de 360º, marca también su punto final. Acuario marca el punto medio del Gran Ciclo. El momento en que la humanidad termina el ciclo más primitivo, instintivo y difícil en esta etapa de su evolución. Cuando liberamos nuestra mente de la animalidad original, y terminamos nuestra fase de desarrollo instintivo. La Esfinge simboliza este momento, cuando se asoma saliendo de la tierra frente al horizonte a observar el cosmos para entender que tiene un orden perfecto. Representa el momento en que nos elevamos sobre los hombros de la nuestra animalidad, cuando realmente somos libres porque tenemos la información de sabiduría, que nos permite decidir conscientemente hacia qué dirección dirigimos nuestro perfeccionamiento.

Leo y Acuario frente a la Esfinge, el día del Equinoccio de Primavera, con 13.000 años de diferencia.



Leo frente a la Esfinge, hace 13.000 años.

Orión, a la derecha y al sur de la Esfinge, al amanecer del Equinoccio hace 13.000 años.


La Esfinge, un símbolo del Gran Ciclo Cósmico, del intervalo entre las apariciones de Leo y Acuario frente a la Tierra.



Acuario, al Este frente a la Esfinge, en el año 2012.


El cuerpo de León revela que Leo estaba en el cielo cuando sucedió el Diluvio. Su cabeza humana, revela que Acuario es el punto intermedio del Gran Ciclo Cósmico de 26.000 Años
El cuerpo de la Esfinge, con su forma de león orientado hacia el este, nos indica el momento en que fue tallada: Hace 13.000 años, inmediatamente después del diluvio, cuando en el horizonte frente a ella brillaban las estrellas de la constelación de Leo. Su cabeza de hombre tiene la segunda clave del intervalo: Observa hoy, en el mismo punto en el horizonte por donde salía la constelación de Leo hace 13.000 años, a la constelación de Acuario. Única constelación cuyo símbolo es un hombre. (Si el intervalo terminara en Géminis, el otro símbolo con figuras humanas en el Zodíaco, la esfinge tendría dos cabezas). Acuario representa al hombre que riega la tierra sembrada con dificultad y esfuerzo durante los últimos 13.000 años. Riega con las aguas de la sabiduría acumuladas por la humanidad durante ese período. Su mensaje ilustra la extraordinaria oportunidad que tenemos los que encarnados en estos tiempos, para generar un orden nuevo, una época dorada y de saber para toda la humanidad.

Los sacerdotes Atlantes, además de tallar la Esfinge con su mensaje cifrado, estructuraron un método para revelar durante los siguientes 13.000 años, que existe un Plan Supremo, un Orden Sagrado que determina la evolución de la humanidad. La secuencia de eventos y experiencias de aprendizaje que necesitamos vivir para comprender y tener la certeza de lo que es verdad: la neutralidad, la armonía, el respeto, la tolerancia, la incondicionalidad y la serenidad, que son las características y cualidades esenciales del Amor

Cada fase de su plan se desarrollaría en el tiempo en que tarda una constelación zodiacal en desplazarse frente a la Esfinge durante el Gran Ciclo Cósmico. Cada Era tendría una lección de vida distinta que enseñarnos. Serían las estrellas las que determinarían cuándo cambiar el foco de estudio de un tema a otro. Los Atlantes creían en la reencarnación, una creencia que transmitieron a sus descendientes. Creían que los hombres nos perfeccionamos acumulando comprensiones sobre el orden del universo y sobre el amor que lo fundamenta. Que logramos esa comprensión a través de infinidad de experiencias y correspondencias de aprendizaje durante muchas vidas. Al reencarnar repetidamente sobre el planeta, en diferentes Eras, vamos recibiendo las diferentes lecciónes de vida, en sincronía con la secuencia, ordenada y diseñada por el Plan Supremo, para garantizar la evolución de nuestra consciencia. La reencarnación permite adoptar distintos puntos de vista sobre la realidad, tomar libremente muchas decisiones ante infinidad de eventos para aprender con los resultados que obtenemos. Logramos comprensiones sobre lo qué es verdad en el universo fundamentados en una sola premisa: Lo que es falso solo puede producir sufrimiento, lo que es verdadero solo puede producir armonía. Así, en muchas vidas pasamos de ignorantes, instintivos y reactivos, casi animales, a seres humildes, tolerantes, neutros ante la diversidad y respetuosos del libre albedrío de los demás.

Debieron pasar 75 generaciones, para que los pocos sobrevivientes del Diluvio alcanzaran una población suficiente que pudiera manifestar la que hoy se conoce como la civilización Egipcia. Ésta surgió como una cultura ya madura, rica en conocimientos, con una organización social extraordinaria y con un nivel que nunca fue igualado en todo su desarrollo posterior. Su plan también dejó establecido que cuando la población de sus descendientes en Egipto, alcanzara el millón de habitantes, se prepararan grupos que llevaran el conocimiento a otros lugares del planeta. Esto garantizaría una repoblación más uniforme sobre la Tierra y el florecimiento de ramas paralelas que desarrollarían nuevas culturas. Como veremos más adelante, varias características del llamado pueblo Olmeca, permiten afirmar que sus antepasados tomaron esa antorcha y, del África, la llevaron por mar a Mesoamérica, para que luego sus descendientes dieran lugar allí, a la Cultura Maya.

Veremos cómo los Olmecas y los Mayas actualizaron constantemente una Cuenta Regresiva, la cual también termina en nuestro tiempo, que tiene la misma función de la Esfinge: Mantener enfocada la consciencia del hombre sobre el Gran Ciclo y los momentos evolutivos que éste genera, en sincronía con el Plan Supremo, para impulsar la evolución de la consciencia de todos los seres humanos sobre la tierra.