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lunes, 22 de febrero de 2016

BUDISMO, TERCERA NOBLE VERDAD: EL NIRODHA


En su tercera noble verdad Buda afirmó que el sufrimiento cesa cuando cesa el deseo, lo que permite alcanzar un estado permanente de paz interior y armonía, que el llamó ¨El Nirvana¨. 

Recordemos que Buda llamó ¨El Dukkha¨, al sufrimiento, a lo desagradable de la vida: a la pena, la aflicción, la angustia, la miseria, la ignorancia o la frustración, que desaparecen cuando cesa el deseo, que es el que genera todo lo anterior. Cuando no se tiene u obtiene lo deseado, hay angustia y frustración, cuando se obtiene el objeto de deseo, este no permanece, es insustancial e ilusorio, lo que genera pena y aflicción, cuando desaparece lo deseado genera miseria y soledad.  

Esta afirmación es interpretada de muchas maneras, para muchos las palabras de Buda indican un camino de negación, de eliminación del deseo. El deseo de eliminar el deseo, también es deseo y por lo tanto crea sufrimiento. Existe la falsa creencia que el sufrimiento se suprime aniquilando la sed de vivir, de gozar, de actuar, extirpando radicalmente los deseos y las pasiones, porque esto supuestamente conduce a la serenidad y a la tranquilidad absoluta. Solo que Buda no habló de eliminar el deseo, pretender eliminar algo es antinatural, sino de cesar de desear. Simplemente observando como surgen las emociones, los pensamientos y las acciones, estas se deshacen y cesan, sin necesidad de reprimirlas o negarlas. Intentar eliminar algo le da más fuerza a aquello que deseamos suprimir. El cese sucede cuando algo se deja ir, cuando se abandona o se libera, cuando renunciamos al apego y soltamos la carga. 

Sin embargo el concepto de Buda es aún más profundo, no consiste en renunciar a los placeres mentales o sensoriales, es cesar el deseo de ser un individuo, incluso de ser un individuo inmortal. Es cesar el deseo de ser un ser separado, único y distinto, es cesar la ilusión de un yo o un ego independiente. Porqué y para qué ser una parte, un individuo, cuando se puede ser todo, sentir todo y llegar al ¨Nirvana¨? 

El ¨Nirvana¨ es un estado de felicidad verdadera, de quietud total, de paz permanente, intemporal, de satisfacción suprema, en el que cesa de existir un yo separado, cuando se es y se siente todo lo que es simultáneamente. Se experimenta toda la vida en unidad con uno mismo, como una sensación constante de gozo de ser en el eterno presente. 

Buda llamó ¨Nirodha¨ al momento en que logramos que cese el deseo, momento en que se alcanza el ¨Nirvana¨. Cesa la ignorancia, cesa el deseo y cesa la acción determinada por el deseo. El ¨Nirodha¨ sucede cuando se toma consciencia que vivimos en una realidad de apariencias, que su esencia es apariencia, como los sueños que también son apariencia. El problema es que parece tan real, que se llega a creer que realmente existe, lo que impide ver que es una apariencia. Igual sucede con un sueño mientras no se sabe que se está soñando. Creemos que esos sueños son reales y tenemos experiencias que parecen confirmarlo. Sin embargo, cuando soñamos y somos conscientes de ello, cuando los sueños son lucidos, nos liberamos de la creencia que las apariencias en el sueño son una verdad existente y logramos experimentar las apariencias como lo que son: apariencias, ilusiones, sueños. Esa toma de consciencia activa el poder para experimentar cosas maravillosas, como volar por los cielos sobre grandes montañas o desplazarnos a cualquier lugar con solo pensarlo. Todo se vuelve posible cuando se reconoce un sueño como un sueño y no como algo que existe realmente. 

Cualquier cosa que pueda ser vista es un objeto construido por la mente, una mente que no reside dentro de un cuerpo. Vivimos en la falsa creencia que eso que vemos existe y que existe como algo separado, independiente a nosotros, que no somos lo mismo que lo que tocamos. 

El ¨Nirodha¨ sucede cuando se comprende que el mundo de la consciencia en vigilia, también es un sueño, una apariencia. En ese momento el mundo puede estar ahí, los otros seres también pueden estar ahi, pero no nos apegamos a ellos porque sabemos que su verdadera naturaleza es una apariencia. Cuando logramos esto, la creencia en que ahí fuera hay un objeto auténtico que percibir y un sujeto verdadero que percibe se deshace, cesa. Cesa la creencia en la dualidad que existe entre un individuo que percibe y un objeto que es percibido. En ese momento el ¨Nirodha¨ se convierte en ¨Nirvana¨. Todas las cosas, todas las apariencias, todos los sueños, todo el universo, se convierte en el cuerpo de uno mismo. Todos los seres vivos resplandecen y todos los deseos se liberan por sí mismos, cesan. 

Buda afirmó que la mente se mueve entre objetos, está pensando constantemente en una cosa u otra, moviéndose entre el pasado, el presente y el futuro. Cuando encuentra un objeto que le gusta, genera sentimientos y pensamientos de apego, cuando encuentra un objeto que le disgusta, los genera de aversión y de odio. Cuando ve que algo es incorrecto, duda y se desconcierta de su propia ignorancia. Cuando la mente ve a cualquier otra persona con cosas que ella no tiene, entonces genera envidia. Si juzga a alguien, no ve sus cualidades, sino que se vuelve hacia sí misma con arrogancia. Buda definió esos 5 estados como 5 venenos que mantienen en movimiento incesante a la mente: el apego, el rechazo, la ignorancia, la arrogancia y la envidia. 

Para que cesen los deseos, no necesitamos esforzarnos para evitar que surjan, como tampoco necesitamos detener los sentimientos de odio o de celos una vez han aparecido. No necesitamos prevenir nada, simplemente no tomemos ninguno de esos movimientos de la mente como verdaderamente existentes. Todo lo que hay que hacer es reconocer que esos pensamientos no son verdaderos, que el objeto y el motivo de esos sentimientos negativos es solo una apariencia, parte de un sueño. Deja que tu mente se relaje como si todo estuviera bien y todos los estados que la perturban se liberan, cesan. 


Solo nos damos cuenta que estábamos soñando al despertarnos, al comprobar de inmediato y con certeza que el mundo que experimentábamos era una ilusión, una mera apariencia en nuestra mente. Al despertarnos es obvio que nuestras experiencias oníricas no existen verdaderamente, no tienen existencia propia sino que son creadas por nuestra mente. Estas frases, este cuerpo, todos ustedes, nosotros mismos y todo el universo solo somos una apariencia, igual que los objetos que vemos en los sueños. Cuando despertemos nos daremos cuenta…

domingo, 3 de enero de 2016

BUDISMO-SEGUNDA NOBLE VERDAD-EL SAMUDAYA

Después de encontrar su primera noble verdad, Buda se preguntó, que causa el sufrimiento? Buscaba la manera de evitarlo y esto lo condujo a su segunda noble verdad: El sufrimiento es producido por el deseo, la impermanencia y la ignorancia.



El deseo al que Buda se refirió, es el apego por algo o alguien que se cree irreemplazable y fundamental para ser feliz, cuya pérdida provoca pena, duelo, miseria y sufrimiento. Resulta de la falsa creencia que la felicidad está afuera, en las personas o en las posesiones que se valoran de una forma desmedida, lo que las convierte en apegos. Apego por un placer sensual, apego por la personalidad que desea de vivir eternamente, apego por aquello que genera gratificación y satisfacciones en la vida. Deseos que se convierten en adicciones, en apegos que esclavizan a la mente. Sin embargo ninguno de esos apegos produce felicidad o satisfacción duradera por la impermanencia que todo experimenta en esta realidad en cambio constante.

Buda llamó Samudaya a la impermanencia. Afirmó que ella es establecida por Leyes Naturales que determinan ciclos de cambio ineludibles y fenómenos físicos temporales en la naturaleza. Las estaciones, las temporadas de frío y lluvia o de calor y sequedad, que impulsan a las flores a abrirse en primavera y a secarse en otoño son parte de esa impermanencia natural. Esas Leyes crean una secuencia de procesos naturales que modifican la vida del hombre, generan cambios en la realidad y en todo lo que en en ella existe. Infinidad de cambios que impiden que algo pueda permanecer, convirtiéndose en una de las causas del sufrimiento.

La mente misma es otra causa de impermanencia. Se mantiene en cambio constante por eventos dinámicos que alteran sus percepciones y el proceso de sus pensamientos. Una mente que es condicionada por el nivel de desarrollo y de perfeccionamiento que tiene la consciencia del individuo, obtenido a través del esfuerzo, la práctica de la meditación y del control de su mente.  

De acuerdo a Buda, ese cambio constante convierte la vida en una búsqueda ininterrumpida de objetos de deseo. Antojo por objetos que si no son obtenidos producen sufrimiento y si son alcanzados producen un placer efímero que se disuelve inmediatamente. La impermanencia impulsa al hombre a buscar un nuevo objeto de deseo con el que vuelve a suceder lo mismo, en una secuencia que solo produce insatisfacción. Se acumulan objetos de deseo que no se comparten y que al poco tiempo aburren, se dañan o producen un apego irracional y lujurioso que crea celos, conflictos, odios, rencores, insatisfacciones y sufrimiento.

Buda afirmó que el Samudaya -esa impermanencia- solo desaparece cuando se alcanza el Nirvana. Un estado que el hombre -que nace para sufrir, envejecer, enfermarse y morir- puede alcanzar solo si se esfuerza en perfeccionarse espiritualmente. Un estado en el que todo es para siempre. 

La tercera causa de sufrimiento de la que hablo en su segunda noble verdad, la ignorancia, no era de conocimientos sino de comprensiones y certezas verificadas sobre como funcionan la vida y la realidad. El desconocimiento -del que adolece la mayoría de la población-  de esas Leyes Naturales que ordenan todos esos cambios. 


KARMA

Otro aspecto también regido por las Leyes Naturales, es el resultado o las consecuencias que produce toda acción decidida voluntariamente. Toda acción voluntaria surge de un proceso mental fundamentado en una intención y crea como consecuencia una energía trascendente que Buda llamó Karma. La clase de esa energía -de ese Karma- y el alcance directo de los efectos que produce, de las consecuencias que le corresponde crear, dependen de la intención que motivó la acción y de la intensidad con que se llevó a cabo. 

El Karma entonces es el resultado de lo que decidimos hacer y de como lo hacemos, por eso las experiencias que el flujo trae -por las interacciones e interconexiones que todos tenemos con todo lo que existe- dependen de nosotros mismos y no de una divinidad a la que hay que aplacar con rezos o sacrificios para que su gracia nos manifieste lo que deseamos. Buda enseñó que el Karma nos conduce -tarde o temprano- a asumir la responsabilidad por todo lo que hacemos y nos motiva a a ser bondadosos y compasivos con los demás. Es decir el Karma le da al hombre -que se perfecciona asimismo- control sobre lo que experimenta y sobre lo potencial, sobre lo que aún no se ha manifestado. Asocia las construcciones mentales, las decisiones y las acciones del hombre con las experiencias que le trae la vida. 

El Karma no afecta a todos los hombres por igual, depende del estado interior que mantiene, afecta de manera distinta a los que mantienen un estado burdo que a los que ya han logrado refinarlo.  La diferencia entre uno y otro la produce el progreso, el avance en su propio perfeccionamiento, la creación sus propias virtudes, dones y habilidades. No es el resultado de la gracia que otorga un ser superior agradado con su comportamiento. De acuerdo a Buda, el hombre debe esforzarse por perfeccionarse para crear su propio bienestar y el de la sociedad, no para agradar a un ser superior imaginario. 

Ley de Causa y Efecto

Toda acción voluntaria genera efectos directos que debe experimentar -que le corresponden- a quien la realizó y efectos que deben experimentar otros individuos y la comunidad, por la relación que todo tiene con esa acción o con el individuo que la realiza. Toda acción voluntaria afecta el flujo dinámico del universo entero y las experiencias que ese flujo genera, por la interconexión que hay entre todo lo que existe, al formar parte de un único ser.

Esos efectos son determinados por una Ley Natural, que Buda llamó la Ley de Causa y Efecto.

Todo efecto depende de la intención original que induce o motiva la realización de la acción voluntaria. La intención impulsa y condiciona la decisión, que a su vez condiciona y activa la acción, que es la que genera la energía trascendente -el Karma- que crea o atrae los efectos que le corresponden. 

Si la intención, la decisión y la acción son correctas, virtuosas e inteligentes, fundamentadas en cualidades mentales positivas como el amor, la compasión y la sabiduría, siempre generan bienestar personal y beneficio colectivo. Crean armonía y una energía trascendente positiva, un Karma que impulsa y atrae las sincronicidades adecuadas del entramado que conecta todo lo que existe. Esto  garantiza que el flujo universal le traiga información de sabiduría y oportunidades a quien realizó la acción, que lo ayuden a salir del Samsara, de la rueda de reencarnaciones. Si la intención, la decisión y la acción son incorrectas, maléficas, fundamentadas en la ignorancia, la codicia, el egoísmo, la rabia o el odio, siempre generan malestar, problemas, conflictos colectivos y sufrimiento, lo que fortalece su egoísmo y extiende el Samsara del individuo.

El hombre siempre tiene la libertad para revaluar sus intenciones incorrectas, puede elegir actuar correctamente, si no quiere experimentar las consecuencias negativas derivadas de escoger lo contrario.

El Karma Budista se basa en la Ley de Causa y Efecto, de acción y reacción, que funciona por si misma -como la ley de gravedad- sin necesidad que exista un Dios que realice un juicio divino y otorgue un premio o un castigo. El que actúa correctamente obtiene bienestar y armonía, el que actúa incorrectamente obtiene malestar, conflicto y sufrimiento. Esto contradice las doctrinas de las religiones Abrahámicas, el islamismo, el cristianismo y el judaísmo, que postulan que existe un Dios Superior, un Dios Creador que enjuicia y castiga a quienes cometen acciones que lo ofenden, a los pecadores que contradicen sus mandamientos y premia con su gracia divina a los creyentes que los siguen al pie de la letra. Sin embargo esos mandamientos y las leyes morales, la infinidad de interpretaciones que sobre ellos se producen aunadas a la creencia que el Dios de cada una de esas religiones es el único y verdadero, ha traído como consecuencia guerras religiosas y un fundamentalismo fanático. Ha impulsado la inmolación y el terrorismo, las cruzadas y la inquisición, o el creerse sus únicos elegidos, lo que ocasionó su auto exclusión y su separación del resto de la humanidad. 


Buda afirmó que la energía trascendente del Karma surge de los pensamientos, las palabras y las acciones físicas voluntarias: Surge del pensamiento: odiar, celar, codiciar o reflexionar, meditar, contemplar; Surge de la palabra: calumniar, mentir o rezar, enseñar; Surge de las acciones realizadas con el cuerpo: matar, robar, ingerir narcóticos o ayudar y defender.

El individuo y el flujo de sucesos que le da forma a su vida, está conformado por 5 energías que se entrelazan, son codependientes y funcionan simultáneamente: Las energías que crean su corporalidad, que son las más densas, las que generan lo que siente, las que activan lo que percibe, las que forman y mueven sus pensamientos, y las que crean su consciencia, que son las más sutiles. La energía del Karma depende de las formaciones mentales, pero esta entrelazada a las otras energías. Por ello las acciones previas o de las vidas pasadas son importantes, pero no las únicas que determinan la vida presente.

La continuidad de esas 5 energías en la nueva vida, garantiza la continuación ininterrumpida del Karma y da lugar a un nuevo proceso sin que sea necesaria la intervención o la existencia de un alma o de un Dios Creador. Para Buda esas 5 Energías han existido desde siempre y existirán para siempre, solo cambian y se transforman de vida en vida, por los efectos del Karma que crean las acciones voluntarias. El objetivo de la consciencia es hacer que esas 5 energías alcancen la perfección para que puedan fundirse en el Nirvana, en la permanencia eterna, la inmovilidad y el éxtasis que produce alcanzarlo. 

El flujo de pensamientos que fluye incesante de momento a momento en la vida, lleva consigo las determinantes que condicionan la personalidad, su temperamento, carácter, lo que le gusta y le disgusta, todas sus construcciones mentales y sus recuerdos. Ese flujo está gobernado por la Ley de Causa y Efecto, la ley que gobierna el cambio, que determina que cada instante de la consciencia, de sus pensamientos y de sus estados mentales asociados están condicionados por el momento que los precede. Ese proceso continúa en la vida presente y pasa a la vida siguiente como un flujo ininterrumpido. Esto determina que lo que el hombre es hoy, que la identidad que tiene, sus actitudes e inclinaciones son en gran medida heredadas de su pasado. El presente se referencia en el pasado y se puede adivinar el futuro basándose en lo que se vive en el presente. Somos por lo que fuimos y seremos por lo que somos.


domingo, 4 de enero de 2015

LOS EXTRAORDINARIOS TEMPLOS DE AJANTA Y ELLORA



Los templos de Ajanta, a 105 kms de Aurangabad, son una magnifica joya religiosa, arquitectónica y artistica, fueron talladas en la cara de una montaña con forma de herradura, sobre el río Wangorah. Son llamados las ¨Cuevas de Ajanta¨, a pesar que realmente no son cuevas naturales, sus espacios, sus muros, columnas y esculturas fueron talladas con cincel y martillo -en la roca volcánica de la montaña- por miles de monjes budistas y artistas, patrocinados por varias generaciones de Reyes hindúes. 




En Ajanta hay 30 Templos de dos tipos distintos:

1) Chaitya-Grihas, 5 templos dedicados exclusivamente para rezar y meditar. Tienen un salón alto y abovedado con una estupa al fondo, un altar con forma hemisférica que contiene textos con mantras, reliquias, huesos, cenizas o dientes de Buda o de monjes excepcionales y santos, que le agregan energía al templo. Las estupas, que representan a Buda en el templo, aparecen en los comienzos del budismo cuando los monjes morían sentados en la posición de meditación llamada Chaitya. Los cubrían con barro y estuco hasta formar un hemisferio. 


Los monjes acudían a meditar a su alrededor para sentir la energía y honrar al santo desaparecido, lo que hizo que la tumba se convirtiera en un templo, una Chaitya. Griha viene del sánscrito que significa, lugar u hogar de paz y energía. Su forma es simbólica, siempre tienen una base cuadrada que representa la tierra, un domo hemisférico representa al agua, una espira cónica encima del hemisferio que representa al fuego y un loto con forma de sombrilla, que representa el aire.

2) Los Viharas, hay 25 de ellos en Ajanta, son monasterios donde vivían, recibían  instrucción religiosa, meditaban y rezaban los monjes. Vihara es el nombre del estado mental de amor, compasión, alegría y ecuanimidad, que debía alcanzar todo monje budista.


Los monasterios o Viharas, eran salones rectangulares con una gran estatua de Buda al fondo. Allí vivían y oraban los monjes en pequeñas celdas cortadas en las paredes de las galerías de columnas laterales del salón principal, conformando un claustro.  En la entrada tenían una veranda o hall sombreado pero abierto al paisaje, normalmente sostenido por columnas hermosamente talladas.



Los 30 templos y monasterios de Ajanta fueron tallados en dos etapas determinados por el auge y la caída de los reyes de las dinastías que patrocinaron las obras:

200 AC- 250 DC- PRIMERA ETAPA
Los primeros 10 templos fueron tallados durante 450 años, por 25 generaciones de artistas y monjes budistas de la secta Hinayana -la del pequeño vehículo, el individuo que se ilumina al terminar su proceso evolutivo- entre el año 200 AC y el 250 DC. En esa primera época vivieron allí unos unos 200 artistas y unos 800 monjes Hinayana.

Buda fundó una orden de monjes y luego otra de monjas, con el propósito de construir comunidades espirituales que dieran a sus miembros la oportunidad de practicar el Dharma: Su información de sabiduría sobre la realidad, la consciencia, el propósito de la vida y un método para alcanzar la paz interior y el Nirvana. Quienes convirtieran el Dharma en una práctica diaria, lograrían una vida sencilla, de meditación, enseñanza y aprendizaje, que impulsaría su perfeccionamiento espiritual. Quizo además, que esos monjes y monjas con su vida ejemplar influyeran gentilmente en las comunidades alrededor de los monasterios y que además les enseñaran el Dharma. De esta manera serían testigos de su poder para transformar las consciencias de quienes lo practicaban.

Quienes se unían en Ajanta a la comunidad monástica -a el Sangha Budista- eran ordenados como novicios. Como símbolo de su renunciación a la vida mundana se rapaban la cabeza y utilizaban el manto o túnica de los monjes.  A estos novicios, el abad del monasterio les asignaba un preceptor o maestro que los instruía, los guiaba y los entrenaba en las prácticas de la meditación, el autocontrol emocional, el desapego y el abandono de los deseos. Con el tiempo recibían la ordenación, convirtiéndose en un monje=bhikkhu o en una monja=bhikkuni. La comunidad monástica patrocinada por un rey que deseaba probar su devoción, los proveía de ropa, alimentación, cuidados médicos y vivienda, en los cúbiculos monásticos en el interior de los Viharas, o en construcciones simples en el terreno frente a la montaña de basalto. Una de sus labores cotidianas era meditar mientras tallaban la roca, bajo la dirección de artistas escultores -que heredaban su oficio de sus padres y que también recibían pago del rey que patrocinaba el tallado del templo que se estaba construyendo- y de los arquitectos venidos del sureño Reino Pallava, que dirigían todo el proceso.

Su vida allí no era lujosa, pero era segura y tranquila, se levantaban muy temprano a estudiar y a recibir instrucción en grupo, sobre la vida de Buda, sus enseñanzas y sobre filosofía, gramática, composición, lógica, matemáticas, medicina escultura y pintura.Con la luz del sol, que reflejaban con espejos al interior de la montaña, unos se dedicaban a tallar los templos y las esculturas que adornaban sus muros, otros a pintar murales sobre la vida de Buda. Pinturas sobre su vida como príncipe de los Sakyas y sobre sus anteriores reencarnaciones, llamadas las Jatakas antes de alcanzar la iluminación como Gautama Buda.  Comían todos juntos y todos participaban en los rituales y ceremonias que se hacían en la luna nueva y en la luna llena. Cumplían un orden muy estricto y tenían una disciplina espartana, renunciaban a todas las posesiones menos la más básicas, pero podían expresar libremente sus puntos de vista. Las decisiones importantes siempre se toman colectivamente, las enunciaba el abad, una vez que todos habían dicho lo que pensaban. 

BUDISMO HINAYANA
El budismo Hinayana, del pequeño vehículo individual, es el camino hacia la iluminación de los que escuchan, de los discípulos de quien sin ningún maestro ni guía, se perfeccionó asimismo como resultado de su propio esfuerzo: Un Arhat, lo llamaban, quien logró dominar sus fuegos: sus apegos, su pasión, sus deseos, su rabia reactiva, y su ignorancia. Para ellos es crucial seguir las enseñanzas -el Dharma- el método del hombre que logró iluminarse convirtiéndose en Buda, que inducen a evitar toda maldad, a acumular bondades, virtudes y a purificar la mente. Para lograrlo los monjes tendrían que aprender a observar, a tomar decisiones, a hablar y a actuar con plena consciencia. Tendrían que utilizar su tiempo conscientemente y esforzarse para desarrollar una comprensión clara de la vida y un estado de meditación contemplativa permanente.

De esta manera y gracias a la información de sabiduría de Buda, un monje podía llegar a convertirse en un Samyak Sambuddha. Alguien digno de devoción porque vive feliz con su mente en silencio, que al morir detiene la rueda de sus reencarnaciones y logra el Nirvana. Los Budistas Hinayana creen que todos tenemos ese deber y que todos lograremos en nuestro propio momento y como resultado de nuestro propio esfuerzo, la iluminación. Para ellos Buda fue un hombre común que lo logró, no es un Dios, ni una divinidad encarnada,  a la que llaman un Avatar. Para ellos todos los fenómenos mundanos son transitorios, no son permanentes, materia en cambio constante que produce estados transitorios de ser, sensaciones, percepciones, formas mentales y por último conciencia no trascendente, por lo tanto no son substanciales, ni esenciales, sino insatisfactorios.

Los monjes budistas y los artistas en Ajanta, fueron patrocinados por sucesivas generaciones de reyes de la poderosa dinastía India Satavahana -que gobernó desde Koti Lingala- el centro de la india durante 450 años. Tenían un ejercito de 100.000 hombres, una caballería de 12.000 jinetes, 1000 elefantes y 30 fuertes para defender su imperio. Simultáneamente el norte de India era gobernado por la dinastía Gupta y el Sur por la dinastía de los Pallava. En el año 250 DC el imperio Satavahana se divide en muchos pequeños reinos, cesando su patronazgo a los monjes y artistas, quienes abandonan los monasterios y templos de Ajanta.

450 DC- 650 DC- SEGUNDA ETAPA
200 años más tarde regresan bajo el patrocinio del emperador Harishena de la dinastía Vakataka, que en ese momento dominaba a la India central, quien era un budista Mahayana. En ese momento y bajo su patrocinio llegan a Ajanta, unos 200 artistas y unos 600 monjes budistas de la corriente Mahayana. La comunidad permaneció allí por 400 años -período en el que tallan otros 5 templos y 15 monasterios con un altar dedicado a Buda al fondo, no siempre bajo la dinastía Vakataka, que termina 100 años más tarde, al descuidar el imperio, el vicioso hijo de Harishena.


Tanto el budismo ortodoxo Hinayana, como el budismo Mahayana, siguen las enseñanzas de Buda. Ambos practican su Dharma, utilizan su información de sabiduría y adoptan las conductas que él siguió, para obtener la liberación de la rueda de reencarnaciones y el Nirvana.

BUDISMO MAHAYANA
Los Budistas Mahayana -que significa Gran Vehículo- ven el camino del Arhat Hinayana, del esfuerzo personal para obtener la liberación individual de las reencarnaciones y el nirvana, como indeseable y egoísta. Su ideal en cambio es colectivo, es el camino de los Bodisatvas, quienes por gran compasión detienen su iluminación para ayudar a los demás a lograr su liberación del sufrimiento y de la reencarnación. Esperan, para iluminarse conjuntamente con toda la humanidad, por eso se llama del gran vehículo. Algo sublime pero imposible porque significaría que la realidad que ha existido desde siempre y existirá para siempre, se detendría. Para los Mahayanas no es Gautama Buda el importante, sino todos los Bodisatvas -el era uno de ellos- que son vistos como deidades, con poderes ilimitados, con vidas extraordinarias y supra mundanas de avatáres, solo conectados externa y tangencialmente a la realidad material.


Sin embargo este concepto, que fue negado por el mismo Buda, quien afirmo que el no era ningún Dios, ni tampoco una encarnación de un Dios, es decir un Avatar, fue utilizado por el Hinduísmo -a partir del año 500 DC- para convertirlo en la novena encarnación de Vishnu. Un Avatar que trajo información de sabiduría para eliminar la ignorancia y los deseos que esclavizan al alma. De esta manera lograron recuperar el terreno perdido ante el Budismo, que atrajo a la multitudinaria casta de los intocables, los excluidos socialmente, con su mensaje que todos los hombres somos iguales. Al convertirse  lograban evadir su miserable condición de Dalits, que ni siquiera podían recibir instrucción religiosa. Una condición inalterable según el Hinduismo, fundamentada en la narración -sobre como las castas fueron emanadas por Brahma- que hacen sus libros sagrados, los Vedas, que Buda atacó en sus enseñanzas.

Los Budistas Mahayana creen que la última verdad, la verdad absoluta solo puede ser encontrada a través de la meditación, solo mirando hacia adentro y no hacia afuera. Creen que la información del Dharma de Buda, es una verdad relativa, sujeta al cambio y que puede ser mejorada por Bodisatvas posteriores. Para ellos la información que dejó Buda es como un dedo apuntándole a la luna, pero al descubrirse la luna, el dedo deja de ser importante. Para el budismo Mahayana el camino hacia la iluminación tendría tres niveles: El primero sería como el de un rey egoísta que busca su beneficio personal, pero sabe que este depende del de sus súbditos y el de su reino. El segundo nivel es como el de quien maneja un bote y ayuda a sus pasajeros a cruzar un río, cruzando el mismo simultáneamente. El nivel ideal sería el del pastor, que se asegura que sus ovejas lleguen primero que él a sitio seguro, colocando su bienestar por encima del suyo.



En la época del budismo Mahayana en Ajanta, vive allí Dígnaga, un monje hindú que fue uno fundadores de la lógica formal India, del razonamiento deductivo y del uso de las implicaciones. Vivió allí 60 años, entre el 480 y el 540 DC. mientras escribió ¨La rueda de la razón¨, ¨El Tratado de los objetos de conocimiénto¨ y ¨El Tratado de los principios de la Lógica¨. Lo que nos muestra el nivel de información que los monjes de ese lugar tenían.


A Ajanta también llega a vivir durante unos años, Xuanzang, un monje budista Chino, que al regresar a su país durante la dinastía Tang tradujo muchos textos sagrados hindúes sobre Buda. Xuanzang fue ordenado monje en Xinjiang a los 20 años, por su erudición. En sus estudios sobre los textos budistas que existían en China en esa época, encuentra contradicciones e inconsistencias lo que lo impulsan a buscar instrucción y libros en la fuente del Budismo en Nepal e India. Marcha a pie de monasterio en monasterio, desde Xinjiang, China hasta India, tomando la ruta de la seda. Atraviesa el desierto de Gobi, luego Uzbekistan, Afganistán, Pakistán para llegar a Lumbini, Nepal, donde nació Buda. Luego baja hasta a Kusinagar, India, donde murió Buda. Llega a Ajanta donde conoce a Dígnaga, quien vivía allí con mas de 800 monjes y pupilos. Regresa a China 17 años después con mas de 600 textos budistas Mahayana Indios que se dedica a traducir, 6 estatuas de Buda, reliquias y restos de sus huesos y de otros santos. 

100 años después, alrededor del año 550 DC cae la Dinastía Vakataka que es reemplazada por la dinastía Hinduísta Kalachuri, quienes cesan el patronazgo a los monjes budistas.  Ajanta, abandonada por monjes y artistas, es cubierta por la selva, de ahí surge su nombre Ajanta, que significa sin gente. 

Ajanta permanece sepultada por la selva hasta 1819, cuando John Smith, un oficial británico que cazaba un tigre, las redescubre. En pocas décadas los templos-cuevas se vuelven famosos por su exotismo, su impresionante arquitectura, sus esculturas y maravillosas pinturas. 

ELLORA 550 DC.
Los Kalachuri gobiernan desde el 550 DC hasta el año 650 DC. Kalli=Gran Bigote, Churi=cuchillo afilado. 100 años en el que sus ricos reyes patrocinan a los artistas y a los monjes hinduístas, pero en otro lugar, donde tallan nuevos templos y monasterios, los que hoy conocemos como las Cuevas de Ellora. A  30 Kms de Aurangabad -la que una vez fue la capital del imperio Mogul- encontramos otros 34 templos-cueva, también tallados en la roca volcánica, pero esta vez en las montañas de Charanandri, donde ocupan un espacio de 2 kms, unos al lado de los otros. Son conocidos como las Cuevas de Ellora.

Sus espacios, columnas, altares y celdas fueron tallados en el basalto por 30 generaciones de artistas y monjes, entre los siglos VI Dc y XIII Dc. En una primera etapa entre los años 500 DC y el 750 DC, allí vivieron simultáneamente con la comunidad monástica que había más lejos en Ajanta, solo monjes budistas de la secta Mahayana, período en el que logran tallar 12 templos en la cara virgen de la montaña.  A partir del año 650, en el declive del budismo en India, llegan a vivir allí monjes hinduístas patrocinados por la Dinastía Rashtrakuta, que tallan otros 17 templos y por último a partir del año 750 llegan monjes Jainístas que tallan los últimos 5 templos en Ellora.
Ellora fue un lugar de una convivencia que se prolongó por de 250 años, allí vivieron simultáneamente más de 1200 monjes de tres distintas religiones. Lo que nos prueba la tolerancia y la aceptación de la cultura hindú -y de los reyes que los patrocinaron a todos- por los pensamientos y las creencias de los demás. 

A partir del año 735 DC, los monjes hinduístas -patrocinados por 15 reyes sucesivos de la dinastía Rashtrakuta- tallan de arriba hacia abajo la joya del lugar, el monolítico y monumental templo de Kailasa, dedicado a la veneración a Shiva. La contribución al arte y a la arquitectura de la dinastía Rashtrakuta -que gobernó desde desde Manyakheta -bajo la insignia de Garuda, el vehículo de Vishnu- un vasto territorio de la India central entre el 650 Dc. y el 985 Dc, fue magnifica. Rashtra, en sánscrito = región y Kuta =cacique. Los Rashtrakuta fueron contemporáneos de la dinastía Pala que gobernó desde Bengala el este de India, entre el año 750 Dc y el 1174 Dc. De la dinastía Paramara de Malwa, que gobernó el Noroeste de la India entre el 770 Dc y el 1305 Dc. y de la dinastía de los Pallavas que gobernaron desde Kanchipuram el Sur de India entre el año 275 DC y el 848 DC. De ese reino llegaron a Ellora los arquitectos que dirigieron el tallado del Templo de Kailasa. En el 848 DC los Pallavas fueron reemplazados por los Reyes Chola que gobernaron desde Tanjavur hasta el año 1279 DC.

En el templo de Kailasa -la pieza central de Ellora- artistas y monjes, bajo la dirección de los arquitectos Dravidianos venidos del Sur, extrajeron con gran cuidado, 200.000 toneladas de roca basáltica. No podían equivocarse, ni tenían una segunda oportunidad, porque tallaban un templo monolítico con símbolos y figuras de los Puranas vedas. Su santuario tiene en el lado izquierdo imágenes de divinidades Shivaistas y en el derecho Vishnuistas, que una vez estuvieron estucadas y pintadas de vivos colores. Tiene 5 templos dedicados a Parvati, la esposa de Shiva, a Ganesha, su hijo, a Rudra -la divinidad del viento de muchos rostros, Saptamatri -las siete madres- y a Chand, el demonio hermano de Munda que Parvati mata.

Los 5 templos jainíes, que fueron los últimos tallados en Ellora entre el año 750 y 950 DC. revelan su filosofía de no violencia, su estricto ascetismo, la tradición jaín y su arte tremendamente detallado como un encaje, que revela su creencia en la igualdad de todas las formas de vida.