martes, 9 de agosto de 2011

LOS ALTARES DE LAS PIRÁMIDES MAYAS OBSERVATORIOS ASTRONOMICOS

PARA REGISTRAR LOS MOVIMIENTOS DEL SOL CON PRECISIÓN


El tercer instrumento –el más maravilloso y preciso de todos con los que los sacerdotes mayas estudiaron el Sol– fue un desarrollo del principio usado en las cavernas para registrar los pasos cenitales. Construyeron los altares de sus pirámides a manera de instrumentos ópticos para el registro horizontal y secuencial de los movimientos anuales del Sol.


Esta información proviene de investigaciones y pruebas realizadas durante más de diez años en diferentes observatorios prehispánicos, por el ingeniero mexicano Jorge Alberto Báez. Sus pruebas le permitieron verificar que tanto olmecas, como mayas y aztecas utilizaron cavernas naturales y los altares de sus pirámides como instrumentos para medir de manera muy precisa los desplazamientos del Sol. Lo invite a Colombia con el propósito de compartir información, y construimos en Arcobaque un preciso observatorio solar en el que he podido reproducir y experimentar la manera simple pero extraordinaria como los mayas registraron los movimientos del Sol, la aparición de manchas solares y sus efectos en el campo magentico de la tierra, en la producción de terremotos y erupciones volcánicas. http://kryon.com/orbs/orbs.html



Los Mayas dividían el altar de las pirámides en dos partes una pública -desde donde los sacerdotes dirigían sus ceremonias- y otra secreta -una cámara oscura- donde los astrónomos y matemáticos registraban científica y rigurosamente los movimientos del Sol. Allí se generaba lo que hoy conocemos como el Analema.

El Sol al desplazar cada día el punto por donde sale en el horizonte, desplaza el rayo de luz que ilumina el altar de la pirámide, lo que mueve el punto en el que el rayo toca la pared, formando el Analema.


Los Altares de las pirámides cumplían simultáneamente dos funciones, una religiosa y una científica. Construidos a considerable altura –sobre las copas de los árboles de la selva que los rodeaba–, estaban libres de obstáculos para recibir directamente los rayos del Sol. Dividieron el altar en dos espacios, ambos cubiertos por la típica bóveda maya de piedra. El primero era un espacio abierto, desde donde el Sumo sacerdote se dirigía al pueblo y a través del cual accedían al segundo espacio, un salón cerrado donde sólo los astrónomos encargados de su funcionamiento, el Sumo sacerdote o el Rey podían entrar. La pared que separaba los dos espacios se orientaba hacia el Este. Casi siempre tenía una figura sagrada tallada en piedra y una puerta profusamente tallada en madera y adornada con un precioso dintel, que ocultaba el propósito científico de la cámara interior. Servía además para camuflar un pequeño círculo en lo alto y en cuyo centro colocaban una lámina de cobre con un pequeño orificio en forma de T. La perforación permitía la entrada al salón en penumbra, de un rayo muy fino de luz que iluminaba con un punto redondo la superficie de la pared trasera. Los astrónomos marcaban, todos los días a la misma hora, el punto donde el rayo de luz tocaba la superficie blanca preparada en la pared. Utilizaban una clepsidra (un sencillo reloj de agua), una vasija de barro, con un orificio en la base de un tamaño adecuado para asegurar que goteara el líquido -durante el intervalo de un día- hacia una vasija receptora. Esto les permitía utilizar el mismo intervalo todos los días, garantizando que siempre se registrara el rayo de Sol en el mismo momento cada día. Como el Sol se desplazaba todos los días frente al horizonte por la órbita de la Tierra a su alrededor, el punto de luz se desplazaba cada día un poco sobre la pared. Al registrarlo de manera sistemática durante los 365 días del año, la sucesión de puntos conformaban una gráfica con la forma del signo infinito. La ciencia actual la conoce hoy como el Analema.




El Analema es una curva cerrada que describe la posición del Sol en el cielo al registrarlo todos los días del año a la misma hora y desde el mismo lugar de observación.



Foto tomada por Tunc Tezel


Hoy se puede tomar una fotografía compuesta del Analema. Se fija sobre un trípode una cámara dirigida hacia el este y se toman fotografías a intervalos fijos –cada día o cada semana durante un año– sin mover la cámara. Se logra la imagen del analema o sobreimprimiendo sobre la nueva foto sobre la anterior o tomando fotos independientes para luego unirlas en un programa de edición fotográfica como Photoshop. La foto resultante tendrá siempre la misma forma del Nº 8 que obtenían los mayas en su gráfica. La curva del Analema que representa el movimiento infinito o continuo del Sol frente al horizonte.


Las 4 Estaciones Climáticas

El Analema les develó el ciclo exacto formado por las cuatro esquinas del Sol. El Orden Sagrado comenzaba a surgir frente a sus ojos. Los solsticios y los equinoccios que dan lugar a las 4 estaciones climáticas. También les permitió encontrar exactamente los dos días del año en que el sol pasa al mediodía por el cenit –sobre la pirámide y sobre la caverna de observación– en esa latitud . Es el punto de cruce de la curva que conforma el signo de infinito, el centro del ocho.

Secuencia de 4 colores sagrados


Como resultado del registro sistemático del Sol en el Analema y su concordancia con eventos y fenómenos naturales, los mayas encontraron que el Sol varía la intensidad de su irradiación en períodos de 4 días; 2 en los que ésta se incrementa y 2 en los que decrece. Esto produce una ondulación energética que representaron con su secuencia ininterrumpida de 4 colores sagrados.


Secuencia de 18 meses de 20 días

Conformaron –con cinco de esos grupos menores de cuatro días– una secuencia mayor de 20 días que también registraron continuamente en el Analema de la cámara secreta. La concibieron de manera que cada día recibiera un número del 0 al 19, más uno de los 20 glifos solares (20 principios arquetípicos del Orden Sagrado) los cuales añadían a la secuencia información sobre los procesos evolutivos que se podían experimentar durante esos 20 días. Fue así como crearon un nuevo patrón significativo y trascendente que contribuye a individualizar y a caracterizar el espíritu, la esencia de cada día. De esa misma sucesión surgieron en una escala mayor, los 18 glifos de los meses mayas de 20 días, otros arquetipos que a su vez le agregan más información y nuevas características, las correspondientes a un período mayor (el año maya) a cada día. Este sistema le aportó diferencias y potencialidades a cada uno de esos 18 períodos, por la posición que adopta el planeta en su relación con el Sol. La nueva secuencia de 18 meses contribuía con su información a determinar qué días inhibían o favorecían las distintas actividades que realizaba la comunidad, como la caza del venado, la apicultura, la siembra o el comercio.


Con el Analema también registraron las manchas solares y tormentas magnéticas más intensas. Éstas generan poderosos vientos solares que al llegar a la Tierra empujan su campo electromagnético, lo que a su vez mueve las placas tectónicas. Cuando esto pasaba, el punto donde tocaba el rayo del sol la pared del fondo se movía. Se salía del orden que llevaban los puntos anteriormente registrados, de la línea ordenada de puntos que venía registrándose día tras día. Se ha comprobado que cada 11 años en los picos de actividad de las manchas solares, aumentan los terremotos y las erupciones volcánicas. Las variaciones en el Analema facilitaban la predicción de su proximidad, lo que permitía que la comunidad se preparara. De manera similar estas manchas aumentan los infartos cardíacos y los ataques epilépticos en el hombre, por lo que había que extremar los cuidados con las personas que tuvieran esas condiciones durante esos períodos. Las cámaras horizontales de observación solar en los altares también les sirvieron para determinar de manera muy precisa cuándo sucederían los eclipses e inclusive las fases de la Luna. Con esas herramientas tan sencillas pero tan sofisticadas y precisas los Mayas diseñaron sus Calendarios, los que representan su visión del Orden Sagrado inherente a la realidad en la que existimos.